Una cosa importante que hay que hacer en esta vida antes de morirse es tener en el balcón o en el jardín, cerca del dormitorio, un galán de noche o dama de noche (Cestrum nocturnum). Las demás (tener hijos, escribir libros, plantar árboles, practicar puenting, participar en orgías multitudinarias, aprender a bailar el mambo, teclear con los diez dedos con muchas pulsaciones, conseguir un torso tonificado), son secundarias. Lo importante en esta vida es tener un Cestrum nocturnum y salir al balcón o al jardín en las noches de verano y disfrutar de su aroma a piel caliente y bronceada, perfumada con jazmín, miel, musgo y vainilla. No hay cosa mejor. Claro, todo no iba a ser bueno: sus raíces son tóxicas, su tronco es tóxico, sus hojas son tóxicas, sus bayas son tóxicas y sus flores son tóxicas, como todo lo que es bueno pero bueno de verdad. El Altísimo, cuando llenó la tierra de flores (unos cuantos días después de la creación, aunque intenten demostrar lo contrario) y en particular, cuando llenó de flores toda Sudamérica, decidió que la Cestrum nocturnum estuviera dotada del aroma nocturno más profundo y delicioso de todas las flores. Así lo quiso y así fue. Y luego, al rato, se dijo «mira que huele deliciosa. Pues la voy a hacer bien tóxica. ¿Para qué? pues para hacer la puñeta». Y el Altísimo se dejó caer sobre la hierba y rió a carcajadas pataleando en el aire. No todo puede ser bueno.
jueves, 16 de septiembre de 2010
Del galán de noche
martes, 6 de julio de 2010
Sobre la amistad entre Kubrick y Spielberg
Durante el final del montaje de El resplandor el equipo de En busca del arca perdida se traslado a Elstree. El fuego del Colorado Lounge se había convertido en una ventaja para Lucas y Spielberg, que aprovecharon el tejado deteriorado para subir la altura del techo, lo que les dio el espacio extra para crear el Pozo de las Almas con sus dos estatuas gigantescas de Anubis con cabeza de chacal. Los vestuarios se llenaron de grandes bañeras en las que rebullían miles de serpientes. Se había construido un falso suelo a dos metros del suelo del estudio de sonido y se había llenado de arena y de serpientes, algunas de goma pero muchas auténticas, aunque no venenosas. Cuando Harrison Ford y Karen Allen tratan de repeler a cobras y pitones (que estaban a otro lado de un escudo de cristal), sus pies arrojaban serpientes abajo por las grietas del piso.
Vivian [la hija de Kubrick], una amante de los animales, quedó convencida de que se estaba maltratando a las serpientes. Stainforth no estaba tan seguro, pero dice: «Había por allí algunas serpientes muertas; eso sin duda.» Sin preocuparle que Spielberg estuviera rodando, Vivian se subió a la plataforma de la cámara y le pidió que pensara un poco en el bienestar de los reptiles. Spielberg le aseguró que no había ningún problema y que, si lo hubiera, tenía demasiadas cosas que hacer para ocuparse de ello. Pero no iban a desanimar tan fácilmente a un Kubrick, y Vivian llamó a la sociedad protectora de animales muy llorosa. Se suspendió la producción del Arca y cuando ésta dio comienzo, un día después, el plató estaba cubierto de cubos de basura de plástico en cada cual había tres o cuatro serpientes cómodamente instaladas en nidos de lechuga. Kubrick vino a verlas desde Childwick Bury. «Cuando hay un escándalo así —recuerda Stainforth—, Stanley disfruta. Estaba eufórico. Naturalmente se puso de parte de Vivian y hubo una ruptura definitiva entre Spielberg y Kubrick. Y recuerdo a Stanley muriéndose de risa con su puro y diciendo con una sonrisilla: "Steve es un cretino"».
John Baxter, Kubrick, biografía, T&B Editores, Madrid, 2009, pp. 302-303.
jueves, 27 de mayo de 2010
Surtidos
El dueño del blog Solanar y lucernario acaba de tener una camada de gatos surtidos. Los fotografió y quedan ahí para la posteridad, posando de lo más natural, que parece una de esas fotos que hacían los exploradores australianos que iban descubriendo al viejo mundo los misterios del continente más misterioso. Así, vista la foto, yo creo que va a mandar el negrote. Miren qué cara pone, que acaba de abrir los ojos y ya parece que lo sabe todo.
Ayer celebrábamos el cumpleaños de Peter Cushing, pero es que hoy celebramos el cumpleaños de Vincent Price y de Christopher Lee ¡Esto es un no parar hammerístico!
viernes, 14 de mayo de 2010
Mano de santo

La guitarra parecía un camello. Era mi moto. Hacía ruido. La recuerdo muy bien. Estaba muy orgulloso de mi moto. En nuestro patio había una moto, la de Maks. Era una de las dos motos de la ciudad de Rakvere. La otra era la mía.
Llevo una temporada quitándome muelas. Me explico, no me quito muelas como Jeff Goldblum delante del espejo en La Mosca; voy a un dentista y él se encarga de sacármelas. El jueves que viene me sacan la sexta y última pieza. Me gustaría decir que lo celebraré, pero es posible que en el piscolabis no coma pistachos, maíz frito o almendras garrapiñadas y un piscolabis sin pistachos, maíz frito y almendras garrapiñadas no es lo mismo. En unas semanas me he convertido en un experto sobre el mundo de la extracción de muelas. La gente que conserva todas las muelas suele temer lo que no duele: está bien presente el miedo al fórceps que extrae la muela, cuando lo que más miedo debería dar es el botador. Un día les hablo botadores, esa especie de escoplos del demonio que el dentista gira sobre la pieza dental mientras en el interior de tu mandíbula oyes el cricro-crico-crocro-crico. Bueno, a lo que iba. Que cada vez que me extraen una muela vuelvo a casa infinitamente triste, mareado y dolorido (ya sabrán que soy, además de todo lo demás, de natural aprensivo y quejicoso). Así que llego a casa y me pongo un rato un dvd que me regalaron hace unas semanas, Arvo Pärt, 24 preludes for a fugue, dirigido por Dorian Supin y, oigan, que se me pasan casi todos los males. Veo al señor Pärt ahí contando recuerdos de infancia; recortando trocitos de pentagrama y pegándolos sobre partituras; pidiendo a una señora de un mercadillo si le puede coser un botón que se le va a caer, oigan, lo veo ahí haciendo todas esas cosas, moviendo las manos de esa manera tan preciosamente precisa, y se me cura todo. Claro, al rato se me pasa la anestesia y me tengo que tomar el ibuprofeno, pero esa pena infinita posterior a la extracción ya me la he quitado de encima. Mano de santo. Odontólogos del mundo entero: regalen dvds de Pärt a sus pacientes.
El texto de arriba, claro, es uno de los recuerdos de infancia que Pärt cuenta a la cámara, y oigan, si lo componemos en versos, miren qué bonito queda:
La guitarra parecía un camello.
Era mi moto. Hacía ruido.
La recuerdo muy bien.
Estaba muy orgulloso de mi moto.
En nuestro patio había una moto,
la de Maks.
Era una de las dos motos
de la ciudad de Rakvere.
La otra era la mía.
martes, 11 de mayo de 2010
Richard Feynman sin tocar bongós
El 11 de mayo del año pasado, hace justo un año, con motivo del cumpleaños de Richard Feynman, pusimos en este blog, su blog de confianza, una foto de Richard Feynman tocando un bongó, en buena parte porque el 11 de mayo del año anterior habíamos puesto una foto de Richard Feynman tocando dos bongós. Hoy, once de mayo, día de celebración del 92 cumpleaños de Richard Feynman, toca pues poner una foto de Richard Feynman tocando ningún bongó, o sin tocar bongós. Sea pues: un Richard Feynman en la playa, sin bongó alguno.
lunes, 10 de mayo de 2010
Joan Crawford, salvajota
Hoy se cumplen 33 años de la desaparición de Lucille Fay Le Sueur, más conocida como Joan Crawford (San Antonio, Texas, 23 de marzo de 1904 - Nueva York, 10 de mayo de 1977), y por esa razón aparece en la cabecera de este blog y justo aquí encima, bien guapa, con un cuchillo entre los dientes. Ayer mismo me vi la película Strait-Jacket (1964) de William Castle, con guión de Robert Bloch (y cómo se nota que Bloch está ahí, para lo bueno y para lo malo). Para los que no la conozcan, Strait-Jacket es una secuela bizarrona y más que divertida de la Psicosis de Hitchcock. En todo caso, si el final no nos llega a convencer, siempre nos quedará el gustirrinín de ver a la Crawford matando a hachazos a su marido y a la amante, chac, chac, chac, tan decidida, sobre la cama de matrimonio. En este falso trailer verán una selección de las imágenes más divertidas de la peli, incluido el chiste del final, en el cual veremos la figura de la Columbia con la cabeza cortada y colocada sobre sus pies (haw-haw-haw). Y aquí unas cuentas pruebas de vestuario y maquillaje de la Crawford para la película. ¿Qué más quieren, quieren más? ¿Que no les ha parecido una entrada completa? pues oigan, no sé qué quieren.
domingo, 9 de mayo de 2010
Scarymouses
En la década de los años cuarenta del siglo pasado, una pareja de niños disfrazados de Minnie y Mickey Mouse se retratan en un estudio fotográfico profesional de Ohio durante la celebración de la fiesta de Halloween. Ni los padres, ni los niños, ni el fotógrafo, eran conscientes de que esta imagen, de puro bizarra y sórdida, se iba a grabar en nuestras retinas hasta el final de los días. Puestos a buscar unos buenos guardianes de las puertas del infierno, la pareja de ratones tristes lo haría de maravilla. Ahora, a ver cómo dormimos.
sábado, 8 de mayo de 2010
Y el cuervo dijo: «trae a ver cómo está ese pan»
Hoy celebramos el cumpleaños de la librera con las pestañas más largas y no se nos ha ocurrido mejor cosa que ponerle esta bonita foto de Marion Gaynor, hija del alcalde de Nueva York William J. Gaynor, dándole de comer a un cuervo muy salao en el año 1910.
Fotografía de la colección de George Grantham Bain, encontrada en Shorpy, (que no tienen imagen mala), que demuestra que la fotografía con efecto Tilt-Shift no es algo tan moderno como algunos pretenden hacernos creer. Si es que está todo inventado.
jueves, 6 de mayo de 2010
Los amigos
Muchas veces he advertido que tendemos a atribuir a nuestros amigos una estabilidad similar a la que adquieren en la mente del lector los personajes literarios. Aunque abramos El rey Lear montones de veces, nunca encontraremos al pobre soberano apurando hasta la última gota de su jarra de cerveza la mar de contento, olvidados todos los pesares, en una alegre reunión con sus tres hijas y sus perros falderos. Nunca revivirá Emma, reanimada en el momento oportuno por las sales simpáticas contenidas en las lágrimas que Flaubert pone en los ojos de su padre. Sea cual fuere la evolución que este o aquel personaje popular ha experimentado entre las tapas de un libro, su destino está fijado en nuestra mente, y, de manera similar, esperamos que nuestros amigos se ajusten a tal o cual molde convencional que hemos acuñado para ellos. Así X nunca compondrá la música inmortal que no armonizaría con las sinfonías de segundo orden a que nos ha habituado. Por su parte, Y jamás cometerá un asesinato. En ninguna circunstancia nos traicionará Z. Lo hemos dispuesto todo en nuestra mente, y cuanto menos vemos a una persona determinada, es tanto más satisfactorio comprobar la fidelidad con que se ajusta a la idea que nos hemos hecho de ella cada vez que nos llegan noticias suyas. Cualquier desviación del destino que hemos ordenado nos impresionaría, no sólo por anómala, sino también por su falta de ética. Preferiríamos no haber conocido a nuestro vecino, el vendedor jubilado de perritos calientes, si un buen día publica el libro de poesía más importante de su tiempo.
Vladimir Nabokov, Lolita (1955)
El otro día en La Noria de Tele 5, Pilar Rahola puso de vuelta y media la novela Lolita. Me gustaría recordar las palabras que utilizó, pero no las recuerdo porque en ese momento me puse a botar en el sofá como un poseso. Parecía, eso sí, que, si por ella fuera, Lolita debería dejar de venderse en las librerías. Mucho espanto le daba. Que le parecerá una novela guarra y depravada. Pues bien. La vida se nos presenta guarra y depravada más de una vez. Digo yo que igual no llegó a la página 347 (de esta edición), que leyendo este texto de arriba uno se reconcilia con Nabokov, con la literatura y con el sursumcorda si es menester.
Hoy celebramos el cumpleaños de mi señora, Sigmund Freud, Orson Welles y George Clooney, por ese orden.
miércoles, 24 de febrero de 2010
Lophorina superba
Es mi pájaro favorito. No hay otro igual. Eso es un chulazo currándoselo para ligar y no lo que se ve los sábados por la noche en los discobares.
Aquí un vídeo del cortejo. Por cierto, al final no esperen una escena romántica, que la chica le dice no y cuando una hembra de Lophorina superba dice no, es que no. No es un ahora no pero me lo pensaré o un te digo no pero es que sí. Si dice que no es que no.
Aquí, una pareja de humanos representando el cortejo del Lophorina superba, no exentos de cierta gracia natural.
viernes, 19 de febrero de 2010
¡Charlize!
Me dirán que estoy más pasado que un disco de La Pequeña Compañía, pero tengo que confesarles que hoy he visto Monster, de Patty Jenkins (2003), que no la había visto antes. Que uno ha sido siempre muy de Charlize Theron, que siempre he dicho que Charlize Theron mola, pero que no la había visto en esta película. Cómo me ha gustado Charlize Theron. Madre mía si me ha gustado Charlize Theron. Que ahora me la encuentro de pronto en persona y lo primero que me sale es ponerme a temblar, luego temblar y acabar temblando. Madre mía, cómo se movía y cómo miraba Charlize Theron interpretando a Aileen Wuornos. Qué bonica está cuando se sube a la noria.
Qué qué hago viendo Monster, pues que la han puesto en el Imagenio, en la sección Ciclos, Oscars. Ahí está. No todo va a ser Tarkovski. ¿Que les he dicho lo mucho que me ha gustado Charlize Theron?
lunes, 15 de febrero de 2010
Garbanzo is back
¿Qué os parece? Si tuviese algún hombre cien ovejas, y se descarriase una de ellas, ¿no iría por los montes, dejadas las noventa y nueve, a buscar la que se había descarriado?
(Mateo 18,12)
Que alegría. Tenía una oveja perdida, descarriada. Bueno, tampoco es eso, que no estaba ni perdida ni descarriada, pero que hacía mucho que no dejaba comentarios. Servidor, mientras, andaba preocupado lamentándose por las esquinas, ay, ay, ¿qué habrá sido de esta seguidora, que no comenta ni nada? Pues bien, anoche me la encontré, me dijo que volvería y, eso, ha vuelto. Garbanzo ha vuelto. Y es motivo de mucha alegría, que además me ha enviado un vídeo de un grupo de escépticos que se toman cuarenta pastillas de somníferos homeopáticos y no les pasa nada, como era de esperar. Ni modorra, ni nada. Garbanzo is back. Cuando la conocí, hace cosa de..., bueno, cuando éramos menores, llevaba el pelo cortado a lo chico y ahora lleva melenica. Pero está igual la puñetera. No sé qué hace.
Para celebrarlo, ponemos esta foto de Charles Hard Townes (izquierda), el máser (grandote, en el centro) y James P. Gordon (derecha) en 1953-54. Herbert J. Zeiger no estaba ese día y se perdió lo de salir en la foto. Se les ve bien contentos y bien orgullosos. Sin ellos, Darth Vader y Luke Skywalker se hubieran tenido que pelear a collejas y capones. Y no, no queda igual.
Tras mirar la foto, sé que me van a preguntar «¿Y ese señor del fondo a la derecha que parece un Mickey Mouse oriental quién es?». Pues no les puedo decir. Bastante hago diciéndoles que Charles Hard Townes es el de la izquierda y James P. Gordon el de la derecha como para identificarles al señor del fondo.
lunes, 8 de febrero de 2010
Dentro de una vaca
Hace años, durante la época de parición, estuve en un rancho ganadero ayudando a los vaqueros. Cuando encontrábamos una vaca con problemas, alguien tenía que tocar su vagina y comprobar su estado. «Tú eres mujer», me decían invariablemente, «hazlo tú», como si yo debiera conocer, por el tacto, el paisaje interno de cualquier otra hembra, aun cuando su especie estuviera emparentada de muy lejos con la mía y sus órganos fueran horizontales. «Busca las dos piedras grandes, pasando la elevación...», me orientó un vaquero hispano en una ocasión. Con el brazo hasta el hombro dentro de una vaca, se siente su pesado interior caliente y apretado, pero nunca olvidaré mi asombro feliz la primera vez que retiré la mano lentamente y sentí los músculos de la vaca contraerse y soltarse uno tras otro, como una hilera de personas dándome la mano en una recepción.
Diane Ackerman, Una historia natural de los sentidos, Anagrama, Barcelona, 2009.
lunes, 1 de febrero de 2010
Precontratos
Aquel día, Bergman no paraba de dar vueltas con la cabeza mirando hacia el suelo, y repetía una y otra vez «Te daré un día de mi vida si me concedes que haga el tiempo que yo quiera... ¡ahora!». Nunca más hizo ese tipo de promesas, se estaba haciendo viejo. Sin embargo, a menudo recibía ese tipo de «ayudas».
Anécdota sobre Bergman que narra la productora de Sacrificio de A. Tarkovski (1986) en el diario de rodaje de Lars-Olof Löthwall. Cameo Media, 2006.
miércoles, 20 de enero de 2010
Alces fluorescentes
Se entera de esto Lars Von Triers y cambia el zorrete parlanchín por un alce. Además, queda mucho más satánico.
Ciertas sustancias naturales resultan fluorescentes bajo la luz ultravioleta, como la orina, la quinina y la piel de alce. Los prisioneros sabían explotar esta propiedad de la orina, pues la utilizaban como tinta invisible. El agua tónica, que contiene quinina, también puede hacerse fluorescente ¿Y qué le pasa a la piel de alce? En Canadá, Estados Unidos
y Suecia, se producen anualmente muchos accidentes entre coches y alces, y algunas de estas colisiones acaban con víctimas mortales. Por ello, varios fabricantes de coches están considerando la posibilidad de equipar sus coches con faros que emitan luz ultravioleta para reducir los accidentes con los alces.
Joe Schwarcz, ¿De qué se alimentan los zombis? Robinbook, Barcelona, 2009.
martes, 29 de septiembre de 2009
Otro Perrete
Y ya metidos en harina, como diría Cora Smith en El cartero siempre llama dos veces, vamos a poner otra foto con un perrete. Esta foto me gusta mucho. Miren qué cara de foto pone el perrete. Qué bien posa. Parece una actriz de Hollywood de los años treinta. La foto me gusta mucho, también, porque bien podría llamarse Perro con busto. Miren en la parte superior de la foto. Hay un busto. Es, posiblemente, el busto de una señora que lleva un bonito vestido de cuadro vichy, no sabemos si azul, verde, naranja o rosa, pero confeccionado con tela de cuadro vichy. Toda la foto es un plano de perro, a la altura de un perro, y por eso la señora queda en segundo plano, guillotinada, como en los dibujos animados de animales en los que de los humanos solo se ven las piernas, el talle y, como mucho, el busto. No es necesario más para un perro, que disfrutan de un catálogo mental de piernas mucho más completo que el que tenemos los humanos. Le preguntaría a Cano qué reflexión haría de esta foto Antonio Muñoz Molina (ese hombre que hace un tiempo era un señor con bigote y desde que se ha dejado barba se ha convertido en un lobisome), pero Cano ya escribió hace un tiempo que no sabe la manera de dejar un comentario en este blog. Voy a lanzarle un órdago* a ver. A ver si comenta.
*Órdago viene del euskara, de or dago, «ahí está». Recuérdenlo y así cuando vayan a un bar vasco y lean «Salda dago» sabrán que algo «está» o algo «hay». Memoricen después el término purrusalda, le quitan el purru (puerro) y se queda el salda, esto es «caldo o salsa». Ya lo tienen: salda dago: «Hay caldo». Salda dago. No me digan que no suena bien.
lunes, 14 de septiembre de 2009
Hit-Parades
Los cuatro temas más cantados en casa Sonfór de la semana:
La Karencica y el Richar
El Manolo
Bigott
y otra más
Qué le voy a hacer si nací melódico.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
¡Venga purines!
[...] Cuando yo llegué a esta casa hace veintisiete años, este río estaba tan lleno de salmones y truchas que contratamos a un vigilante para que no se los llevaran los domingueros. Pero vinieron los ecologistas y dijeron a los agricultores: «No pongáis nitratos en vuestros huertos porque son perjudiciales para las personas». Entonces, los agricultores decidieron sustituir los nitratos por estiércol y cuando cubrieron los campos de estiércol y purines la lluvia los arrastró al río y mató a los peces. Hoy, el río prácticamente no tiene vida. El problema con las ideas de los verdes es que son bienintencionados, pero nunca piensan en las consecuencias.
James Lovelock, especialista en química atmosférica y uno de los padres de la teoría Gaia en el libro de entrevistas Cara a cara con la vida, la mente y el universo de Eduard Punset. Destino, Barcelona, 2006.
sábado, 5 de septiembre de 2009
Mi sepelio
Ya he decidido mi entierro, y lo quiero como el de las fotos. Quiero un entierro con muchas carrozas victorianas tiradas por muchos caballos, bandas de música tocando piezas fúnebres tristísimas y muchos elefantes. En realidad no sé por qué quiero muchos elefantes pero siempre me han parecido unos animales muy fúnebres cuando se ven sometidos por los humanos. Quiero un entierro con muchos elefantes. Si uno de ellos se desmanda, se salta el protocolo de proboscídico amaestrado, sale del desfile, asusta a unos cuantos viandantes y rompe el escaparate de alguna tienda al paso de la comitiva, mejor que mejor. Más espectáculo. No quiero muertos, ojo, solo un pequeño susto con un elefante desbocado. No quiero muertos que desvíen la atención, que para muerto ya estaré yo. Mi último deseo es el de un entierro íntimo lleno de mucha gente desconocida. Y elefantes. Marcharán los elefantes a paso lento, pesado, pero con la delicadeza y elegancia que tienen los elefantes cuando pisan. En mitad de las piezas fúnebres interpretadas por la orquesta los elefantes barritarán tristemente y eso producirá una profunda congoja en todo el que lo mire. No deseo un entierro de esos en los que los amigos del difunto abren botellas y se emborrachan con retenida alegría. Quiero un entierro bien triste, en el que los amigos se queden con mal cuerpo y que ese mal cuerpo les dure, al menos, una semana. Y si les dura más, mejor. Y muchos elefantes barritando. Y perros vagabundos corriendo y ladrando detrás de los elefantes. Y un caballo que se desboca y relincha porque un perro le acaba de morder las cernejas. Y que sea una tarde bien gris y plomiza. Así sería un entierro bonito. Luego, a mitad del desfile, que se abran las nubes y llueva, sin parar, que llueva más que en el entierro de Zafra y parte de la comitiva se cubra las cabezas con los bolsos, con periódicos, con bolsas de plástico, con lo que tengan a mano, y murmuren entre ellos. Quiero un entierro humilde, sencillo, pero espectacular. Al final, con el tiempo, a los muertos se les recuerda más por sus entierros que por sus actos. Así que quiero un entierro bonito. Será un entierro íntimo, con restricciones. No podrán formar parte de él ni cofrades de semana santa ni creacionistas. A todo el que sea una u otra cosa, lo oculte y se cuele en el entierro, los ojos se les encenderán en llamas y quedarán ciegos hasta el fin de sus días (para algo tendrá que servir morirse, alguna cosa buena debe de tener, y tampoco pido mucho, un poco de piroquinesis aplicada de andar por casa). Y muchos elefantes, y carrozas y caballos a paso marcial. Quiero un entierro, triste, fúnebre, nada de esos actos asépticos que preparan en las capillas de los cementerios modernos, que parece que el muerto no se ha ido para siempre sino que se ausenta por unos días o que está en la sala de cuidados intensivos a ver si mejora. Deseo un entierro bien triste, dramático. Con muchos elefantes barritando, caballos resoplando, perros que aúllan y ladran y gente apenada. Cuando el féretro se encuentre cerca de la capilla, los que me quieren se verán obligados a discutir con algún familiar que desee darme un entierro cristiano (ay, esa familia tan tradicional cuando es menester, más preocupada por lo que les conviene que por los deseos del finado). Así que les tocará reñir, oponerse, forcejear para que mi cuerpo no pase, no cruce, no roce el umbral de la iglesia. De tanto forcejeo, es posible que el féretro caiga de la carroza, choque contra el suelo embarrado y mi cuerpo salga descoyuntado como un fardo blando, salpicando a los de la primera fila. Será una escena desagradable para los presentes, pero dará una nota de color. Y entonces arreciará la lluvia y los elefantes barritarán, los caballos relincharán y los perros ladrarán como locos. Alguien dirá que aquello es una escena dantesca, pero no le hagan caso, en toda la Comedia no encontrarán una escena así; es una escena fúnebre. Y, al día siguiente, les ruego que no hagan caso de las letras que escriban los que no hablaron de servidor en vida, pues serán o letras vacías o letras falsamente sentidas. Pobres de los que se alimentan de los sepelios pues les espera el infierno de los tibios. Para la comitiva, he pensado también en poner un bonito grupo de majorettes, pero no sé si colocarlo al principio o al final del desfile. Igual pongo dos, uno al principio y otro al final. Serán majorettes tristes, vestidas de negro, que harán twirling muy despacio, pero serán majorettes a fin de cuentas, que siempre dan un punto alegre. En todo caso, espero que me quede mucho tiempo para decidirlo. Y por favor, a todos los que presencien el entierro, digan a mis allegados que en vida fui bueno, miéntanles si fuera necesario. Que se sientan orgullosos, felices de haberme conocido. Díganles que me querían. Eso les quedará. Poco cuesta.
viernes, 4 de septiembre de 2009
Unos cuantos peces de cuidado
Ciertamente dicen que el salmonete cohíbe la tempestad de las pasiones, pero vuelve ciegos instantáneamente a los que comen sus ojos.
Y el que se llama timalo por la flor; porque así llega a oler el que a menudo los come, causa que éste pueda oler los peces en los ríos.
Dicen que por ley de naturaleza ninguna de las morenas es de sexo femenino, pero se aparean y se renuevan, y multiplican sus crías con semilla ajena, pues muy a menudo ciertas serpientes se reúnen en las costas en las que viven y, amables, producen sonidos y silbidos, y de costumbre se aparean con las morenas que a tal llamada acuden.
Es también cosa digna de admiración que un erizo de mar, que no mide más de medio pie, pueda dejar como encallada en tierra firme cualquier nave a la que dé en pegarse y no le permita moverse hasta que se suelta, y por ello tal poder es terrible.
Y el que llaman espada porque hiere con agudo espolón, éste temen mucho que en medio del mar se llegue a una nave, pues si se enoja al punto la perfora y partida la hunde en súbito remolino. Hácese también temible por la cresta de su lomo, que es como sierra para las quillas: con ellas las ataca nadando por debajo del barco, y cortándolas da paso a las olas. Así que es temible por su cresta como por su espada.
Y el dragón marino, que según dicen tiene bajo sus plumas veneno, es temible para los que lo capturan, y cuantas veces pincha, al herir suelta veneno.
Se dice que el torpedo tiene otras armas de destrucción: pues al que toca uno de estos peces todavía vivo, los brazos y las piernas se le entumecen y todos los demás miembros como muertos dejan de hacer su oficio. Así de dañosa suele ser el aura de su cuerpo.
Con estos y otros peces enriqueció Dios el mar, y entre sus olas entremetió muchas tierras que habitan los hombres por su fertilidad.
Geoffrey de Monmouth, Vida de Merlín, Siruela, Madrid, 1986.

