La Barnes Brass Band
En el parque Farnworth
Ha terminado su concierto.
Todo un éxito.
Ellos miran quietos
Pero aún no saben
Que el gran cello les acecha.
Está ahí
Justo encima de la orquesta.
El gran cello les dice «esperad»
Y ellos esperan quietos.
El jardinero inconsciente
Señaló a dos de ellos
«Éste y éste».
El gran cello se frotaría las manos
Si tuviera manos.
En la foto: La Barnes Brass Band en el parque Farnworth, 1899.
miércoles, 7 de mayo de 2008
La Barnes Brass Band en el parque Farnworth (2ª versión)
La Barnes Brass Band en el parque Farnworth

En la foto: La Barnes Brass Band en el parque Farnworth, 1899.
También, bajo los pies de la orquesta, hay un trabajo de jardinería que, por la exposición y por el sepia, nos resulta siniestro. También ha una marca de cinta adhesiva en el centro de la foto. También, al hombre primero de la primera fila comenzando por el fondo a la izquierda parece que le ha atacado el mal fotográfico del El exorcista. 109 años mirándonos quietos.
lunes, 5 de mayo de 2008
La pituitaria
...estaba sentado en una sala de baños y había otro tipo y una chica en la sala. Él dice a la chica: «Estoy aprendiendo a dar masajes y me pregunto si podría practicar contigo». Ella dice que bien, de modo que se sube a una mesa y él empieza con su pie, trabajando en su dedo gordo y presionándolo. Entonces se vuelve a la que aparentemente es su instructora y dice «Siento una especie de hendidura ¿Es la pituitaria?». Y ella responde «No, no es así como yo la siento». Yo digo: «Estás a mil kilómetros de la pituitaria, hombre». Y ambos me miran —Yo me había descubierto, ya ven— y ella concluye: «Es reflexología». De modo que cerré los ojos y aparenté estar meditando.
Richard P. Feynman, del Discurso de la ceremonia de graduación en Caltech (1974).
domingo, 4 de mayo de 2008
El pájaro Chitví-Chitví
Habita en lo profundo de la selva un pequeño pajarito blanquiazul con cabeza roja al que los nativos conocen por Chitví-Chitví y también como Xamaloé-Chitví, que en su lengua significa «el pájaro que repite mejorando» y que tiene la maravillosa particularidad de repetir todo lo que escucha, pero añadiendo mejoras. Dicen que el poeta João Geraldo Bicudo de Souza, durante la expedición Juruá, gritó en medio de la selva el inicio de los que más tarde se hicieran sus más célebres versos:
De la tarda mano a tu boca
y de tu boca a la arboleda
dos caminos cruzados me llevan...
y a los pocos segundos recibió la respuesta del pájaro Chitví-Chitví:
De la tarda mano a tu boca
y de tu boca a la arboleda
dos caminos cruzados me llevan,
el uno, llano y profundo
el otro, de limo y piedra.
Es por ello que dedicara su libro Paisajes y arterias al pajarito:
A mi esposa Mauricinha,
a mis amigos Batista y Lourenço y a Xamaloé-Chitví,
que soportaron con cariño y paciencia mi mal humor
mis angustias, mis manías y mis desvelos
durante la realización de este poemario.
(J. G. Bicudo de Souza, Paisajes y arterias, edición de 1954, São Paulo)
Del pájaro Chitví-Chitví también se cuenta que cuando las mujeres del lugar le gritan una receta de cocina él suele repetirla al pie de la letra, añadiéndole a los ingredientes ora una cucharadita de pimentón, ora unas vainas de cardamomo, ora unos granos de pimienta de Jamaica, mejorando así los guisos y, con ello, la gastronomía de la zona.
El pájaro Chitví-Chitví es un ave asustadiza. Los nativos, para cazarlo, atan en lo alto de los árboles una trampa construida con cañas y liza y en su interior colocan un cuenco lleno de cerveza, pues parece que el sabor amargo atrae al animal. En cautividad, el pájaro Chitví-Chitví vive una media de cuatro años y su rendimiento como ave respondona es muy inferior a cuando vive en su estado salvaje.
viernes, 2 de mayo de 2008
Un «Yo acuso» posmoderno

El 13 de enero de 1898, el escritor Émile Zola publicó en el diario francés L'Aurore su célebre «Yo acuso, carta al presidente de la República». En el artículo, Zola, acusa al teniente coronel Paty de Clam como responsable del error judicial contra Dreyfus y al general Mercier por haberse hecho cómplice; al general Billot de haber tenido en sus manos las pruebas de la inocencia de Dreyfus y no haberlas utilizado; al general Boisdeffre y al general Gonse por haberse hecho cómplices del mismo crimen; al general Pellieux y al comandante Ravary por realizar una información infamante; a los señores Belhomme, Varinard y Couard, peritos calígrafos, por sus informes engañadores y fraudulentos; a las oficinas de Guerra por haber hecho en la prensa, particularmente en dos diarios, una campaña abominable para cubrir su falta y al primer y segundo Consejo de Guerra contra el capitán Alfred Dreyfus (de origen judío-alsaciano), condenado a cumplir cadena perpetua en la isla del Diablo (Guayana francesa) por alta traición.
En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es más que un medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y de la justicia. Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los Tribunales y que me juzguen públicamente. Así lo espero. (últimas líneas del «Yo acuso», el texto completo aquí).
Ahí es nada. Zola fue condenado por difamación a un año de cárcel y a una multa de 7.500 francos, que pagó Octave Mirbeau, escritor dreyfusista, anticlericalista y antimilitarista. El mismo día de la publicación, la policía detiene al teniente coronel Picquart. En 1906 Alfred Dreyfus fue exonerado y reintegrado en el ejército con todos los honores.
La revelación del escándalo en Yo acuso (J'accuse), un artículo de Émile Zola en 1898, provocó una sucesión de crisis políticas y sociales inéditas en Francia que en el momento de su apogeo en 1899, revelaron las fracturas profundas que subyacían en la Tercera República Francesa. Dividió profunda y duraderamente a los franceses en dos campos opuestos, los dreyfusards (partidarios de Dreyfus) y los antidreyfusards (opositores a Dreyfus). Reveló también la existencia en la sociedad francesa de un núcleo de violento nacionalismo y antisemitismo difundido por una prensa sumamente influyente. El caso se convirtió en símbolo moderno y universal de la iniquidad en nombre de la razón de Estado. (Wikipedia).
Abril del año 2008, la periodista del corazón Chelo García Cortés publica su libro Yo acuso, obra en la que, según pone en la contraportada, acusa:
...a los que vivimos de contar lo que pasa porque, a veces, nos pasamos. Yo acuso de que nos dejamos llevar por la fuerza de un titular sin colocarnos en la piel de quien es objeto de nuestras informaciones u opiniones. Yo acuso a quienes sentados en el sofá del salón piden más sangre. Yo acuso a quienes maltratan y se defienden en un plató cobrando por mentir. Yo acuso a quienes les pagan. Yo acuso a quienes les entrevistamos, por no abandonar ese plató. Yo acuso a quienes se inventan que han sido maltratadas, difuminando el terrible dolor de cuantas otras sufren de verdad semejante situación. Yo acuso de que cobren por inventarse algo así. Yo acuso de que les paguen por ello. Yo me acuso por no rebelarme cada vez que algo así ocurre y por no hacer huelga de preguntas.
Ahora, díganme si no nos estamos volviendo tontos todos. Pero tontos tontos.
jueves, 1 de mayo de 2008
Amor de padres
Cuando F. nació, guardamos el cordón umbilical en un pañuelo de hilo con puntillas e iniciales bordadas que, delicadamente, tejió mi abuela, entre otras cosas, para mi ajuar de bodas. También guardamos su primera pelusa, que el doctor nos recomendó cortar para que al niño le creciera el pelo fuerte y sano (y tanto que le creció, que las mujeres me paraban por la calle muertas de envidia al ver al niño con esos rizos tan lindos y tan rubios, que me decían que parecía francés). También todos sus primeros dientes de leche, que le cambiábamos por unas monedas entremetidas bajo la almohada. Los recortes de sus uñitas, de las manos y de los pies. Sus primeras gafas, enmendadas en el puente con esparadrapo. Guardamos también toda su ropa de bebé, el traje de la primera comunión con sus zapatos y sus primeros pantalones largos. Sus cuadernos y lápices, mechones de pelo que M. hurtaba y metía en el bolsillo de la bata cuando el niño se dejaba cortar el pelo. Sus libros, apuntes y las cartas de sus primeros amigos. Una bolsa de deporte, dos cajas de cartón y varios álbumes llenos de fotos. Todos los juguetes que le compramos y los que le regalaron. Su primer chupete, su primer biberón y el sacaleches. Un gorrito precioso de perlé con bordados de patos (una mamá pata con capota y tres patitos corriendo tras ella) que le hizo la tía abuela y que sólo llevó un par de veces porque le quedaba pequeño y le hacía unas feas marcas en la frente. Sus calcetines, sus pijamas, su carnet de la biblioteca y su cartilla infantil de la caja de ahorros. La escayola llena de firmas de compañeros que llevó durante cuarenta días en el brazo derecho cuando se lo fracturó por tres sitios en unos campamentos en Elche. El parche que llevó en el ojo izquierdo a los cuatro años para corregir el estrabismo y el cartoncito de su primer análisis de sangre. El carnet de la piscina, sus gafas, aletas y el tubo de buceo y dos latas de cerveza llenas de bolígrafos y rotuladores. La cadenita con la cruz, el anillito, el misal y el reloj de la primera comunión y la chapa de oro con su nombre, apellidos y grupo sanguíneo. F. se fue de casa hace dos años y aquí, para no sentirnos solos, hemos modelado con barro y venda de escayola su cuerpecito tal y como era de niño. R. se entretuvo vistiéndolo y cosiendo y peinando cada uno de los mechones de pelo sobre la cabeza con primoroso cuidado; yo le coloqué, uno por uno, cada uno de los dientecitos, cuando el barro aún estaba húmedo. Y sus gafitas, que parece que nos mira a través de ellas. Así, vestido, sentado frente a la mesa del comedor, con las manos posadas sobre sus rodillas, nos hace sentir que aún está con nosotros. Todos los días le ponemos el plato, la servilleta con su servilletero, los cubiertos y el vaso de agua y le servimos la comida como a los demás. Todos los días, M. peina sus cabellos con agua de colonia. Ayer, durante la cena, dijo en bajo que no quería las coles de bruselas. Nunca le gustaron las coles de bruselas. En bajito, lo dijo muy bajito. S. dice que son imaginaciones mías. Yo lo oí (no son imaginaciones mías). Esta mañana me levanté temprano para sacarlo de la cama y vi que se le había caído su primer diente de leche. Se lo he cambiado por una moneda que he colocado bajo su almohada.
miércoles, 30 de abril de 2008
El perrito Pooky (segunda parte)

¡Ya disponemos de documento gráfico enviado por Badil para ilustrar el artículo sobre el perrito Pooky!
lunes, 28 de abril de 2008
Otra perla del Pacífico de Le Bon
El deseo de darles la misma educación y, como consecuencia, de proponer para ellas los mismos objetivos, es una peligrosa quimera... El día en que, sin comprender las ocupaciones inferiores que la naturaleza les ha asignado, las mujeres abandonen el hogar y tomen parte en nuestras batallas; ese día se pondrá en marcha una revolución social y todo lo que sustenta los sagrados lazos de la familia desaparecerá.
Texto citado en el ensayo «El cerebro de las mujeres», de Stephen Jay Gould (El pulgar del panda, Ed. Crítica, Barcelona, 1994.
domingo, 27 de abril de 2008
El gorila bicéfalo y el cerebro femenino
Es posible que usted, amable lector, se haya despertado un día con una idea fija que le ronda por la la cabeza. Una idea que con el paso de los minutos, la ingestión del café y el asentamiento en la realidad mañanera muda y se convierte en la siguiente pregunta: ¿Ha existido en este mundo alguna persona que haya comparado a una mujer inteligente con un gorila de dos cabezas? Esa pregunta que tantas veces ha rondado por su cabeza tiene respuesta aquí y ahora. La respuesta es «Sí, ha existido», la persona es Gustave Le Bon.
Gustave Le Bon (1841-1931) fue un destacado psicólogo social francés de la escuela de Paul Broca que escribió, entre otras cosas, sobre antropología, sobre arqueología, sobre la superioridad racial y sobre el comportamiento de las masas. También, como físico aficionado, descubrío la luz negra, una clase de radiación que luego resultó que no existía. Aunque la razón para traerlo hasta aquí es por el siguiente escrito. Sí, además de todo lo anterior, Le Bon era un misógino de narices, qué digo misógino de narices, era El Gran Misoginón. No me digan que no es de bofetón:
En las razas más inteligentes, como entre los parisienses, existe un gran número de mujeres cuyos cerebros son de un tamaño más próximo al de los gorilas que al de los cerebros más desarrollados de los varones. Esta inferioridad es tan obvia que nadie puede discutirla siquiera por un momento; tan sólo su grado es digno de discusión. Todos los psicólogos que han estudiado la inteligencia de las mujeres, al igual que los poetas y los novelistas, reconocen que ellas representan las formas más inferiores de la evolución humana y que están más próximas a los niños y a los salvajes que al hombre adulto civilizado. Son insuperables en su veleidad, en su inconstancia, en su carencia de ideas y lógica y en su capacidad para razonar. Sin duda, existen algunas mujeres distinguidas, muy superiores al hombre medio, pero resultan tan excepcionales como el nacimiento de cualquier monstruosidad, como, por ejemplo, el de un gorila con dos cabezas; por consiguiente, podemos olvidarlas por completo.
Texto citado en el ensayo «El cerebro de las mujeres», de Stephen Jay Gould (El pulgar del panda, Ed. Crítica, Barcelona, 1994.
sábado, 26 de abril de 2008
jueves, 24 de abril de 2008
El perrito Pooky

El 24 de abril del año 1921, Pooky, un adorable perro anaranjado de la raza Pomerania, murió en una calle de la ciudad de Circa a la edad de dos años y cuatro meses víctima del cemento fresco. Poooky correteaba alegre esa primaveral mañana por el tramo de la calle Mansfield que cruza con la calle Steubenville y no cayó en la cuenta de que ese mismo día los oficiales de construcción del ayuntamiento estaban reparando un socavón producido por el terremoto que asoló la ciudad ese mismo año. En realidad donde cayó fue en el cemento fresco. Varios vecinos circenses hicieron lo imposible para salvar al pobre perrito, pero todo esfuerzo fue en vano. Desde ese día, el Comando Internacional de Perritos por el Reconocimiento de los Compañeros Muertos por culpa del Cemento Fresco, fundado en la ciudad de Circa, 1922, tienen su particular forma de reivindicar el recuerdo de Pooky dejando la huella de sus patitas en todo el cemento fresco que encuentran a su paso. Muestra de las actuaciones de este comando pueden encontrarse en todas las ciudades del mundo.
En la foto, uno de los homenajes al perrito Pooky, el perrito pomerania que murió víctima del cemento fresco, realizado por uno de los componentes del Comando Internacional de Perritos por el Reconocimiento de los Compañeros Muertos por culpa del Cemento Fresco y enviado por Badil, compañera bloguerista que ha hecho la fotografía con la cámara de su celular Nokia 5200. ¡Muchas gracias, Badil!
Fin de la celebración del cumpleaños de Silvana Mangano
Pero eso no quiere decir que nos olvidemos de ella, tanto en Anna
como en Riso Amaro.
miércoles, 23 de abril de 2008
Cumpleaños de Silvana Mangano y no se hable más

Hoy es el cumpleaños de Silvana Mangano y por eso dejo estas fotos de ella mientras le cortan el pelo en la película Cinco mujeres marcadas. (1960) de Martin Ritt. Observarán que en las seis primeras fotos lo que recortan es una peluca. En las dos siguientes le cortan el pelo para el rodaje, y en la última foto, Silvana luce con el pelo corto. Que sí: también esta guapa con el pelo corto.
lunes, 21 de abril de 2008
Wo gibt es Haar, es ist Freude

En espera de la celebración del cumpleaños de Silvana Mangano, el 23 de abril, les dejo esta foto tan bonita en la que vemos a una jovencísima Lucía Bosé colocando la cinta de Miss Italia a una sonriente muchacha. Ahora dirán ustedes «Harry, usted ha puesto esta foto por la axila de la ganadora». Vale, bien, no lo niego, es una de las razones. ¿Que no les parece sexy?
domingo, 20 de abril de 2008
De la importancia del uso de las mayúsculas
Estaba ahora leyendo en un libro que habla sobre reliquias que el cerebro de San Pedro se conserva en Ginebra y me ha dado por pensar que eso de utilizar las mayúsculas es buena cosa.
Antes de los ordenadores, a esas letras las llamaban los tipógrafos de «caja alta», y las minúsculas, de «caja baja». La razón para darle ese nombre es bien sencilla: todas esas pequeñas letras de plomo que los tipógrafos colocaban pacientemente con ayuda del componedor se guardaban en una gran caja con 122 espacios o cajetines. La caja se colocaba sobre el mueble del tipógrafo, que se llamaba comodín, o también chibalete, cuando su cubierta estaba inclinada. Arriba a la izquierda, las mayúsculas; arriba a la derecha, las letras de menor uso (o «caja perdida»); abajo, las minúsculas, los números y los signos de puntuación.
Ahora ya no mucha gente usa lo de «caja alta» y «caja baja». Servidor lo tiene grabado a fuego (así lo aprendí) y no hay dios que me lo quite.
viernes, 18 de abril de 2008
El último deseo
Era su último deseo. Tras la misa, incineraron el cuerpo de R. F. y los familiares y amigos tomaron sus cenizas y las llevaron a la fábrica pirotécnica de la carretera que cruza el polígono B-120. Allí les aguardaba preparado un gran cilindro de cartón en el que introdujeron las cenizas mezcladas con arena y un compuesto de carbonato de estroncio (12 %), dextrina (3%), hexamina (7%), magnalium (5%), óxido de cobre rojo (8%) y perclorato de amonio (65%), que produciría una preciosa flor en cascada de color púrpura brillante sobre la bahía en las fiestas patronales del pueblo de R. F. Dos semanas después montaron el cohete con los restos de R. F. en el castillo pirotécnico situado frente al ayuntamiento. Una hora después cayó una enorme tromba de agua que inutilizó alguno de los cohetes. Esa noche, a las doce en punto, con motivo del fin de las fiestas patronales, prendieron la mecha del castillo y los vecinos del pueblo disfrutaron de una magnífica sesión de fuegos artificiales que duró aproximadamente veinte minutos. El cohete con los restos de R. F. nunca explosionó. Las cenizas de R. F., revolviéndose en la arena mojada, se dijeron «qué mierda de último deseo».
miércoles, 16 de abril de 2008
Buñuel, la jirafa y Giacometti

En la foto, Buñuel, la jirafa y Giacometti.
El texto íntegro sobre la obra, en la entrada del blog de Badil.
Es de esos textos que uno no debería perderse. Ustedes verán.
martes, 15 de abril de 2008
Gary Larson

Si hay que buscar una prueba en el universo para creer en la existencia de Dios, esa es Gary Larson. Sólo un ente superior puede crear semejante ser humano. Confieso que soy fan de Gary Larson desde hace mucho años y siempre me hace la misma gracia, aunque lea la misma tira veinte veces. Gary Larson es lo más grande que hay. Otro dibujante que me hizo mucha gracia de pequeño era Brant Parker (de niño cayó en mis manos un librito de «El Mago de Id», unas tiras cómicas sobre un reino medieval con un rey muy pequeño, un mago con una esposa gorda y un soldado con la nariz de gancho. Tenía una tira preciosa en la que saía una rana que le decía a una princesa «si me das un beso, me convertiré en lo que era antes», «¿Qué eras antes?» le pregunta la princesa. «Un renacuajo», le responde la rana. Brant Parker murió hace un año). Gary Larson es lo más grande que hay. Por internet pueden encontrar alguna imagen, que suelen estar escaneadas muy pequeñas pero que se llegan a leer. Gary Larson es el dibujante más grande que hay y el más querido por los físicos, los químicos y, sobre todo, los biólogos. Tantos años dibujando sobre el comportamiento de los animales y su interactuación con los humanos es lo que tiene. Es más, todo biólogo que se precie debería tener un chiste de Larson sujeto con una chincheta en el tablón de corcho de su despacho. Si no, no es un buen biólogo. Gary Larson tiene un insecto con su nombre: el Strigiphilus garylarsoni, un piojo que sufren algunos búhos. Lo descubrió en 1989 Dale H. Clayton, jefe de la Comisión de Biología Evolutiva de la Universidad de Chicago y decidió ponerle su apellido. A Larson parece que le hizo mucha ilusión, lo contaba muy contento en la introducción de uno de sus libros. No me digan que no es un detalle bonito. Gary Larson es lo más grande que hay y no se hable más.
Arriba, dos dibujos de Larson, dos variaciones sobre un mismo tema. Es posible que ya los conozcan, pero ¿no les hace la misma gracia?
lunes, 14 de abril de 2008
No lo intenten con su gato
...algunos organismos que nos parecen primitivos gozan de un grado de organización celular que hace parecer el tuyo despreocupadamente pedestre. Disgrega las células de una esponja (haciéndolas pasar por un cedazo, por ejemplo), échalas luego en una solución y ellas solas encontrarán el medio de volver a unirse y organizarse en una esponja. Puedes hacerles eso una y otra vez y se reconstruirán obstinadamente porque, como tú, como yo y como todos los demás seres vivos, tienen un impulso imperativo: seguir siendo.
Bill Bryson Una breve historia de casi todo
Victoria regia

La Victoria regia, también conocida como Victoria amazonica es el nenúfar más grande de todos: su hoja puede tener hasta tres metros de diámetro.
Si visitan la entrada de wikipedia del Victoria amazonica verán que pone lo siguiente:
[las hojas de esta especie] pueden soportar hasta 40 kilos, si se encuentran bien distribuidos en su superficie.
Y para muestra, el botón de la niña que felizmente se encuentra de pie sobre la planta en el grabado de 1849. Eso parece, la niña no se cae, no se moja las enaguas y aparentemente se encuentra bien tranquila. Ahora bien, si visitan la entrada a Wikipedia del río Amazonas leerán lo siguiente:
En las lagunas a lo largo del Amazonas florece la planta Victoria Regia, una especie de nenúfar cuyas hojas circulares alcanzan más de un metro de diámetro y en ocasiones, hasta 5 m, lo que ha dado pie al mito de que una de estas hojas puede sostener a una persona, lo cual es falso.
Pero vamos a ver ¿con qué versión debemos quedarnos? ¿se sostiene una persona sobre la hoja o no? ¿Ustedes creen que la niña del grabado (que posiblemente pese menos de cuarenta kilos) distribuye bien su peso en su superficie? No sería mejor que repartiera su peso sobre la hoja en otra postura, por ejemplo, tumbada, haciéndose la muerta? ¿El diámetro de una hoja da pie a algo? ¿Es posible que debajo del nenúfar hayan colocado un taburete? Pero bien, si somos prácticos y creemos en el grabado, la niña lleva 159 años de pie sobre esa hoja y todavía no se ha caído. Está bien. Las hojas del nenúfar gigante Victoria regia pueden soportar el cuerpo de una persona que pese menos de cuarenta kilos.
viernes, 11 de abril de 2008
El principito en la playa

—Por favor..., ¡Dibújame un cordero!
Me despertó una vocecita chillona rechinando en mi oído derecho.
—¡Dibújame un cordero! —repitió mientras me tironeaba insistentemente de la manga de la camiseta.
Me puse de pie de un salto, como golpeado por un rayo. Me froté los ojos. Miré bien.
Allí, en mitad de la nada de la playa de Calella, al punto de la mañana, un niño pequeño me miraba fijamente.
—¡Dibújame un cordero!
—Niño, déjame en paz, vete a jugar por ahí —le respondí contrariado meneando una mano como cuando se espanta a las abejas.
—¡Dibújame un cordero! —volvió a la carga.
—Que no sé dibujar corderos.
—¡Dibújame un cordero!
—Anda, ven, trae —arranqué un cuaderno cuadriculado de su mano y saqué un bolígrafo de la mochila.
—¿Me vas a dibujar un cordero?
—Que sí, que te voy a dibujar un cordero —espeté (bueno, como estaba en Calella, espetec).
Tomé el bolígrafo y en cuatro trazos dibujé algo parecido a un cordero.
—Ah, no —dijo el niño arrugando la nariz—, ese cordero está muy enfermo, dibújame otro cordero.
Le dibujé un segundo cordero.
—No, eso no es un cordero —dijo el niño ladeando la cabeza—, es un carnero ¿no ves que lleva cuernos?
—Cordero, carnero ¿no te da lo mismo?
—No, en absoluto. Yo no te pedí un carnero, te pedí que me dibujaras un cordero.
Rehíce el dibujo, tracé con mi bolígrafo un cordero, esta vez sin cuernos.
—Ah, eso sí que es un cordero, pero está muy viejo. Yo quiero un cordero mucho más joven, para que me viva muchos años.
Arranqué la hoja y me dispuse a dibujar otro cordero.
—hmmm..., no, ese cordero tiene poco pelo. Yo quiero un cordero bien forrado de pelo. Con mucho pelo.
Hice otro dibujo más.
—Ese se acerca, pero tiene los ojos muy juntos. No quiero un cordero con los ojos juntos. Los corderos tienen los ojos más separados.
Y otro.
—No, no, ese cordero tiene las orejas muy pequeñas.
Arranqué otra hoja del cuaderno y me dispuse a dibujarle algo diferente para que me dejara en paz.
—Mira, niño. Aquí tienes tu cordero.
Le dibujé una caja de cartón rectangular con tapa, con tres perforaciones en una de las caras. No era un Durero, pero creo que me quedó más que resultón.
—Aquí está mi cordero? —preguntó extrañado el niño.
—Ahí dentro está —respondí cansado.
—Está bien, me gusta.
—Me alegro mucho —sonreí—, ahora, niño, déjame, que tengo cosas que hacer.
—Oye —me dijo—, ¿como sé si el cordero que hay dentro de la caja está vivo o muerto?
—Bueno, pues... porque te lo digo yo. El cordero está vivo.
—¿Y si estuviera muerto?
—No, no, niño. El cordero está vivo.
—Oye, señor —me increpó el niño—, soy muy pequeño para entender el experimento conceptual de Schrödinger, no me vengas con corderos dentro de cajas. Dibújame un cordero, ahora fuera de la caja.
Hastiado, arranqué la hoja, hice una pelota con ella, la tiré bien lejos y le dibujé de nuevo un cordero. Esta vez mucho más detallado, con sus orejas redondeadas, sus fosas nasales, sus pestañas, sus brillos en los ojos, sus bucles de lana cubriendo todo su cuerpo y hasta la marca a fuego sobre la piel de la ganadería ovina.
—Este cordero sí que te va a gustar. Mira —le enseñé el dibujo orgulloso de mi obra.
—Ah, ese cordero sí que es un cordero. Me gusta mi cordero.
Soplé aliviado.
—Oye, señor ¿qué es esto que le sale por aquí al cordero?
—¿El qué? —pregunté interesado.
—Esto —dijo señalando muy firme.
—Ah, eso es el rabito —le respondí.
—¿El rabito? —preguntó el niño—, eso no es un rabito. Eso es una polla como una olla.
—Niño, eso es el rabito del cordero.
—¡Qué no! —gritó enrabietado— ¡Eso es una polla!
—Que no es una polla, niño —le dije intentando que se calmara—, que es el rabito del cordero.
—¡Una polla es el rabito del cordero! —chilló— ¡¡¡eso es una polla como una olla y ya está!!!
—Niño, tranquilízate —dije suplicando en bajo al niño, pues estaban llegando los primeros veraneantes de la mañana a la playa y me enpezaban a mirar raro—, lo que he dibujado es un ra-bi-to. Nada más. Pero si quieres se lo borro y ya está. ¿Se lo borro?
—¡Ni se te ocurra borrarme la polla! —gritó el niño— ¡La polla no! ¡La polla no! ¡¡¡La polla nooooo!!!
En ese momento el niño se levantó sacudiéndose a palmetazos la arena y corrió llorando como alma que lleva el diablo hasta desaparecer de mi vista. A los pocos minutos volví a escuchar cómo se acercaba la voz chillona del niño.
—¡Paaaaaaaapaaaaaaaaaaaaaaa! ¡un señor cerdo me ha dibujado una polla!
Momentos después, el niño volvía de la mano de su padre. Un hombre enorme y lleno de pelo por todo el cuerpo salvo en la cabeza.
—Ese hombre es, papá —dijo el niño señalándome con su dedito acusador.
El padre se acercó a mí a grandes zancadas, tirándome arena con los pies a la cara.
—¡Eh! ¿Qué le ha dibujado a mi niño?
—Un cordero —respondí.
—¿Un cordero? el niño dice que le ha dibujado una polla.
—No, señor, le he dibujado un cordero con rabito.
—¿Un cordero con rabito? ¿Y no tiene otra cosa que hacer que dibujar guarradas a los niños?
—Oiga —contesté—, que yo no le he dibujado ninguna guarrada, que he dibujado lo que me pedía el niño.
—¿Insinúa usted que mi niño le ha pedido que le dibujara una polla? —El padre sacó un móvil del bolsillo trasero de su bañador— Esto no se va a quedar así. Ahora mismo llamo al 091. Será cerdo.
Mal inicio para una mañana.
Aniversario de la muerte de Joseph Merrick (1862-1890)
Is true that my form is something odd,
But blaming me is blaming God;
Could I create myself anew
I would not fail pleasing you.
Joseph Merrick
(Es cierto que mi forma es algo extraña,
pero culparme por ello es culpar a Dios;
si yo pudiese crearme de nuevo
me haría del modo que te agradase.
Joseph Merrick).
jueves, 10 de abril de 2008
Un lector de este blog, un segundo voto. Si no hay segundo voto, maldición

David, en su blog davidblogcartoon.blogspot.com escribe:
Aunque caeremos en cuartos como siempre... el dibujo del marciano tatuado ¡¡Ha pasado a la siguiente ronda!!
De los mil doscientos veintidos dibujos enviados al Austrian Cartoon Award ya sólo quedan 120 supervivientes, y sólo dos de ellos españoles.
De nuevo hay que votar para superar esta última y decisiva fase en
http://www.cartoonaward.com/
perdiendo un minuto entrando en "voting gallery", registrándose y buscando en los dibujos de la ronda final vota el dibujo Tatoo y realiza tu buena acción del mes.
¡A votar!
miércoles, 9 de abril de 2008
Un elefante que camina

Lamento pisar la idea del proyecto de fin de carrera a miles de estudiantes de Bellas Artes mostrando esta imagen, pero bien, todo tiene una explicación: hoy es el centésimo septuagésimo octavo cumpleaños de fotógrafo Eadweard Muybridge y habrá que celebrarlo.
¡Viva Eadweard Muybridge!
lunes, 7 de abril de 2008
Lo literaturizable

El circo es literaturizable. Funciona mucho mejor como falso recuerdo imaginado, como pensamiento abstracto, como ilustración o como texto que como hecho vivencial. El circo como hecho vivencial tiene ese algo sórdido que queda bien en las novelas y en las películas pero que en directo pone más bien nervioso. Si me preguntan que si me gusta el circo les diré que creo que no, pero que, puestos a pedir, que no lo cambien. O bien, que sea como el circo de siempre, con sus trapecistas, sus domadores, sus payasos y con esas señoritas que hacen posturas con aros suspendidos en el aire, pero que no se preocupen por sacar nuevos números con imitaciones de los personajes de la tele que están de moda en la actualidad. Recuerdo que me tocó ver en un circo en directo un número sobre el «Comando G» y a partir de ahí ya no me gustó el circo. Lo que más asusta de la magia del circo es cuando no la encuentras por ninguna parte. Para perder la magia no hace falta ir al circo, a veces sucede esa sensación mala de estar en un bar y notar de golpe que te encuentras en una habitación grande con música, luces y mucha gente. La magia de los bares suele irse cuando te fijas en las paredes. Mala cosa. Yo creo que perdí la magia del circo cuando me preocupé por pensar cómo eran los acróbatas que había dentro de los trajes de «Comando G», cómo serían los camerinos de las roulottes, qué comerían los animales, si el cura del circo iba con sotana y cómo se las apañaban los profesores de los circos para enseñar EGB a los hijos de los circenses. También hay música literaturizable que luego pierde cuando ves la actuación. Tengo un recuerdo bonito de ir en un taxi por la ciudad con la radio a todo meter sonando If you leave me now de Chicago. Oigan, estaba atardeciendo, caía una lluvia fina en el centro de la ciudad pero el cielo estaba luminoso y veraniego, y la gente caminaba al ritmo de la canción. Eso era magia, cursi, sí, pero magia auténtica. Luego ves el vídeo de 1976 del youtube con el cantante interpretando el tema con ese pelazo rubio y la magia se pierde, al menos hasta que coincida de nuevo con ese taxi que sonaba bien en esa calle y con la gente caminando y llevando el ritmo a la vez. También los asesinatos son literaturizables, pueden quedar bonitos en una película pero luego verse con un cadáver a trozos en casa tiene que resultar poco agradable. También, la ópera es literaturizable, también el ballet clásico. También. El ballet sobre hielo con patinadores vestidos de animales de Disney no es ni literaturizable. Es muy odioso.
En la foto: elefante circense abriendo la ventana del dormitorio donde descansa la señorita Mary S. Higgins, momentos antes de despertarla y provocarle un terrible susto que derivó en fobia histérico-aprensiva a los elefantes hasta el final de sus días. Circa, 1910.
sábado, 5 de abril de 2008
El demonio de la fiebre

El demonio de la fiebre habita en todas las casas, pero sólo sale de su escondite de vez en cuando. Del demonio de la fiebre unos dicen que es por entero de color negro, otros, sin embargo, dicen que es de un blanco lividísimo. El demonio de la fiebre, en fiestas, toca la vihuela. El demonio de la fiebre es el encargado de colocar telarañas entre las ramas de los árboles por las que transita gente para que se peguen a sus caras. El demonio de la fiebre escribe números de colores y estructuras poliédricas móviles imposibles en la pantalla negra de los durmientes. Dicen que el demonio de la fiebre en un tiempo fue un rico orfebre de la ciudad de Edirne y que una noche, al salir de su taller, encontró en un callejón a su esposa besándose con un esclavo; loco de celos acuchilló a los dos, los metió en sendas bolsas de arpillera y los tiró al río Tundzha. También se dice que los dos cuerpos descansan en el fondo del río el uno sobre otro agarrados por manos y pies formando un círculo y que los peces de colores pasan a través de ellos, pero eso más bien parece una leyenda moderna con poca base histórica. El demonio de la fiebre es el encargado de formar migrañas, dolores en las articulaciones, sequedad en la boca y mucosidades varias en los enfermos. El demonio de la fiebre a veces se entretiene moviendo de su sitio los mechones de pelo de los enfermos. El demonio de la fiebre se alimenta de los vapores etílicos que desprenden las compresas empapadas de agua de colonia que colocan las enfermeras en la frente de los moribundos. El demonio de la fiebre es huraño, tosco y grosero y es sabido que le gusta meter insectos diminutos bajo la piel de los que lo sufren. El demonio de la fiebre suele trabajar más cómodo a partir de las ocho de la tarde, pero no tiene hora fija. Al demonio de la fiebre le gusta, en particular, el color morado oscuro, y lo suele combinar con el verde musgo, si es formando estampados ajedrezados o de rombos, mejor. El demonio de la fiebre tiene los ojos muy grandes y brillantes y la voz aguda.
martes, 1 de abril de 2008
Del derecho y del revés

En la foto, Helena P. Blavatsky (1831-1891) y Henry Steel Olcott (1832-1907) en Londres, octubre de 1888.
sábado, 29 de marzo de 2008
viernes, 28 de marzo de 2008
Una sesión de hipnosis
—Cuando diga «tres» usted caerá en un profundo y agradable sueño.
Y así fue, el psicoanalista dijo «uno», «dos» y «tres» y al instante F. dejó caer la cabeza sobre su pecho, relajó sus manos sobre las rodillas, cerró los ojos y cayó en un profundo sueño.
F. se encontró de pronto dentro del cuerpo de Lili Saint Cyr, que estaba dentro de una bañera llena de espuma, que se encontraba dentro de un escenario, que a su vez estaba dentro de un teatro de variedades de una calle de Montreal. La gente gritaba «¡Lili, Lili!» y F. se frotaba sensualmente las rodillas con una esponja marina. La esponja marina frotaba las rodillas del cuerpo de Lili Saint Cyr, en el que en ese mismo momento habitaba F. mirando de un lado a otro, buscando los focos para perder de vista las caras del público que miraba hacia el escenario de un teatro de variedades de Montreal y que gritaba «¡Lili, Lili, Lili!». Momentos después F. pegó un salto dentro del cuerpo de Lili Saint Cyr y se deslizo hasta el interior de los dedos de sus pies, de los dedos de sus pies pasó al interior de sus uñas, que parecían placas solares teñidas de rojo frambuesa. F. miró hacía arriba y vio unas hermosas luces rojas a través de las uñas. Pensó que era una luz brillante e intensa que, sin embargo, no molestaba a los ojos.
—Despierte —dijo el doctor.
Y F. despertó del sueño.
—Ahora dígame todo lo que recuerde de su regresión.
—Recuerdo —dijo F.— que en otro tiempo fui un empresario muy adinerado del antiguo Egipto. Tenía una gran mansión, camellos, dromedarios, muchos esclavos, sirvientes y más de cien mujeres. Recuerdo que trataba con los faraones, ellos me traían ricos regalos y yo les construía sus enormes pirámides.
—En su regresión, hizo el gesto de frotar sus rodillas con un gesto insinuante ¿en qué momento de su regresión recuerda que lo hizo y cuál cree que es su significado?
—No recuerdo eso, doctor, pero le prometo que pensaré en ello —dijo F., un poco molesto mientras ajustaba el nudo de la corbata al cuello de su camisa.
¿Me hacen el trasero más pequeño?

Hace poco le comenté a una amiga que muchas de las chicas de Swindon llevan pantalones negros y chaquetas vaqueras. Ella me explico que era porque los pantalones negros «hacen que el culo parezca más pequeño». ¿Es cierto eso? ¿Puede demostrarse científicamente?
Neil Taylor
Swindon, Wiltshire, Reino Unido
Esta inquietante pregunta pertenece al libro ¿Hay algo que coma avispas?, 100 preguntas idiotas y apasionantes sobre la ciencia, una selección de Mick O'Hare de preguntas y respuestas de la revista NewScientist, RBA, Barcelona, 2007. En él también se responde qué es lo que hace que el cerumen de las orejas cambie de color; por qué el hongo del pie de atleta tiende a presentarse entre en tercer y cuarto dedo del pie; la cantidad de grasa que necesita un cuerpo para que una bala disparada por un arma de fuego manual no alcance los órganos vitales o cuánto tiempo necesita un cadáver de conejillo de indias para convertirse en solo huesos. Les aseguro que no es el mejor libro del mundo, pero lo encuentro apropiado para este blog (y si no les gusta mucho, siempre pueden pasar las páginas rápido y verán la animación de una rana comiéndose una avispa).
La foto tiene poco que ver con este libro, pero es una foto de la Swanson toda guapaza con 26 años en postura de rapera cool antes de que se inventara el rap (Circa, 1925), celebra que ayer fue su cumpleaños y se la dedico a Javier. ¡Va por usted, maestro! Hoy, 28 de marzo, toca Eugene Ionesco.
martes, 25 de marzo de 2008
Fotos de Circa
Avenida Columbus, Circa, 1930.
Profesores de Física de la Universidad de Harvard en su viaje de fin de curso a la ciudad de Circa, 1900.
lunes, 24 de marzo de 2008
La ciudad de Circa
Circa es una ciudad llena de recuerdos. En ella, en sus calles, en sus casas, en sus bares, en sus restaurantes, miles de personas se han hecho fotos. Miles de personas han viajado hasta allí sólo para hacerse una foto. Se conservan muchas fotos de Circa: tiene calles que parecen londinenses, otras africanas, otras mediterráneas, otras parece que están hechas en la misma selva amazónica. También hay calles como desiertos, otras llenas de gente, calles con rascacielos, otras con grandes fábricas y algunas con pequeñas casas de madera con un dispensador de gasolina antiguo. En Circa se juntan todos los colores de piel, todas las religiones y todas las formas de pensar de mundo. A veces algunas personas van a retratarse a Circa sólo por hacerse la foto, aunque detrás no haya nada más que una pared, o una puerta, o un cuadro viejo. Vienen contentos con sus fotos los que viajan a Circa. La gente de Circa vive bien entre tanta calle cambiente y tanto ir y venir de turistas. La gente de Circa suele sentarse en los porches cuando hace bueno y ven cómo pasa la gente. A veces paran a algún turista y le preguntan «Eh ¿en que año estamos?». No le dan mucha importancia a la fecha exacta, puen en Circa se suele contar por décadas, pero les gusta preguntar.
domingo, 23 de marzo de 2008
Los muertos y las muertas: David Vela expone en Alcalá de Henares

El próximo jueves 27 de marzo, a las 7 de la tarde, se inaugura en Alcalá de Henares la exposición Los muertos y las muertas. Greguerías de Ramón Gómez de la Serna sobre la muerte. Una colección de cuarenta y tres gouaches que ilustran otros tantos textos seleccionados, y que reflejan la obsesión de Ramón por el tema de la muerte, genialmente plasmada en su extraordinario libro Los muertos y las muertas y otras fantasmagorías.
Organizada por el Programa de Humor Gráfico de la Fundación Universidad de Alcalá, la muestra permanecerá hasta el 11 de mayo en la sala que la Fundación posee en la Calle Nueva, 4 (junto a la C/Mayor y muy cerca de la casa de Cervantes). El horario, de martes a domingo, es de 12 h a 14 h y de 17 h a 20 h.
La razón de esta entrada es para informar de la exposición y para solicitar un encargo: necesito que un señor o señora que viva cerca de Alcalá o en el mismo Alcalá y que lea esta entrada vaya a la inauguración, busque al autor y se presente como «Corresponsal de Cambio Radical News», le haga una pequeña entrevista con foto y luego venga de nuevo por este blog y la publique. No hay premio ni nada. El gusto de sentirse periodista por un día. Contacto: cambiorad@yahoo.es. ¡Se inicia una nueva era en este blog! ¡ahora, también, noticioso!
jueves, 20 de marzo de 2008
Sobre las formas de describir el mundo
—Descríbeme cómo es el mundo —me dijo el pepino de mar.
Yo le conté que el mundo estaba lleno de casas, de árboles, de tiendas que habitan bajo las casas, de plantas que crecen bajo los árboles, de piedras secas, de aire, de personas que van de un lado a otro, de coches que van de un lado a otro con personas dentro, de tiendas que hay en la planta baja de las casas en las que venden revistas, periódicos, puntillas e hilos para confeccionar manteles, tiendas que venden dedales, farmacias, fábricas, campos, escuelas, hospitales, granjas llenas de vacas, gallinas y cerdos, heladerías, garajes, oficinas de correos, oficinas con gente dentro, tiendas que venden muebles, dulces, fábricas de galletas, de ruedas, harineras, industrias del metal, de una señora mirando por una ventana, camiones, grúas, fábricas de vidrio y tiendas que venden cristalerías, librerías, grandes superficies, montañas altas y bajas, montes, patos que van y vuelven según la estación, días y noches, días fríos, calientes y templados, toallas para secarse la piel cuando está mojada, tiendas que venden pantalones y muchas otras prendas de vestir, carnicerías, verdulerías, estancos, buzones, tiendas de lámparas, circos llenos de gente, selvas con animales salvajes, pájaros canoros y pájaros mudos, ratones, bisontes, tiendas que venden bisoñés y postizos, dentistas, ópticas, campos, fruterías, fábricas de gaseosas, pulperías y sederías, cantinas, bares, confiterías y cafeterías, guardias urbanos, granadas, limones, manzanas y tijeras para cortar papel y otras más fuertes para cortar materiales más duros. Sierras, tornillos, trompetas, cantimploras para guardar agua u otros líquidos, ceniza de los ceniceros, ceniza de muertos guardada en vasijas, ceniza de rastrojo, ceniza de cosas quemadas, guantes, paragüeros, pingüinos, tazas de café solo y de café con leche, guirnaldas de flores, trapecistas retirados, elefantes, señores que hablan por una radio, teléfonos, ordenadores, lámparas eléctricas y de gas, turbinas, trenes, coches de niño, almendras, playas con palmeras, espías, iglesias con santos, calaveras, motos, cuadernos con cuadrícula, tiendas de pinturas, restaurantes que hacen paellas gigantes, gusanos y demás insectos, zapaterías, casas de la moneda, bancos, horchaterías, tiendas de artículos de esquí, señores que salen en la tele, paredes amplias, carretes de hilos, agujas, rascacielos, aviones, fábricas de galletas, gimnasios, hoteles, recepciones de hoteles, consultas, salas de espera, cirujanos, perros con correa llevados por sus amos, perros guía para ciegos, caballos, fábricas de papel, taxidermistas y tiendas de numismática.
El pepino de mar se quedó pensativo y al rato me preguntó:
—¿Es buena esa sensación de secarse la piel con una tolla? parece buena ¿es buena?
Yo le dije que sí, que la sensación de secarse la piel con una toalla limpia era una sensación buena, más que buena, extraordinaria.
—Cuando vaya al mundo será lo primero que haré —me dijo—, me secaré la piel con una toalla y me prepararé para ver todo eso que me dices que hay para ver. Primero me secaré la piel con una tolla. Será lo primero que haga. Así quiero que sea. Ardo en deseos de sentir esa sensación extraordinaria.
martes, 18 de marzo de 2008
Botánica caliente
El amor llega incluso a las plantas. Machos y hembras... celebran sus nupcias mostrando, por sus órganos sexuales, cuáles son machos y, cuáles son hembras. Las hojas de las flores sirven como un lecho nupcial, dispuesto gloriosamente por el Creador, adornado con excelsos cortinajes y perfumado con suaves aromas para que el novio pueda celebrar allí sus nupcias con la novia con la máxima solemnidad. Una vez dispuesto así el lecho, es el momento de que el novio abrace a su novia amada y se entregue a ella.
Carolus Linnæus (1707-1778), un día que se encontraba inspirado escribiendo sobre la primavera. Una extraña mezcla entre botánica, número de baile coral de Disney y telefilm picantón de Playboy.
En Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson, p. 343, Ed. RBA, Barcelona, 2003. Texto recogido de The Classic o Sciencie, de Derek Gjertsen, p. 237.
domingo, 16 de marzo de 2008
viernes, 14 de marzo de 2008
J. M. Barrie

En la foto superior, James Matthew Barrie (1860-1937), autor de Peter Pan, junto al niño Peter Llewelyn Davies (1897–1960), que inspiró el personaje del protagonista.
En la foto inferior, el Capitán Garfio y Peter Pan en Return to Never Land (2002) de la factoría Disney.
martes, 11 de marzo de 2008
El misterioso Carlos Mirabelli, un señor con ojos de color azul claro

Carlos Mirabelli nació en Botucatu, en el estado de Sao Paulo (Brasil), en el año 1889. Carlos Mirabelli era un tipo bien raro, que envió un cuadro por telequinesis desde una casa a otra que se encontraba a varias millas de distancia. En estado de trance, valiéndose de la escritura automática, redactó largas disertaciones eruditas (algunas de ellas escritas al estilo de Lombroso, Kepler, Voltaire o Galileo) redactadas en 28 idiomas, a una velocidad imposible de alcanzar en condiciones normales. También redactó en trance un ensayo sobre el Mal, escrito en hebreo y firmado por Moisés; un texto sobre Alejandro Magno y un ensayo sobre los misterios que hay en el cielo y la tierra, firmado por Shakespeare. Como xenoglosista no tuvo precio: impartió numerosas conferencias sobre filosofía, astronomía, sociología, política, medicina, historia y ciencias naturales en varios idiomas: alemán, francés, holandés, inglés, griego, polaco, sirio, albanés, español, inglés, en cuatro dialectos italianos, en árabe, turco, hebreo, chino, japonés y varios dialectos africanos, además de latín, griego antiguo, caldeo y en su lengua nativa, el portugués. Mirabelli movió con la mente sillas, candelabros, calaveras, libros y campanas. También materializó ante un concurrido público zapatos dentro de sus cajas y espíritus de muertos (entre ellos, el cuerpo de un mariscal y el de un obispo) y creó de la nada una orquesta de viento y percusión ante un millar de personas. En una ocasión materializó durante 36 minutos el cuerpo de la hija del doctor Ganymedes Souza, fallecida unas semanas antes. Souza la reconoció al instante, pues llevaba el mismo vestido con el que fue enterrada. El doctor, emocionado, la cogió entre sus brazos.
El 29 de abril de 1951, Carlos Mirabelli murió atropellado por un coche cuando salía de su casa y se disponía a cruzar a la otra acera.
En la foto: Carlos Mirabelli (a la izquierda) y el doctor Carlos de Castro (a la derecha) sentados en una mesa con la supuesta materialización del poeta Giuseppi Parini (en el centro), muerto en 1799, en la Academia de Estudios Psíquicos Cesare Lombroso de San Paulo, Brasil.
Está bien, la materialización de Giuseppi Parini es un poco chapucera pero ¿no les crea un cierto malestar, mayor incluso que si estuviera realizada en condiciones?
sábado, 8 de marzo de 2008
La voz de Eugène
—¿Quiere usted realizar una última pregunta?
La muchacha dudó un instante, secó sus lágrimas con un pañuelo de hilo y respondió, firme, sacudiendo la cabeza, con la vista fija sobre el borde de la mesa de madera lacada.
—No, no, está bien así.
La muchacha rebuscó en el bolso, nerviosa.
—¿Cuánto le debo?
—Es la voluntad, querida. —le contestó Madame Louise al tiempo que remetía un mechón de pelo bajo su tocado de gitana adornado con monedas doradas.
—¿Está bien... cuarenta francos?
—¿Cincuenta está bien? —preguntó Madame Louise.
—De acuerdo. está bien.
La muchacha dejó el dinero sobre la mesa, retiró la silla con cuidado y se dirigió hacia la puerta.
—¡Espere! —dijo la muchacha— ¿puedo pedirle una última cosa?
—¿Qué desea, querida?
—¿Podría... podría pedirle que me hable?
—¿Cómo que le hable?
—Que me hable, quisiera oír su voz por última vez.
—Bien, siéntese, veremos qué podemos hacer.
En la habitación contigua, Aurélien, el ayudante de Madame Louise, el mozo que pasaba por idiota, encargado de tirar platos, mover cuadros y hacer aparecer fantasmas de tela de sábana vieja en mitad de la habitación en las sesiones espiritistas, escuchaba con atención, conmovido.
Madame Louise colocó sus manos sobre el vaso de la ouija, cerró los ojos y dijo en voz alta:
—Eugène... ¿estás ahí?
La muchacha miró con los ojos muy abiertos a la médium. Su dedo, sobre el borde del vaso, temblaba como una mariposa.
—Eugène... ¿estás ahí? —pregunto de nuevo Madame Louise.
Y, unos segundos después, llenando por completo el silencio de la sala, se escuchó una voz lejana y grave:
—Aquí estoy, Dominique, he vuelto para decirte que te amo, te amaré siempre, desde este oscuro lugar que tan sólo tú iluminas. Te amo, mi querida Dominique. Ahora debo marchar a reunirme con los demás soldados, ellos me aguardan en lo alto de la loma y no quiero hacerles esperar.
Madame Louise dio un respingo, giro la cabeza hacia la muchacha y le dijo:
—Aquí está tu respuesta. Eugène ya se ha ido. Ahora, querida, debes marchar.
En la habitación contigua, Aurélien, el ayudante de Madame Louise, sonreía. Nunca antes su rostro habíase visto tan iluminado.
jueves, 6 de marzo de 2008
Sobre pájaros, monos y peces fundidos en metal por los aztecas
Son capaces de fundir un pájaro cuya lengua, cabeza y alas se mueven, y también pueden modelar un mono … que mueve su cabeza, su lengua, sus manos y sus pies, y en sus manos ponen pequeños utensilios de tal modo que la figura parece estar bailando con ellos. Lo que es aún más notable, pueden hacer una pieza que sea la mitad de oro y la otra mitad de plata, y fundir un pez con todas sus escamas, alternando unas de oro y otras de plata.
Texto del explorador y monje franciscano español Toribio de Benavente (1494-1565), también conocido con el mote de Montolinía («pobrecito» en náhuatl) y como uno de «los doce apóstoles de México», en su Historia de los indios de la Nueva España, obra que tardó mucho tiempo en publicarse, primero fragmentariamente, por lord Kingsborough, en el año 1848 y, completa, diez años después, por García Icazbalceta en la Colección de documentos para la Historia de México. Los grandes descubrimientos perdidos, de Dick Teresi. Editorial Crítica, Barcelona, 2002.




