domingo, 28 de diciembre de 2008

Circa, treinta años después

Cuando H. regresó a la ciudad de Circa tras treinta años, encontró que sus amigos estaban treinta años más mayores. Encontró asfaltada la vieja calle de tierra de la tienda de ultramarinos; cerrada la barbería; la comisaría, de otro color, más baja, cambiada. Cuando H. regresó a la ciudad de Circa tras treinta años vio que la hiedra que crecía sobre el muro que estaba justamente frente al colegio de las chicas seguía en su sitio, verde y marfil, creciendo, cubriéndolo todo, cubriendo el muro, los ladrillos del muro, las voces del muro que se escuchaban a través del muro, trepando por el tronco del sauce que había justo detrás del muro. Crecía verde y brillante y H. se preguntó si sería la misma hiedra de hace treinta años o si sería otra, o la hija de la otra hiedra, o la hija de la hija de la primera hiedra. H. compró una bolsa de almendras en la pequeña tienda que había frente al instituto, se sentó en un banco del parque y las comió despacio. Cuando H. regresó a la ciudad de Circa tras treinta años, descubrió que los árboles crecen más aprisa si se dejan de mirar por el espacio de treinta años que cuando te acompañan día tras día en el camino al colegio. Eran frondosos y altos esos árboles. Cuando H. regresó a la ciudad de Circa tras treinta años, descubrió que las plazas, las calles, las casas, las habitaciones, los objetos, parecían más pequeños que hacía treinta años, menos los árboles, que le decían «mira qué altos y frondosos estamos». H. acabó la bolsa de almendras, hizo con ella una pelota y la tiró en una papelera pequeña. Cuando H. regresó a la ciudad de Circa tras treinta años, compró un billete de tranvía que le llevó hasta el centro, entró en la vieja sala del cine y vio una película sobre una invasión extraterrestre que asolaba todo el planeta. Entonces en ese instante recordó que hacía treinta años se había intentando imaginar cómo sería con treinta años más y recordó que se imaginó con aspecto de hombre, con una americana de color tabaco, con el gesto serio, respetable. Se imaginó de muchas formas, pero no sentado en una butaca del cine de la ciudad de Circa recordando que hacía treinta años había intentado imaginar cómo sería con treinta años más. Y mientras, afuera, en la calle, los árboles, creciendo, hacia arriba, a lo ancho, cubriéndolo todo.

19 comentarios:

Spanique dijo...

Me quedan 15 hasta los treinta. En los quince lo que se siente es mas a lo Alberto Cortez "no soy de aquí ni soy allíiiiii", esperaré a los treinta aver si lo veo como H.

Muy bonito,

Marieta dijo...

Genial

Thalía dijo...

"Al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver."

Helter dijo...

Cuando tenía ocho años, deseaba viajar en el tiempo. Imaginé que me gustaría encontrar cuando fuera viejecita un recuerdo hecho por mí para mí misma. Hice un dibujo geométrico con un compás, lo pinté con rotuladores de colores y al dorso escribí "recuerdo de mi juventud". Volví a encontrarlo dos años después, y partiéndome de risa, lo rompí y lo tiré a la papelera.

Badil dijo...

He visto la imagen de cabecera y he dicho: ¡Hum!Qué bien traido..., es Latoya Jackson hace 30 años. Luego me he dicho : ¡Hum! No, es Michael Jackson hace 30 años... Luego me he dicho: ¡Hum! NO, no... Es Paloma San Basilio hace 30 años...
Y luego me dicho: Si sigues dándote palique tú a ti misma, hoy no se come en esta casa ¡Hum!

Anónimo dijo...

Yo me encuentro en un ciber café municipal, que no tiene café ni nada, pero sí ordenadores, y es que el mío ha cogido un virus, o algo así, y tiene que venir el médico.
Bueno, a lo que íbamos, que en estos centros hay gente que todavía ni se imagina que puede llegar a los treinta años cabe otros (cómo me gusta esa preposición que nunca se usa, así puesta) es decir, junto a otros que ni se acuerdan de sus treinta años ni de lo que deseaban entonces, qué va.
Eso sí, muy buena temperatura hace en el ciber café, bueno, es la biblioteca, pero pal caso pata.

Harry Sonfór dijo...

No señora, Badil, que la señora de la cabecera se parece a todos esos que dice pero es Barbara Steele (29 de diciembre de 1937, Birkenhead, Merseyside, Inglaterra, Reino Unido), actriz que se dio a conocer saliendo en películas de terror de Mario Bava o Roger Corman. Hizo de vampira, de mujer con cara purulenta, de mujer atacada por los monstruos y de todos esos papeles que tocan cuando te encasillan en actriz de cine de terror de serie B. Hoy es su cumpleaños. Ya no hace cine, que un día le dio un repente y dijo que estaba ya hasta el moño de tanta cosa gótica, tanta hediondez y tanta cosa purulenta y dejó el cine de terror. Así está la cosa. Y era guapa, guapirrara, pero guapa. ¡Feliz cumpleaños, Barbara Steele!

Anónimo dijo...

Treinta años después lo inanimado es siempre más pequeño, no falla, pero lo que tiene vida la vive al margen de tí (que eso de "lo que yo no veo no existe" tiene sus fallos, ya sabes)así que la vuelta a Circa suele ser como una colleja al egocentrismo supongo.
Si te sirve de consuelo (aunque un paquete de almendras siempre hace las cosas más llevaderas así que quizá no estés disgustado) yo tengo tres Circas a las que no vuelvo para seguir pensando en que soy alguien.
Abrazos.
PD Hace 30 años yo, desde luego, no pensaba estar aquí dejándote este comentario.

Anónimo dijo...

Intuyo que a usted, sr. Sonfór, le gusta la película Cinema Paradiso. ¿O me equivoco?

Anónimo dijo...

Joder qué suerte tuvo H.: ¡Treinta años después, en Circa había árboles! ¡Y no recién plantados y raquíticos, en una urbanización de endosados a las afueras, sino frondosos y añosos, y al lado de la escuela! Es de ahí de donde deduzco que Circa debe de ser un lugar imaginario.

P.S.: Hace treinta años yo tenía trece, que es mu mala edá.

Harry Sonfór dijo...

Mónica, que no sé si se equivoca, que Cinema Paradiso no la he visto. Se lo juro. Sé que va sobre un cine viejo y poco más. Tendré que verla. La veo y le digo. Ayer mismo vi «El viaje de Felicia» y al final de la peli salen unos árboles que son los mismos árboles de los que hablaba el otro día cuando escribí. Eso me dejó un poco turbado, que me dije «Carajo, el Egoyan, a esos árboles me refería». Me gusta Atom Egoyan. Solo le he visto esta peli y Exótica, y las dos me han dejado un poco pallá.

Miranda dijo...

K. Tienes una posibilidad de volver a un día x y reestructurar el ordenata, veo que usas Guindous (punto de noseque, se llama)está en las Utilidades del Sistema. Igual así se arregla.

Harry, ¿Cómo ha podido poner a la Soyaya impresenteibol?

Qué impresión!

arggggggggggg

El Ente Dilucidado dijo...

Ay coñe... Yo no he visto a doña Bárbara Steele en la cabecera. Cagüenla!

Toda una señora del fantastique, vivediós.
En La Máscara Del Demonio estaba que se salía (una peli impecable, pefecta. La única pega es que, siendo del maestro Bava, era en blanco y negro... Ya sé que suena raro decir eso, pero yo sé por qué lo digo...). Y en L'orribile secreto del Dottore Hichcock también.

Ahora, donde da tanto gusto verla que ya no se puede ni aguantar (de puro gustico, digo) es una serie B (o C, o D) inglesa de 1968 intitulada La Maldición Del Altar Rojo (The Curse of The Crimson Altar). Y eso que ni siquiera habla, y que casi no sale.

Entonces (se preguntarán voacés, alzando la ceja y moviendo la copa de coñac para apreciar al trasluz, frente a la chimenea del salón, los matices de color y sonido del licor, plop plop plop) ¿Cómo es posible que esté tan grande, tan inconmensurable doña Bárbara. Si ni habla, ni casi sale...

Pues porque, mes amis, en todas sus apariciones está pintada de verde. Literalmente. De verde.
Da un gusto verla...

A mí esto de las mozas pintadas de colores me ha gustado de siempre. Y he de reconocer que me condiciona hasta el punto de no poder ser imparcial.
Con decirles que cuando más guapa veo a Elizabeth Taylor es en esa película rara que rodó su marido (a la sazón) don Roberto Burton en 1967, basada en el Dr. Fausto de Marlowe. ¿Y todo por qué? (lo de parecerme cuando más guapa). Pues por lo mismo: Porque aparece pintada de verde. También de verde.

Esto de las parafilias es lo que tiene...
Que se aficiona uno a unas cosas...

El Ente Dilucidado dijo...

Y mireusté que los marcianos, oiga, que casi siempre son verdes también, no me hacen la misma sensación.

Vamos, que ni fu ni fa.

Yo creo que esto va a ser cosa de la tendencia sexual.
Pa' que luego digan...

david dijo...

Para mozas pintadas, vea aquí lo que hace nuestro amigo Yorki: http://www.qlio.org/Georges/01

Harry Sonfór dijo...

¿Que cómo que por qué pongo a Soraya, Miranda? porque quiero que vaya a Eurovisión. No engaña. Soraya es limpia y clara como el agua del manantial. Es una intérprete que ha sido preparada para interpretar música chiclé, con menos alma que un gato de escayola. Saldrá, cantará y lo hará bien, Correctamente. Y además, es mona.
Yo con tal de que no salga un grupo tipo «eh, somos indies y a nosotros no nos gusta Eurovisión, pero mira que cosa que estamos finalistas» o un melódico que ponga cara de sentimiento mientras canta, cualquier cosa. Soraya no engaña. Es lo que hay. Como Eurovisión. Hasta le he hecho vídeo promocional. Usted le da con el ratón a la cara de Soraya y le sale el vídeo. Hay que votarla pero yas.

Harry Sonfór dijo...

Oiga, El Ente, que a mí también me gustan las señoras pintadas de colores. Eso sí, tiene que ser de un color. O verde o azul. De un color. Si tiene muchos colores, como la que envía David ya no, que eso ya se mezcla con lo artístico y ya no lo entiendo. Tiene que ser de un color solo. O verde o azul, también rojo. Y si además tiene el pelo blanco nieve o naranja sobre azul, también o incluso más. Así esta la cosa. Vale, es una parafilia. Sí. Que sí, que lo es.

El Ente Dilucidado dijo...

Sí, sí. Un color solo.

Como las dos que he dicho... o como la moza ésa que aparecía en Goldfinger (toda de amarillo... bueh... de dorado. De gualdo, que decían nuestros mayores).

Bárbara Steele:
http://www.tumbaabierta.com/literatura/img/crimson_altar_1.jpg

De Elizabeth Taylor no he encontrado foto toda pintadica de verde. Sí unas de plareado... Pero yo juraría que aparece verde también. O verdiazulada...

El bodypaintng no. El bodypainting no me gusta. Me pasa como con la ropa interior roja (femenina, of course) que en todos los programas de la tele y en los suplementos dominicales recomiendan para despedir el año (mira qué bien traído para, de paso, aprovechar y desearles a todos ustedes un feliz 2009). No la soporto. No me parece nada sexy, ni elegante.
Coñe, es que hasta inhibe...

Harry Sonfór dijo...

Le juro, El Ente, que estuve en un tris de poner la foto que usted indica, pero me dije «no, que como este blog es el blog de las fotos en sepia, cuando la pase a sepia no se va a ver que está pintada de verde». También pensé en poner la foto que sale con un cutis muy malo, toda llena de acné salvaje, pero me dije que no.
Hoy es el cumpleaños de Carole Landis, que tiene muy buenas fotos y en todas guapaza. Murió acurrucada, vestida con una alegre falda de cuadros, de una sobredosis de secanol, con pena, pues Rex Harrison no la correspondía como ella esperaba.