
Hoy por la tarde ha vuelto a llamar. Descuelgo y me dice:
—No podemos continuar así.
Yo le digo que bien, que está bien, que vale. Ella me repite:
—No podemos continuar así.
Yo le digo que bien, que lo que ella diga, que me parece todo bien.
Ella me dice que será mejor que lo dejemos. Yo le respondo que está bien. Que lo que ella considere oportuno.
——No podemos continuar así, no, no. Dejémoslo y ya está.
Yo le digo que bien. Al otro lado del teléfono ella llora. Deja caer el auricular. Oigo unos pasos decalzos que se alejan y el ruido de los coches. A lo lejos oigo que grita: «¡Misi, baja de ahí!». Es una orden, con ese tono que solo se usa cuando se habla a los gatos. Al rato vuelve.
—Me preparé un té —dice. Yo le digo que bien.
—Debo dejar de tomar té, porque me pone más nerviosa. —Yo asiento.
—Me siento tan vacía ahora. Hueca. Hueca como todo eso que está hueco por dentro —dice mientras se suena la nariz—. Estoy tan hueca que ya se me fueron hasta las palabras.
Silencio. Un largo silencio.
—Es té verde —me dice. Yo le digo que bien.
Otro rato largo de silencio.
—Estoy hueca —me dice—. Y siento unos calambres aquí en el estómago. Aquí, en la boca del estómago, que no me dejan respirar. Hueca y tristísima.
Yo escucho, callado, mientras miro la unión del papel pintado de la pared.
—Debo colgar —me dice. Cuelga. Yo cuelgo también y me siento raro. Ha llamado más de veinte veces en lo que va de semana, no la conozco de nada pero no sé de qué manera hacerle entender que se ha equivocado de número. Voy al servicio. Orino. Tiro de la cadena y vuelve a sonar el teléfono. Descuelgo.
—¿Estás ahí?
—Sí, aquí estoy.
No sé cómo decirle que se ha equivocado de número y me preocupo pensando que cuando deje de llamar la voy a echar de menos.
—¿En qué piensas?
—En nada, en nada.
—No podemos continuar así.
Yo le digo que bien, que lo que ella diga.
La foto es de Lewis Wickes Hine. Thompson Street, Nueva York, 1912. Es la casa de una familia que trabajaba haciendo flores artificiales. En la puerta, una mujer asoma la cabeza y su hijo sale movido como las sábanas del segundo piso.
viernes, 29 de agosto de 2008
La casa habitada
martes, 26 de agosto de 2008
Sobre las sangrías
Es posible que alguna vez ustedes se hayan preguntado qué significa ese espacio en blanco denominado «sangría de inicio de párrafo». Es un espacio en blanco, a veces más ancho, otras veces más estrecho, que se ve en la mayoría de los libros. Si se lo han preguntado alguna vez, ustedes me responderán: es el espacio que marca el inicio de un párrafo. Bien, así es, pero hoy les voy a contar cómo nació. Si ya lo saben, vayan a otra entrada. En la época de los incunables (del inicio de la imprenta hasta principios del siglo XVI), los impresores solían imprimir los libros a una o dos tintas, negro y rojo. El negro se utilizaba para el texto corrido y el rojo para esas capitulares que quedaban tan chulas al inicio del capítulo y para los calderones. Ahora bien, imprimir a dos tintas salía más caro que imprimir a una tinta (y mezclar tipos de metal para el texto corrido con tipos especiales de madera o de metal para motivos grandes era una puñeta) y algunos impresores decidieron dejar un espacio en blanco para que el comprador, si le apetecía y tenía dineros para gastar, a la vez que encargaba la encuadernación del libro a un artesano, mandara a un amanuense que le pintara esas letras capitulares y esos calderones a mano. En algunos casos, el impresor marcaba la letra en pequeño, al tamaño del texto corrido, a veces usando una cursiva, como chivato de la capitular que debía pintar el amanuense, no fuera a equivocarse y pusiera la letra que no era. El amanuense pintaba sobre ella su capitular, más o menos floreada y santas pascuas. Y quedaba tan bonito. Con el tiempo, esas capitulares artísticas y esos calderones (tan cómodos para marcar el inicio de un párrafo cuando se componía a renglón seguido) fueron quedando en desuso y al final se decidió que esos espacios en blanco eran algo bastante cómodo para guiar al lector. Ahí nació la sangría de inicio de párrafo: del espacio que se dejaba antiguamente para pintar la capitular de inicio del libro o de inicio de un capítulo y de los espacios para los calderones. Espacios que, por cierto, al inicio de un libro o de un capítulo, no es conveniente dejar, pues como es el inicio de un texto y no hay nada escrito antes (salvo el título del capítulo, por ejemplo, que destaca y suele colocarse centrado), no hace falta señalar nada (pero en algunos libros de ahora se les olvida y ponen esa sangría de inicio. En ese caso hay que ir corriendo a buscar al que ha hecho la pifia y, placa, meterle una buena colleja, que si no no aprenden. Sangría al inicio de un texto: colleja, sangría al inicio de un texto: colleja, sangría al inicio de un texto: colleja).
Otro día hablaremos de la sangría francesa que, al contrario de la manicura del mismo nombre, que es bonita y elegante y da aspecto de señora limpia a la que la utiliza, es la sangría más horrorosa que hay en el planeta. Las personas que utilizan la sangría francesa suelen ser unos seres humanos sin sentimientos y solo con paciencia y comprensión se les puede ir guiando para que vuelvan a los párrafos compuestos como dios manda: o con sangría en la primera línea o sin sangría y con espacio entre párrafos (sangría francesa: colleja, sangría francesa: colleja, sangría francesa: colleja).
En la foto: página de la Suma de la art de arismètica de Francesc Santcliment, publicada en Barcelona por Pere Posa en 1482. En ella verán que a la izquierda de la capitular roja hay una «a» impresa que sirvió al amanuense como «chivato». Las demás marcas rojas son los calderones, que se utilizaban para marcar el inicio de párrafo cuando se componía a renglón seguido.
domingo, 24 de agosto de 2008
Harry Whittier Frees

Es posible que al fotógrafo Harry Whittier Frees nunca se le pasara por la cabeza que sus fotografías de perritos y gatitos vestidos como humanos iban a provocar pesadillas, terrores nocturnos, angustia vital, sequedad en la boca, temblores, palpitaciones y ansiedad persistente en varias generaciones de seres humanos. Harry Whittier Frees (Reading, Pennsylvania,1879- Florida,1953) comenzó su carrera de forma fortuita: durante una fiesta, un sombrerito cayó en la cabeza de su gato, Harry vio que quedaba gracioso eso de ver un gatito con sombrero de fiesta y le tiró una foto. Ese fue el comienzo de una larga y próspera carrera fotografiando cachorros de perro, gatos, cochinillos, pavos y conejos vestidos con trajecitos que confeccionaba su madre. Harry Whittier Frees publicó sus obras en tarjetas postales, calendarios, anuncios publicitarios, revistas y libros infantiles, de los que se encargó también de escribir los textos. Informados de la muerte del fotógrafo, la comunidad de cachorros de animales celebró una gran fiesta con cientos de platitos de leche templada, pasteles de arándanos caseros, huesos de ternera cocidos con su tuétano, zanahorias tiernas y todo tipo de viandas que hicieron las delicias de todos los comensales.
En la foto, Harry Whittier Frees posa junto a un perro vestido de bruja.
sábado, 23 de agosto de 2008
Pero no todo va a ser alegría

El caballo «Prince Albert» resolviendo una operación matemática ante una niña con vestido acampanado que lo señala con gesto adusto. Fotografiado en el Studio Brown, Riverside, Aprox. 1909.
Cascos antiguos enciclopédicos y chicas guapas

Mi amigo Javier escribe una bonita entrada en su blog sobre, entre otras cosas, las ilustraciones de los diccionarios. Oigan, debo confesar que servidor también ha sido un ávido observador de ilustraciones de diccionarios. Amé esas ilustraciones en mi infancia porque para mí eran «la verdad» (yo pensaba de crío que tras esos dibujos había un ilustrador muy ilustrado, que dibujaba con su plumilla con veinte señores serios con bigotes, perilla y monóculos que le decían «así», «así no», «el mandoble un poco más largo», «esa jarretera, que se vea más pomposa y con la hebilla más brillante», «ese perfil griego, que parezca más griego, quítale el puente interocular». La realidad posiblemente sea otra: dibujantes de oficio, cobrando poco o menos que poco por ilustración y sacando información de alguna foto mala o, en su defecto, de una ilustración anterior, que a su vez se alimentaba de un dibujo de un dibujo de un dibujo de una versión de un dibujo de un dibujo de una versión de un dibujo de un dibujo que hizo un biólogo o egiptólogo que tenía buena mano para copiar al natural. Es hermoso pensar en todo eso. En verdad, creo que una buena parte de mis pensamientos los he gastado en pensar cómo sería la vida de esos señores dibujantes que trabajaban haciendo ilustraciones para enciclopedias. Los imagino saliendo de la editorial con una carpetilla llena de papeles con indicaciones para dibujar un quinqué, un ábaco, una columna dórica o un elefante africano y luego, en sus casas, trazando, primero a lápiz y luego con la plumilla, absolutas «verdades». Esas verdades que sólo nos ofrecen las enciclopedias cuando somos unos críos ávidos de saber más cosas que los kilómetros que hay entre una ciudad y otra o el enigma de la fotosíntesis. Así, a veces los elefantes africanos son más hermosos dibujados, con esas orejas enormes, que los que vemos en las fotos; y los cascos romanos mucho más claros que los que sacan de los yacimientos, chafados como latas de conservas; y los capiteles de las columnas dóricas, mucho más definidos que los que ves en vivo, ahí tan altos. Es esa forma extraña de mirar que nos dan las enciclopedias y que no perdemos durante toda la vida a no ser que nos convirtamos en perfectos adultos como dios manda. Objetos exentos expuestos, quietos, para su contemplación, su observación al detalle. Luego, la vida real es otra cosa, y el elefante africano de la foto tiene al domador delante, o el ábaco se ve borroso, o el quinqué tiene delante un pastillero que tapa buena parte de la base, que se imagina, pero no se llega a ver; y uno descubre que además de ese conocido punto ciego de visión tiene una otra cosa extraña que le ayuda a delimitar en la memoria esas formas que no hemos visto completas y que aquí, en la memoria, retenemos, igual gracias a esos dibujos de las enciclopedias, de forma purísima). Y como Javier pone una lámina de cascos en línea, yo voy a poner una foto de mozas en línea, que demuestra que las chicas de 1927 eran mucho más saladas, más guapazas, más pizpiretas y más variopintas que las mises de ahora (vale, bien, la que tiene una banda que pone «News», la cuarta después del señor con bigote blanco de la primera fila, es de mis favoritas, por ese peinado y esa cara de malaza que tiene. Qué peligro tiene esa mujer, con ese pelazo, esa pose de mujer fatal y esos zapatacos. Ay, qué peligro).
martes, 19 de agosto de 2008
Un suceso asombroso

Un joven internauta de Decatur (Illinois) halla la efigie de Monseñor Escrivá de Balaguer cuando navegaba en un mapa interactivo de Internet sobre el norte de Montreal (Canadá). El muchacho, de catorce años, Matthew Peaches, fue el primero en sorprenderse al descubrir la imagen, que se muestra con gran nitidez y detalle: «estaba buscando el mapa de carreteras de Montreal cuando de pronto me encontré con el rostro de un hombre con gafas, pelo abrillantado y vestido como los antiguos. Corrí a buscar a mi familia y cuando lo vieron ellos no se lo creían». Matthew Peaches reconoció la efigie del fundador del Opus Dei gracias a una curiosa coincidencia «Este verano viajé a España con mis hermanos para visitar a unos familiares que viven en un pequeño pueblecito del Estado Español y daba la casualidad de que tenían en el living un cuadro enorme con una foto de esta persona. Allí en España es muy común que tengan en alguna pared de sus casas el retrato de este religioso; en casi todas las casas puede verse, pues son muy devotos suyos. Cuando vi el mapa en internet me dije "¡Caramba, pero si es la imagen del hombre del cuadro de los primos españoles!" y corrí al celular para preguntarles por el nombre de este señor». Matthew Peaches aún no da crédito a su hallazgo, «ustedes los reporters me preguntan y yo no sé bien contestarles, pues no sé si se debe a un milagro o a un efecto óptico formado por las sombras que crea la geografía de Canadá, como me indicó un experto en fotografía digital». «He enviado la imagen a un conocido programa de la TV por cable para que la analicen, pero aún no recibí respuesta de ellos». El joven Matthew se confiesa creyente y declara «No me gustaría que bromearan con este asunto, pues mi corazón me dice que algo así no puede ser pura casualidad sino más bien una prueba más de la obra de Dios sobre el ancho y alto de nuestro planeta», mientras nos muestra orgulloso una ampliación en plotter del mapa, que luce colgada en una pared de su habitación.
Un chiste lombrosiano

Tres personas en un despacho esperando que llegue el examinador que va a hacerles la prueba para ingresar en el cuerpo de policía. Entra el examinador y les dice:
—Para pertenecer al cuerpo de la policía es muy importante que sean personas sagaces, con nervios de acero y con alta capacidad deductiva. La prueba a la que les voy a someter consiste en que yo les enseño una foto de un sospechoso durante tres segundos y ustedes tienen que decirme cómo lo identificarían, sirviéndose de sus capacidades de observación y de sus estudios sobre la obra de Cesare Lombroso.
El examinador saca una foto de una carpeta y la enseña al primer examinado.
—A ver ¿cómo reconocería a este sospechoso?
—Muy fácil —dice el examinado—, lo reconocería enseguida porque tiene un solo ojo.
—¡Hombre no! —dice el examinador—, lo que pasa es que en la foto que le he mostrado el sospechoso sale de perfil.
El examinador enseña la foto al segundo examinado.
—A ver, usted ¿cómo reconocería a este sospechoso?
—Ah, eso está chupado, señor policía examinador —dice el segundo examinado—, lo reconocería rápidamente porque el sospechoso tiene una sola oreja.
—¡Pero hombre de dios! —grita el examinador— ¿es que están todos tontos o qué pasa? ¿no ve que la foto que le muestro es el retrato de un hombre de perfil?
El examinador, aborrecido, enseña la foto al tercer examinado.
—A ver usted, que tiene cara de más espabilao ¿cómo reconocería a este sospechoso?
—A ver a ver... —dice el tercer examinado—, ¡ah, lo reconocería fácilmente porque el sospechoso lleva lentillas!
—¿Que lleva lentillas? —dice el examinador—, vaya, eso ya parece un dato deductivo interesante. Espere un momento, por favor.
El examinador se dirige al archivo policial, busca la ficha del sospechoso, comprueba los datos y vuelve al despacho sonriente.
—¡Bravo! —dice el examinador—, eso sí que ha sido una buena deducción. Efectivamente, he consultado su ficha policial y sí, el sospechoso utiliza lentillas. ¿Cómo ha llegado a esa conclusión?
—Fácil —responde el tercer examinado—, ese hombre no puede llevar gafas porque sólo tiene una oreja y un ojo ¿Se da cuen?
En la foto: ilustración lombrosiana que muestra los característicos rasgos del delincuente criminal. Debajo, Antonio Garisa y Tony Leblanc en el fotograma de una de sus películas, que si los ve Lombroso los mete a la cárcel a la voz de ya.
lunes, 18 de agosto de 2008
De cómo convertir una pechuga de pollo en un pulpo a feira con cachelos

Tome media pechuga de pollo limpia, sin piel, sin grasa y sin filetear, sálela y rebócela con pimentón dulce de la Vera. Cuando le digo que la reboce no le digo que le eche un poco de pimentón, le digo que la reboce a lo bruto, que quede toda la pechuga de color pimentón. Sin miedo. Ponga dos pucheros con agua a hervir, en uno cocerá unas patatas con un poco de sal y una hoja de laurel, en el otro, espere que le diga lo que debe hacer en el otro. Envuelva la pechuga con papel de aluminio. Bien envuelta, que quede lo más herméticamente cerrada posible, apriete bien el aluminio para que quede bien pegado a la pechuga. Cuando el agua esté en ebullición, eche la pechuga envuelta y mantenga la cocción durante unos 10-15 minutos. Corte las patatas en rodajas grandes y colóquelas en el fondo de un plato (si es de madera, le quedará más coqueto). Abre con cuidado el paquete de papel de aluminio y corte la pechuga en rodajas, como si fuera un embutido. Coloque las rodajas sobre las patatas, añádale sal gorda (o unas escamas de sal Maldon) y aceite de oliva virgen andaluz al gusto. Vale, bien, no será el mejor pulpo que hayan probado, pero hace ilusión y queda un plato sencillo y decente.
Preguntas más frecuentes:
Me da un poco de grima meter un paquete de papel aluminio a cocer ¿usted cree que eso es sano?
La verdad es que no lo sé, pero como vi a Eva Arguiñano el otro día en la tele preparando la receta con una pechuga de pavo me dije «pues vamos a probar», en todo caso, seguro que usted hace papillotes al horno de una forma parecida y no tiene tantos reparos. Pruebe a ver.
¿Está seguro de que sabe a pulpo una pechuga con pimentón?
Oiga, no del todo, la verdad. La textura del pulpo no la conseguirá de ninguna manera, pero recuerde que el pulpo con pimentón a lo que más sabe es a pimentón. La receta es una buena solución para personas que no disponen de un pulpo en casa y les apetece comer algo parecido a un pulpo, o personas alérgicas al pulpo, que también las hay, que tienen añoranzas de comer algo similar a un pulpo.
¿Está seguro de que sabe a pulpo una pechuga con pimentón?
Ya le he dicho que no, pero que la receta queda más que bien.
¿Está casado?
Tengo pareja estable, oiga.
¿Si le echo sal normal en lugar de sal gorda y aceite de girasol en lugar de aceite de oliva andaluz estropearé la receta?
Pruebe a echarle entonces pimentón picante, a ver si revienta de una vez con tanta pregunta.
¿Debería meter y sacar la pechuga de pollo del puchero con agua hirviendo cinco veces, como se hace con el pulpo?
No es necesario, lo de meter y sacar el pulpo cinco veces es para que no se le rompa la piel. A la pechuga de pollo, como no tiene piel, le da igual que la meta y la saque si quiere treinta veces, pero deberá controlar el tiempo de cocción, que será diferente.
¿Y esta receta no se parece a una hostelera antigua que era la de coger una cola de rape sin espina, recozarla en pimentón dulce y meterla al horno para que se pareciera a una langosta?
Sí señora, se parece a esa receta, sí. Para qué nos vamos a engañar.
Oiga, en este momento no tengo pimentón de la Vera ¿la receta quedará igual si rebozo la pechuga en pan rallado, como dios manda?
Haga lo que quiera, de verdad, pero igual no le va a quedar. Ya se lo aviso.
jueves, 7 de agosto de 2008
Grandes hechos del 8 del 8 de 2008
El siete de agosto del año dos mil ocho y con motivo de la alarma ante la noticia del encendido del Gran Colisionador de Hadrones de CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear), situado en las dercanías de Ginebra (Suiza), para hallar el escurridizo bosón de Higgs y convertir a toda la humanidad en una especie de fideo chino con viaje gratuito a Suiza y así acabar formando parte de la masa de un enorme agujero negro, se produjo la Segunda Venida a la Tierra de Nuestro Señor Jesucristo, como venían anunciando varios grupos religiosos milenaristas desde hace varios años. Nuestro Señor Jesucristó apareció en la Tierra a las 20:35 h, en M., pedanía de V. de M., (España), durante la celebración de las fiestas del patrono de la localidad. Nuestro Señor Jesucristo se hizo carne en el centro del Pabellón de Fiestas, lugar en el que se celebraba en ese momento la Gala de presentación de las Reinas de las fiestas 2008. Al acabar el acto, Nuestro Señor Jesucristo siguió a los jóvenes del pueblo y contempló cómo se echaban vino y sangría sobre las camisetas blancas en la plaza del pueblo mientras coreaban el tema Paquito Chocolatero versión progressive-dance-mix, retransmitido a través de la megafonía colocada a tal efecto, para terminar con un encierro de vaquillas, por buena parte de las calles del casco viejo de la localidad. A continuación, Nuestro Señor Jesucristo presenció un colorido espectáculo de toro ensogado y fuegos artificiales. A las 23:45 h, Nuestro Señor Jesucristo tomó el micrófono preparado en el escenario móvil para la celebración de la verbena popular con la Orquesta Flashdance y dijo a todos los asistentes:
—He Venido, pero Me Vuelvo, La Humanidad aún no está preparada para Mi Segunda Venida. Ahora, os digo, esperad La Tercera Venida que, espero, Intentaré que no caiga en fiestas.
Tras la desaparición de Nuestro Señor Jesucristo, los asistentes celebraron tan ocurrente intervención y bailaron pasodobles, música ligera y numerosas canciones de disco dance europeo adaptadas, con mejor o peor fortuna, a la instrumentación de la orquesta.
jueves, 31 de julio de 2008
Naturaleza muerta

Fotografía de Alphonse Bertillon, 1893, encontrada en Visible Proofs, forensic views of the body.
jueves, 24 de julio de 2008
Avellanas

—Dame avellanas.
Me dice; y yo, despacio, rascándome el costado bajo la camisa y representando el gesto de darle poca importancia, como si fuera un acto natural y rutinario, camino por el pasillo hasta la cocina, abro el tarro de las avellanas, tomo un puñado, las echo en un plato pequeño de loza que guardo para ese fin en el armario y vuelvo hasta la habitación con el platito en la mano, lleno de avellanas tostadas, unas con piel, otras peladas; lo dejo sobre el mantel, que está sobre la mesa, mientras el niño del abrigo me sigue, paso a paso, con la mirada. «Puedes comer», le digo, y entonces el niño del abrigo acerca su pálida manita al plato, coge una avellana, me mira durante un instante y se la lleva a la boca. La pasea durante un rato por la boca, de un carrillo a otro, y luego la mastica con ganas. El niño del abrigo me mira fijamente y yo le digo «puedes comer más» y el niño del abrigo vuelve a sacar su manita del bolsillo, la acerca al plato manteniendo una distancia y luego, rápidamente, como un pillo callejero, roba otra avellana, se la lleva a la boca, la pasea de un lado a otro y, al rato, la mastica. Al niño del abrigo le gustan mucho las avellanas, cada vez que viene me pide avellanas. Yo, mientras, me sirvo un vino en el vaso de vino que uso cuando viene el niño del abrigo. Y espero. A la cuarta o quinta avellana, el niño del abrigo se rasca la cabeza, se acomoda en la silla y comienza a contarme cómo es su vida allí lejos. Es cierto que casi siempre me cuenta lo mismo, pero yo siempre lo escucho como algo nuevo. «Puedes comer más, son todas tuyas», le digo, y el niño del abrigo me cuenta todo eso que no podría ahora explicarles. Bien, quisiera narrarles detalladamente todo eso que me cuenta, pero comprendan que me resulta muy complicado, también doloroso. Él me cuenta que allí donde está siempre hace frío, que es un frío que se siente en la piel, en la carne y en los huesos, y dentro de los huesos, más adentro del tuétano, también. En el tuétano del tuétano del tuétano de los huesos tienen frío, constantemente. Él me cuenta que el vacío que nosotros imaginamos como vacío está mucho más habitado que el vacío que perciben los que están allí. Allí hay días muy largos donde no hay nada (mucho menos que nada para nosotros), y días que se topa con grandes grupos de gente que van y que vienen, que se empujan unos a otros, que gritan, lloran, se desesperan y que se enfadan porque no saben dónde están. La oscuridad vacía que tienen allí es de un blanco lechoso que no les deja descansar, sin día y sin noche. Eso me cuenta mientras come avellanas. Yo sé que el niño del abrigo ya no aprecia el sabor de las avellanas, pero me dice que le gusta su sabor y su forma, y se las lleva a la boca, las mastica, los carrillos se le colorean de un bonito tono rosado y los ojos se le iluminan y brillan como si tuvieran vida. ¿No es más que suficiente eso? Pasado un rato, el niño del abrigo me dice que tiene que irse, que lo llaman, yo le pregunto que quién lo llama y él me dice:
—Me llaman, debo marchar.
Entonces, acerca su manita al plato, coge de un puñado todas las avellanas que puede y las guarda en el bolsillo derecho de su abrigo. Luego su imagen se diluye y me deja aquí solo, esperando su vuelta, pues no tiene hora fija para aparecer.
martes, 22 de julio de 2008
Matthew N. Payne

Poco o casi nada sabemos de la vida y obra del poeta Matthew N. Payne, precursor del libreversismo y autor influyente en la obra de Walt Whitman. Matthew N. Payne (bautizado Matthew Singer) nació en Camden, Nueva Jersey, en la primera década del siglo XIX. Hijo de una familia protestante, se diplomó en derecho y trabajó como abogado la mayor parte de su vida, alternando su puesto en un bufete de Nueva Jersey con el oficio de escritor. En vida, publicó dos libros, La luz a través de los árboles encerados y Cantos de la tierra mojada, publicados respectivamente en 1845 y 1847 en Trenton (actualmente reeditados).
Su poema épico Dolor, angustia de lo perdido (quinto poema de Cantos de la tierra mojada) le brindó cierto reconocimiento entre los poetas y críticos americanos e ingleses de la segunda mitad del siglo XIX.
DOLOR, ANGUSTIA DE LO PERDIDO
Dolor, intenso dolor
angustia de lo perdido que
se desvanece
como arena entre los dedos.
Dolor, intenso dolor
miedo
que se adentra en lo más oscuro del espíritu
tan lejano
tan profundo
en la inmensidad del alma.
Al final de sus días, Matthew N. Payne renegó de la casi totalidad de su obra poética, especialmente de las piezas compuestas como versos libres, y volvió a las clásicas estructuras métricas. Así lo expresaba a su amigo M. T. R. en una carta fechada en 1876:
«...Repudio el verso libre. No sabes en qué medida me arrepiento de haber creado (y en mi juventud, propagado con tanto entusiasmo) el verso libre. Ahora, quebrantadas las bases de la métrica, cualquier patán zampabollos se cree poeta escribiendo versos cortos y largos según le plazca, al libre albedrío de la tontuna superficial y amanerada de un perfumista mezclador de palabras que suenan bien, que se repiten en unos y otros hasta la náusea».
Matthew N. Payne no pudo ver editado su nuevo libro compuesto con métrica tradicional Cantos de Otoño, pues días antes de su publicación fue atacado por una jauría de perros rabiosos en un bosque cercano a Trenton. Sus restos descansan en el cementerio de Middlesex.
Posteriormente, los defensores de la métrica tradicional tomaron el suceso acaecido con los perros como un castigo divino por transgredir las normas clásicas de la composición poética. Al mismo tiempo, los defensores de la métrica libre lo tomaron como un castigo divino por su retorno a la métrica tradicional. Por último, los perros rabiosos lo tomaron crudo.
lunes, 21 de julio de 2008
El videoclip del mes
No tengo ni que decirles que es mi videoclip del momento. Que me gusta todo de él. Que me gusta la versión, la coreografía, la localización de exteriores y todo. Ya está.
Presidente: ¿Por qué te vas?
domingo, 20 de julio de 2008
Una silla
—En esa silla, hará ahora treinta años, se sentó mi abuelo y fue lo último que hizo. Se sentó y se quedo muerto. Mira si era malo ese hombre que, desde aquella tarde, mosca que se posa sobre la silla, mosca que cae muerta. Mosquito que se posa sobre la silla, mosquito que cae muerto. Hasta la carcoma de las patas se murió tras sentarse mi abuelo. Yo digo que algo quedó en ella de mi abuelo, no sé si su muerte o lo malo que era, pero es un hecho que algo queda en esta silla que mata a todo el que se sienta en ella. Hará cosa de ocho años que un día vino el cobrador del Ocaso, le hice pasar, fui un momento al cuarto de estar a por el dinero y cuando volví me lo encontré sentado sobre la silla. Muerto pero bien muerto. ¿Recuerdas esa perrita que tenía la vecina, esa blanca y negra tan graciosa que ladraba a todo aquel que le parecía que no era de la casa? un día dejé la puerta de la entrada abierta, se coló y con tan mala fortuna que pegó un brinco sobre la silla y la pobrecita se quedó ahí.
—Yo las miro, primero a la silla, luego a la mujer. Después, vuelvo a mirar hacia la silla. Me quedo quieto, no sé qué decir.
—Espera un momento que te traigo las vueltas —me dice, y veo cómo se aleja por el largo pasillo caminando a pasitos cortos, arrastrando las zapatillas por el suelo de baldosa—, un momento que lo tengo preparado.
—Y yo vuelvo a mirar la silla. Es una silla normal, me digo, más bien fea, y pienso que a veces una serie de coincidencias convierten a una simple silla es la responsable de todos los males del mundo. Me siento sobre ella por el gusto de probarla, de notar esa sensación de peligro que produce infringir las leyes de las supersticiones. Me siento y sonrío. No sucede nada. La silla está aquí, yo estoy sentado sobre ella, todo está bien. Veo que vuelve por el pasillo la mujer, caminado a pasitos cortos. Me fijo en su cara y veo cómo sus ojos se estiran hacia arriba, como los ojos de los personajes de los dibujos animados. Se estiran mucho más y ahora ya parecen dos ampollas de cristal alargadas que rebasan el límite de las cejas, luego de la frente, luego sobrasalen monstruosamente por su cabeza, que ahora se ve mucho más chica, seca y negruzca, y se curvan hacia atrás. Doy un respingo y salto de la silla. Tomo el dinero de las manos de la mujer, lo meto en mi cartera y salgo de la casa casi sin despedirme. Bajo las escaleras de dos en dos hasta llegar al portal. Abro la puerta y respiro profundamente. Hace un precioso día de verano.
lunes, 14 de julio de 2008
Expo Zaragoza 2008
Si antes de venir a la Expo, desean conocer más sobre la ya famosa hospitalidad aragonesa, no duden en pinchar aquí.
Si además le hace ilusión ver a una señora mayor saludando a todos los visitantes de la Expo Zaragoza 2008 en diferentes idiomas, pinche aquí.
Si lo que quieren ver es un vídeo documental conceptual que no fue admitido porque aportaba demasiada información y no salían animaciones de florindangas de esas que crecen y lo llenan todo hechas con flash que usan los diseñadores para llenar de contenido artístico-visual carteles páginas web y flyers, pinche aquí.
Si quieren ustedes ver a una señorita humorista contando el chiste de los huevos, no dude en pinchar aquí.
viernes, 11 de julio de 2008
Del diario de Stephanus Wienner
Margarita, Margarita, Margarita era como una flor; con su estigma, su estilo, su ovario, su nectario, su corola, su pedículo, su estambres y ese polen que impregnaba todo en primavera que te jodía la vida.
Del diario de Stephanus M. Wienner, primo hermano de los hermanos Wienner, refiriéndose a una antigua novia de su etapa pospuberal.
Circa, 1908.
jueves, 10 de julio de 2008
miércoles, 9 de julio de 2008
Un experimento ocultado por la ciencia

El 22 de octubre de 1891, el joven empleado de banco e inventor Murray S. Wienner registró en la oficina de patentes de la ciudad de Circa su «ingenio eléctrico reductor de cráneos». Murray S. Wienner se sirvió de su hermano gemelo Alphonse para experimentar con su nueva máquina, como muestra la doble exposición fotográfica, único documento gráfico que queda de su estudio El jibarismo eléctrico, utilización del ingenio reductor de cabezas, usos y aplicaciones (publicado en Circa en 1894, del que tan sólo quedan media docena de ejemplares). De su hermano Alphonse se conservan varias cartas que envió a su prometida, Mary Anne Rowe, en el tiempo que pasó en la mansión de la familia Loxley, durante su estancia en Cambridge; cuatro de las cuales narran con detalle las contrariedades que Alphonse sufrió tras el experimento (cefaleas constantes, expulsión del distinguido Club de la Pipa de Circa, lagunas en la memoria y falta de apetito, entre otros).
«Mi adorada florecita, como te comuniqué en mi última carta, me encuentro en cama aquejado de una terrible migraña que me impide realizar cualquier labor. Sin ir más lejos, el intento de seguir con la vista lo que la pluma traza sobre el papel me está resultando un verdadero martirio...».
(Es posible consultar la publicación de las cartas completas en el número 87, pp. 208-235 de la revista Science & Mental Medicine, Minnesota, número doble especial, agosto, 1972).
Respecto a la máquina, no se conserva ni una sola pieza de ella, pues desapareció, junto al propio Murray y sus libros de anotaciones, en el incendio que asoló parte del barrio antiguo de la ciudad de Circa en 1902.
sábado, 5 de julio de 2008
Haga feliz a un ser humano (y si usted encuentra esa canción dice que le recompensará)

El señor David anda buscando un tema que le marcó hará cosa de tres años y que no encuentra.Es de Gabriel Cardoso y se titula «Viva Expo 98». Yo he buscado en el youtube, en el limewire y por páginas interniles y no he encontrado más un LP suyo que se puede descargar previo pago pero que no tiene ese tema. ¿Alguien sabe dónde encontrar esa bonita canción y así convertirlo en el hombre más feliz del planeta?
miércoles, 2 de julio de 2008
Sobre el arte de invocar a los ángeles (2)
En la tarde del 12 de mayo de 1889, la joven médium Mary O’Connell hizo aparecer ante una sala llena de curiosos asistentes de la pequeña localidad de Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch (isla de Anglesey, Gales), al ángel Agaragarabagradiel, que se presentó como un «ser de fuego, lleno de poder y furia ardiente de Dios». Ante la pregunta de uno de los periodistas allí convocados sobre «cómo invocar a los ángeles» el ángel Agaragarabagradiel respondió «los mortales no podéis invocar a los ángeles, pues vosotros fuisteis creados de barro y nosotros de esencia de Dios pura» y desapareció tras un fuerte estampido, que los asistentes identificaron como «algo parecido al disparo de un cañón». La médium Mary O’Connell quedó sumida en un profundo coma que la mantuvo en estado vegetal durante 55 años. Durante este tiempo, fue trasladada a varios hospitales, hasta que en el año 1928 un consejo de doctores europeos decidió mantenerla como paciente interna en el hospital de Dresde (Sajonia, Alemania). El 7 de octubre de 1944, Mary O’Connell despertó del largo letargo, pidió un vaso de agua y, no sin dificultad, expresó que deseaba ver a sus padres. Dos horas después, un ataque aéreo del ejército norteamericano lanzó dos bombas sobre el ala oeste del edificio del hospital y Mary O’Connell, de 78 años de edad, pereció junto a otros 35 pacientes, 22 enfermeras, cuatro médicos y un hombre de 45 años que estaba en ese momento visitando a un familiar enfermo.
martes, 1 de julio de 2008
El viejo chiste del loro
Entra un hombre o una mujer en una pajarería, se entretiene mirando las jaulas de los pájaros y al rato se acerca al ornitovendedor.—Hola, buenas tardes, querría comprar un loro.
—Acompáñeme —le dice el ornitovendedor, mientras le hace un gesto de venga venga con la mano extendida.
—No faltaba más —le responde el comprador o la compradora.
—Mire qué loro más majo.
—¿Cuánto vale?
—1200 euros.
—¿Y cómo que vale 1200 euros?
—¿Que cómo que cómo vale 1200 euros? Oiga, este loro recita la lista de los reyes godos a la perfección.
—Ah, bueno, está bien... pero no es lo que buscaba...
—Mire este otro loro. Le canta el romance de La Lirio igualito igualito que Nati Mistral.
El loro, al oír la palabra «lirio», se pone todo hueco y canta perfectamente entonado:
—La Lirio, la Lirio tiene, tiene una pena la Liro y se le han puesto las sienes moraítas de martirio...
—¿Y cuánto vale este loro? —pregunta el/la comprador/compradora.
—El loro de la Lirio vale 1800 euros. Pero ojo, que los vale, mire qué planta, mire qué voz —le responde el ornitovendedor.
—Cantar mal no canta, pero yo quería otra cosa... Oiga ¿y este loro chuchurrío y viejo de la jaula del fondo cuánto vale?
—¿Que cuánto vale este loro chuchurrío y viejo de la jaula del fondo? este loro, este loro chuchurrío y viejo de la jaula del fondo vale 7800 euros, pero ojo, que es una maravilla de loro —le dice el ornitovendedor.
—Para costar eso, ya tiene que ser bueno el loro, sí ¿y qué hace? —pregunta el/la comprador/a.
—Huy, este loro es una maravilla. Mire ¿ve esta cintita de raso verde que lleva en la patita izquierda?
—La veo, la veo.
—Pues mire qué maravilla, si le tiro de la cintita verde le canta en francés perfecto con acento belga el Ne me quitte pas.
El ornitovendedor da un tirón de la cinta verde y el loro se pone a cantar:
—Ne me quitte pas, il faut oublier, tout peut s'oublier, qui s'enfuit déjà, oublier le temps, des malentendus, et le temps perdu, a savoir comment, oublier ces heures, qui tuaient parfois, a coups de pourquoi, le coeur du bonheur, ne me quitte pas, ne me quitte pas, ne me quitte pas, ne me quitte pas...
—Ah, muy bonito, muy bonito... cómo canta de bien el loro —dice admirado el/la comprador/a.
—Pues mire —le dice el ornitovendedor— ¿ves esta cintita de raso azul que lleva atada en la patita derecha? pues si tiro de ella le canta el Irish rover en perfecto irlandés. Mire —el ornitovendedor tira de la cinta azul que lleva atada el loro en la patita derecha y el loro se pone a cantar:
—In the year of our Lord, eighteen hundred and six, we set sail from the Coal Quay of Cork, we were sailing away with a cargo of bricks, for the grand City Hall in New York...
—Ah, pue sí que canta bien este loro en irlandés, sí... Oiga —le dice el/la comprador/a al ornitovendedor— ¿y si tiro de las dos cintas a la vez?
–¡Me caigo, hijoputa!* —le responde el loro.
*O hijaputa, si ha decidido que el supuesto comprador sea una compradora.
jueves, 19 de junio de 2008
Si volviera a nacer, sería pastelero
Si volviera a nacer, algo poco probable, me haría pastelero. Un buen pastelero. Quizá el mejor de los pasteleros de todo el barrio de la Salpêtrière. Haría deliciosos pasteles de crema de limón, arándanos, fresas silvestres y menta, tartas de nata fresca con piel de naranja amarga confitada, croissants elaborados con mantequilla de Isigny rellenos de crema vienesa, crujientes pastelitos de chocolate negro y jengibre, caramelos de todas las esencias, galletas de anís y licor, tartaletas de crema de vainilla y almendras, nubes de clara montada con azúcar glasé y canela de Madagascar. Tendría una bonita pastelería y la gente vendría de todo París a comprar mis pasteles. Los pasteles más delicados de todo París. Tendría a varias personas atendiendo a los clientes, que pedirían con la mano levantada «¡A mí, me toca a mí!» y desde el obrador oiría a los chicos gritando «¡Mas croissants!», «¡Dos bandejas de tartaletas de frambuesa!», «¡Ocho tartas de queso con pistacho y diez "mont noir" para llevar!». El obrador sería grande y luminoso y contaría con un experto equipo de pasteleros y aprendices con la cara manchada de harina amasando y amasando durante todo el día. Eso me gustaría, ser el mejor pastelero de todo Salpêtrière. A los clientes buenos, a las buenas personas, les prepararía postres especiales, unos más grandes para los más golosos, otros más delicados para las bonitas damas, otros con los ingredientes más exóticos e impensables para los «conocedores» más atrevidos. A los clientes malos, o a los que no fueran clientes pero bien malas personas, les regalaría también pasteles bien borrachos de licor con unas buenas gotas de veneno. Les ofrecería el pastel, ellos lo tomarían confiados de mis manos, agradecidos, se lo llevarían a la boca y yo, desde el mostrador, vería con satisfacción cómo poco a poco la tez les cambiaba de color, cómo irían sintiendo un dolor cada vez intenso en las entrañas, cómo caerían hacia atrás de un salto y patalearían y gritarían hasta morir con los intestinos reventados y la lengua hinchada y azul saliendo de su boca. Eso me gustaría. Nadie teme a un buen pastelero. Claro está, para no sembrar sospechas, no lo haría todos los días, sólo alguna vez. Una vez a la semana o quizá cada dos. Luego, pasado el tiempo, tendría que cambiar de ciudad, dejar el oficio de pastelero y hacerme, por ejemplo, joyero, nadie teme a un buen joyero. Es un trabajo laborioso pero tranquilo el de joyero. Y, si se lleva el oficio con diligencia, se puede ganar uno muy bien la vida.
lunes, 16 de junio de 2008
De la Creación gnóstica

Cuentan que, cuando el mundo aún era muy joven, el demonio sintió celos de la obra de Dios y deseó también él crear un ser vivo como los demás animales que poblaban los campos, los mares y los ríos. Tras muchos fallidos intentos, el demonio recorrió el mundo y devoró todos los animales que encontró a su paso, unos pocos de cada especie. Así devoró cabras, lobos, tigres, perros, ratas, aves de todo tipo, serpientes, lagartos, insectos, sapos y ranas, ciervos, gatos, monos, elefantes, peces, medusas, pepinos de mar, estrellas de mar, caballitos de mar, puercoespines, zorros y una lista incontable de animales que vivían sobre la tierra, bajo ella, en los grandes océanos, en los ríos, en las montañas y en las cavernas. Luego, el demonio, vestido ahora de humilde alfarero, modeló dos cuerpos huecos de barro y los metió en el horno hasta que quedaron rígidos. Abrió sus bocas y vomitó todo lo que había comido: cabras, lobos, tigres, perros, ratas, aves de todo tipo, serpientes, lagartos, insectos, sapos y ranas, ciervos, gatos, monos, elefantes, peces, medusas, pepinos de mar, estrellas de mar, caballitos de mar, puercoespines, zorros y todos los demás animales que había devorado. Y vio que los dos cuerpos estaban llenos y parecían hermosos pero no cobraban vida como las demás criaturas que Dios había formado. Así que llamó a un par de ángeles observadores que en ese momento estaban cuidando por la tranquilidad de la tierra, velando para que el pez grande se comiera al chico, el gato se comiera al ratón y el tigre a la gacela y no al revés, pues si el pez chico se come al grande, el ratón se comiera al gato y la gacela al tigre se crearía en el mundo un gran caos y una gran confusión. Así que, el demonio, valiéndose de sus malas artes, llamó a esa pareja de ángeles para que bajaran ante su presencia. ¿Qué quieres de nosotros, antiguo príncipe del cielo que tan bello lucías ante Dios y que fuiste por él destronado por tu envidia, por tu odio y por tu orgullo? Y el demonio, sin darles siquiera respuesta usó de su magia antigua y los llevó a un sueño profundo, arrancó sus almas y las metió en los cuerpos de barro. Pasado el tiempo, los espíritus de los ángeles despertaron y al verse presos en un tosco cuerpo de barro cayeron de rodillas y lloraron desconsoladamente la pérdida de su cuerpo celeste. Lloraron y lloraron y nada quitaba la pena, pues cada vez que tornaban los ojos para secar su llanto, se veían presos en esa cárcel de arcilla y sentían una pena inmensa que les llevaba de nuevo a llorar y a llorar sin que nunca se agotaran las lágrimas. Y así fue como el demonio creó al hombre y a la mujer al principio de los tiempos y la razón de por qué los hombres y las mujeres lloramos desde nuestro nacimiento hasta que morimos.
En la foto: diferentes tipos de seres humanos: el señor calvo con bigote (izquierda), el señor alto con bigote (derecha) y el señor chiquitico (en el centro). Fotografiados en la ciudad de Circa, 1910.
miércoles, 11 de junio de 2008
Genetic Genesis
En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día. Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo. Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas saladas llamó Mares y a la reunión de aguas con menos sal llamó ríos. Y vio Dios que era bueno. Después dijo Dios: háganse las procariotas y sepárense en los dominios Bacteria y Archea. Y que de un conjunto de procariotas se formen las eucariotas y de estas se formen los metazoarios. También háganse las algas, para que en tiempos futuros los japoneses aislen de ellas el glutamato monosódico y lo usen para que sus sopas estén mucho más sabrosas. Después dijo: hágase el Cámbrico, para que los humanos que buscan fósiles se hagan un lío grande intentando descubrir si tal fósil tiene unas patas en forma de cono sin articulaciones o si lo que parece que son patas sean unos pinchos que les salen del lomo. Y vio Dios que era bueno pero un pelín lioso, tanto bicho raro, y se dijo: alguno de estos bichos voy a mantener, pero otra buena parte de ellos los extinguiré para que los seres venideros no me tomen por un Dios chapucero. Y dijo Dios: háganse un buen puñado de plantas terrestres a partir de las algas, para que animen la Tierra, que el mar ya está muy lleno de plantas raras. Háganse los pescados, los anfibios y los reptiles. Y vio Dios que todo aquello era bueno y muy creativo. Y Dios dijo: háganse los árboles, árboles de fruto que den frutos según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues el árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno y más que bueno cuando creó árboles que dan fruto en la zona de la tierra que ahora se llama Calanda y los árboles que dan fruto dieron como fruto unos melocotones gordos y jugosos, que envolvió entre papeles de celofán para preservarlos de los insectos que pupulaban sobre la tierra. Y dijo Dios: son tan buenos estos frutos que voy a ponerles piel con pelusilla para que den dentera, que todo no puede ser bueno en un mismo fruto. Y Dios puso piel con pelusilla que da dentera a los melocotones, pues todo no puede ser bueno en un mismo fruto. Y Dios lo vio y dijo: es bueno todo menos la pelusilla que da dentera. Y fue la tarde y la mañana el día tercero. Dijo luego Dios: Entre tanto bicho había olvidado poner las lumbreras, que tenían que haberlas puesto antes, pero como nadie me ve, las pondré ahora en un chim-pón. Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche. Años más tarde Dios descubrió que la lumbrera de la noche no era exactamente una lumbrera y se propuso cambiarla, pero luego vio que hacía bonito así, reflejando la luz de la lumbrera del día y se dijo: está bien así aunque no sea exactamente una lumbrera. Y, como dije antes, las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra; hizo también las estrellas, para señorear en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día cuarto. Dijo Dios: Háganse los dinosaurios y que a los reptiles se les desplace un par de huesecillos de la mandíbula para formar un oído como Dios manda, con su yunque, su martillo y su estribo. Y creó Dios los bichos con tres huesos en el oído, con su yunque, su martillo y su estribo. Y vio Dios que era bueno y muy ingenioso eso de hacer oídos complejos con tres huesos. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, multiplíquense las aves en la tierra y que aparezcan los marsupiales, a ver cómo resultan los marsupiales. Y fue la tarde y la mañana el día quinto. Luego dijo Dios: me gustan mucho estos marsupiales; que de los marsupiales surjan los primeros mamíferos placentarios y las primeras flores para que den colorido a la tierra, produzcan alergia a algunos sevillanos granaínos y los placentarios se diviertan olisqueándolas. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno además de muy bullicioso. Entonces dijo Dios: Ya que estamos con los placentarios, hagamos al hombre y a la mujer a imagen y semejanza de sus padres pero más jóvenes, para que la evolución los lleve hasta la persona de Tom Cruise y así se alimente de la placenta, que dicen que es muy nutritiva. Y pasó el tiempo y vio Dios a Tom Cruise comiendo placenta frita con ajo tierno en un plato de loza sobre la mesa de la cocina y se dijo: Ahora sí que no sé si esto es bueno, es malo, es medio bueno o es medio malo.Y fue la tarde y la mañana el día sexto y Dios se dijo: pues casi que hoy voy a descansar. Y Dios intentó descansar, pero cada vez que cerraba los ojos para dormir le venía a la cabeza la imagen de Tom Cruise comiendo placenta frita con ajo tierno en un plato de loza sobre la mesa de la cocina y se desvelaba. Y Dios dio varias vueltas en la cama, se bajó la manta porque tenía calor, luego se subió la manta porque tenía frío, se levantó a beber agua, se volvió a acostar, apagó la luz, luego la volvió a encender, dio otras cuantas vueltas en la cama, luego se incorporó y se dijo: Ya me ha desvelado el Tom Cruise ese.
martes, 10 de junio de 2008
El chiste del tendero que padece afasia de Wernicke y además es hombre de ideas fijas con tendencias violentas
Entra un tipo en una droguería
—Quiero un tubo de Licor del Polo.
—Y yo escupite y matate.
domingo, 8 de junio de 2008
Las fotos de Yo soy Bea de guapa*

Mire, David, tanto tiempo esperando y esperando que llegara el capítulo en el que Bea se quita el aparato, se despinta las cejas y se pone un vestido corto y, placa, la web de Telecinco coge y se adelanta a la emisión de esta noche y pone las fotos en su web.
Pues nada, aquí tienen la foto en sepia de Bea de guapa con don Álvaro haciendo el mico. Y si quieren ver más fotos y además a todo color, no tienen más que darle aquí (y Bruce Willis está muerto desde el principio de la película y los niños de Nicole Kidman también están muertos y por eso la mujer no abre las cortinas, que si se jorean se corrompen).
*Esta entrada es una entrada de prueba para comprobar el número de visitantes que buscan información de Bea que voy a tener a lo largo del día.
sábado, 7 de junio de 2008
Un vicario bien informado
I
1) Entregarse a la masturbación, mirarse las partes sexuales y tocarse a sí mismas.
2) Acariciar levemente con la palma de la mano la parte superior de la matriz.
3) Tocar el clítoris con el dedo en el interior del vaso, etcétera.
4) Introducir un dedo en la vagina.
5) Introducir en la vagina un trozo de madera redondeado, etc., u otro objeto cualquiera que represente el miembro viril.
6) Apoyar las partes sexuales contra las patas de una mesa o la arista de un muro para excitar la polución; o frotarlas contra la silla en la que la joven está sentada; o sentándose en el suelo y aplicando la punta del pie sobre el recipiente; o cruzando los muslos y ejerciendo presión sobre la matriz, y haciendo movimientos sobre sí misma para introducir sensaciones venéreas, etc.
II
Tocar una joven a otra, o varias jóvenes entre ellas. Entregarse a la sodomía entre jóvenes, a veces las hermanas entre ellas, sobre todo si se acuestan en la misma cama y una aplica el pie, el muslo o la pierna de la otra en sus partes sexuales, etc., para provocar así la polución.
III
Tocarse una muchacha y un muchacho en las partes sexuales. A veces, intentando fornicar aunque de manera imperfecta.
IV
1) Bestialismo. Aplicar la matriz sobre un animal cualquiera y frotarse contra él para provocar la polución.
2) Introducir en el vaso el pico de un pollo o una gallina. O bien poner saliva o pan en la matriz y atraer a un perro para inducirlo a lamer las partes púdicas. O bien masturbar a un perro para envararle la verga e introducirla en el vaso.
Del libro Tratado de la castidad, del padre René Louvel, vicario de Evreux y profesor de seminario (mediados del siglo XIX). Citado en el libro La carne, el diablo y el confesionario, de Guy Bechtel, Ed. Anaya & Mario Muchnik, Barcelona, 1997.
miércoles, 4 de junio de 2008
Que no

Que se creían ustedes que se iban a librar de mí tan fácilmente.
Volveré, con energías renovadas incluso.
De momento, dejo la foto de Beatrice Trewenick y su pony, fotografiada en 1900 por William Henry Corkhill en la ciudad de Circa.
Si la amplían y la miran fijamente sin pestañear durante cinco minutos y luego se meten inmediatamente en la cama, tendrán un sueño secuencia-bucle donde verán a Beatrice dando de comer cebada al pony durante todo el rato que dure su descanso. Verán a Beatrice dando de comer cebada al pony durante todo el rato que dure su descanso. Verán a Beatrice dando de comer cebada al pony durante todo el rato que dure su descanso. Verán a Beatrice dando de comer cebada al pony durante todo el rato que dure su descanso. Verán a Beatrice dando de comer cebada al pony durante todo el rato que dure su descanso.
Post scriptum: esta entrada ha dado pie a otra entrada del blog amigo de Javier. Y si le dan aquí verán qué bonita y madrugadora que es.
jueves, 29 de mayo de 2008
Una anécdota de los Haldane de toda la vida
Al cabo de un rato llegamos a un lugar donde el techo estaba aproximadamente a unos dos metros y medio y, por tanto, un hombre podía ponerse de pie. Uno de los del grupo encendió su lámpara de seguridad. Ésta se llenó de una llama azul y a continuación se extinguió con una pequeña explosión. Si hubiera sido una vela hubiera desencadenado una detonación y probablemente habríamos muerto. Pero, por supuesto, la rejilla de la lámpara de seguridad mantuvo la llama en el interior. El aire próximo al techo estaba lleno de metano, o grisú, que es un gas más ligero que el aire, de modo que el aire que había a ras del suelo no era peligroso.
Para demostrar los efectos de respirar grisú, mi padre me dijo que me pusiese de pie y recitase el monólogo de Marco Antonio en el Julio César de Shakespeare que empieza: «Amigo, romanos, compatriotas». Pronto empecé a jadear, y aproximadamente al llegar a «el noble Bruto» mis piernas cedieron y me derrumbé en el suelo donde, por supuesto, el aire era bueno. De esta manera aprendí que el grisú es más ligero que el aire y que respirarlo es peligroso.
Narración de J.B.S. Haldane recordando cuando, de muchacho, acompañaba a su padre, J.S. Haldane, al fondo de las minas en sus investigaciones sobre los efectos de los gases tóxicos en los mineros. Aparece en el libro Eurekas y Euforias, de Walter Gratzer (Crítica, Barcelona, 2004), que es un libro muy divertido sobre anécdotas científicas (si no fuera por el dibujo de la portada, que echa para atrás, pues se parece a las portadas de los discos de Clásicos populares de TVE).
sábado, 24 de mayo de 2008
Las cajas de Ward
Es posible que, amado lector, alguna vez le haya tocado bajar las llaves del portal a su vecina anciana del piso de abajo y amablemente le haya ofrecido pasar hasta el recibidor; y es posible que se haya encontrado que sobre una mesa-estante de mármol con patas barrocas de madera reposa una especie de ampolla de cristal con flores secas, o flores de tela, o flores de plástico en su interior. Tras salir de la vivienda, es posible que se haya preguntado ¿por qué, señor, por qué los seres humanos meten flores secas, o de tela, o de plástico bajo una ampolla de cristal? Pues todo tiene su explicación, y como tiene explicación y me debo a ustedes, se la voy a dar. La ampolla o la caja de cristal con flores secas, de tela o de plástico que encontramos en la entrada de algunas viviendas, en locales de todo a un euro y en tiendas de regalos, es una versión kitsch de un invento que hizo furor a mediados del siglo XIX, la caja de Ward. El cirujano londinense Nathaniel Bagshaw Ward ideó una caja de cristal casi hermética que servía para albergar plantas naturales vivas durante largos periodos de tiempo. El sistema es sencillo: la humedad que las plantas transpiraban por el día rezumaba por la noche por la paredes del vidrio y rehidrataba el sustrato. Una pequeña abertura (relativamente pequeña para impedir que se colara la humedad del interior) facilitaba la entrada de dióxido de carbono y la salida de oxígeno y mantenía las plantas durante un tiempo lo suficientemente largo como para que la caja de Ward se convirtiera en un bonito y vistoso elemento decorativo que toda persona refinada de la época debía tener en su hogar. La caja de Ward tuvo muchos usos, y resultó muy útil durante la expansión comercial del imperio victoriano. Fueron utilizadas en los viajes transoceánicos para transportar de un continente a otro especies que no se cultivavan fácilmente a partir de semillas. Y bien, se puso de moda, y bien, las plantas duraban un tiempo, pero al final morían. Solución: plantas secas, de tela o de plástico dentro de una especie de caja de Ward. Cómodo, limpio y vistoso, y no se mueren.
viernes, 23 de mayo de 2008
Los estolones

Aprovecho que ha dejado de llover un rato para hacer foto y mostrar que he plantado los estolones con los palicos bendecidos por la blanca paloma. Bien, no se ven muy bien, pero si se fijan en el círculo de abajo a la derecha verán un palo. Ahí, ahí están los estolones. Ahora vamos a darles unos días para que se pongan más mozos. En primer plano, un manzano; a la izquierda, el minihuerto; al frente, fresas, fresones, hierbas aromáticas y una hierbabuena que está que lo peta. A la derecha, hiedra, madreselva, parra, y varias plantas de frutas del bosque. Faltaba la zarzamora sevillana. Ole ole.
jueves, 22 de mayo de 2008
Un caso sórdido

—Vengo a entregarme.
Catherine S. Meredith, la asesina más buscada en la década de los treinta de la ciudad de Circa, se presentó en la comisaría del distrito ocho con el pelo recogido en un moño alto, descalza y vestida con un camisón de lino blanco manchado de sangre y orina bajo un amplio abrigo de paño gris.
—Son esos bichos, comienzan a subir por mis pies bajo la piel, suben por mis rodillas, por mis muslos, por mi vientre, por mis brazos, y cuando llegan a mi cuello me ahogan, tengo que hacerlo, me piden que lo haga, me obligan a hacerlo y lo hago.
Catherine S. Meredith, temblando de frío, rodeando con las manos manchadas de sangre la taza de café caliente que le acababa de servir el comisario Jobs relató, uno tras otro, cada uno de sus asesinatos.
Catherine S. Meredith confesó que había acabado con la vida del senador republicano S. P. Henley la noche del 8 de febrero de 1928; del policía T. B. (8-4-29), del ama de llaves de la familia Ewing, S. M. (10-5-29); de dos enfermeras del hospital de San Andrés (22-1-30), del ilustre doctor S. Dowson (6-8-32), del conductor de tranvía T. Wratislaw (¿12-15?-10-33), del jugador de béisbol S. Browning (23-11-33); del constructor M. R. Heath y de su esposa S. Heath; de dos trabajadores de las minas (¿?) y, ese mismo día que se presentó en la comisaría, de su marido, Samuel Lewis Dobell.
—Con Samuel no me ha hecho falta que me subieran bichos ni nada. Era un mal hombre. Lo he matado en la cocina y luego me he sentido culpable. A éste lo he matado yo. Ahora tengo miedo.
miércoles, 21 de mayo de 2008
Sí

La muchacha con el talle exquisitamente ajustado por una amplia banda de brillante seda azul añil bordada con delicados dibujos de finísimo hilo de oro que representan con sumo detalle hermosos palacios imperiales melocotones en flor y pequeños ruiseñores trinando sobre sus nudosas ramas giró la cabeza hacia mí mostrando su cuello desnudo suave y blanco como los pétalos de la flor del loto al iniciarse el día. La muchacha giró la cabeza entornando los ojos y dijo «sí» y en ese fugaz pero intenso instante vislumbré sus preciosos dientes teñidos de negro tan negro como la negra laca de un jarrón en la oscuridad tan negro como una oscura y quieta noche de invierno sobre el monte Fuji tras apagar con el aliento la lumbre de un candil de aceite.
viernes, 16 de mayo de 2008
Señales divinas

Hoy me han ocurrido tres grandes coincidencias que demuestran que el Todopoderoso es un escarabajo. Por la mañana, Badil me habla de un cielo lleno de pelotillas y por la tarde, comprando en el Galerías Primero (que es como un Mercadona o como un Eroski pero de aquí) de un pueblo cercano (pues hoy era San I-si-dro y era fiesta aquí), y expresándole a mi señora excitadisísimo la importancia de que tengamos tres huesos en el oído en lugar de uno (como los reptiles) y que el Grandísimo es un escarabajo grandísimo, me ha nombrado al escarabajo pelotero. Primera coincidencia. La segunda, que Arkab, Badil y Koldo se refieren al escarabajo kafkiano; luego David dice que los del Real Zaragoza se ponen camisetas de escarabajo de la patata y, al poco, Javier me manda unas láminas preciosas de escarabajos; una de ellas, de un escarabajo de la patata bien gordo en su esplendor celestial. Tercera coincidencia.
Son señales divinas. Yo lo sé.
En la foto: escarabajo de la patata (Leptinotarsa decemlineata Say, 1824).
jueves, 15 de mayo de 2008
Dios tiene una inmoderada afición por los escarabajos

A J.B.S. Haldane le deben mucho los genetistas y los biólogos evolutivos. La humanidad estera le debemos una de las respuestas más lúcidas a la pregunta de unos teólogos sobre qué podía deducirse de la obra del Creador a partir de un estudio de las obras de la Creación: «Dios tiene una inmoderada afición por los escarabajos».
Según Nigel E. Stork, entomólogo del Museo Británico, el número total de especies formalmente nominadas de animales y plantas (con exclusión de los reinos diversos de hongos, las bacterias y otros organismos unicelulares) se acerca en la actualidad a 1,82 millones. De esta cantidad, más de la mitad son insectos (el 57 por 100)... y cerca de la mitad de todas las especies descritas de insectos son escarabajos. Así, los escarabajos representan alrededor del 25 por 100 de todas las especies descritas en los reinos vegetal y animal.
Kenneth Kermack, amigo de Haldane, escribe en una carta en The Linnean (agosto de 1992):
Haldane estaba planteando una cuestión teológica: es muy probable que Dios se preocupe por reproducir su propia imagen, y sus 400.000 intentos para producir el escarabajo perfecto contrastan con su descuidada creación del hombre. Cuando nos encontremos cara a cara con el Todopoderoso se parecerá a un escarabajo y no al doctor Carey [el arzobispo de Canterbury].
Del ensayo «Una especial afición por los escarabajos» de Stephen Jay Gould, en el libro Un dinosaurio en un pajar. Ed. Crítica, Barcelona, 1997.
En la foto: ejemplar de Hylobius abietis.
miércoles, 14 de mayo de 2008
Fetichismo ectoplasmático

En la foto, 2 de octubre de 1928, la médium Dorothy Henderson en una sesión espiritista, tomada de ambas manos para prevenir una acción fraudulenta, se pone la falda perdida de ectoplasma.
Sí, la foto inquieta. Llevo un rato mirando qué es lo que me inquieta y llego a la conclusión de que me inquieta todo. Las cortinas que cubren parte del cuerpo de la médium, como la yegua blanca del cuadro de Füssli; las dos manos de los testigos en postura barroca y los brillos en el pulpejo de la mano derecha; la punta brillante del zapato de la derecha; los zapatos de hebilla de la médium; las medias brillantes; la cabeza caída al estilo ringu mostrando el nacimiento del pelo y el respaldo de la silla tachonado con ese brillo en la piel de la tapicería y el suelo de tablas. ¿El ectoplasma? bueno, el ectoplasma es lo de menos. Es más, si eliminamos el ectoplasma la foto queda igual o más inquietante.
domingo, 11 de mayo de 2008
Carne y pescado

Alicia, la bella carnicera del puesto 41 del mercado, fileteaba con desgana una enorme pieza de ternera. José, el mozo pescatero del puesto de enfrente, la miraba de reojo mientras apilaba las cajas de calamares en el mostrador. Alicia ahora pesaba un kilo de hígado de cerdo, José escamaba una merluza.
—¿Estos calamares son de anzuelo?
—¿No ve que son de anzuelo? si fueran de arrastre que iban a tener así de bien la piel.
José amaba a Alicia. Alicia partía con un golpe certero una cabeza de ternasco por la mitad.
—No me pongas las vísceras del pollo, que no las uso.
—No, si ahora ya vienen limpios.
—Vale.
—¿La molleja tampoco?
—La molleja sí.
Un día José se armó de valor y escribió con sardinas sobre el mostrador inclinado la frase «Alicia ¿quieres ir mañana al cine conmigo?», punteando sobre las íes con perejil.
Alicia, que algo barruntaba desde hacía meses pues cada vez que levantaba la cabeza se encontraba con José mirándole de reojo y bajando la cabeza de golpe como si tuviera un mal en el cuello, escribió sobre el mostrador un bonito «SÍ» con dos intestinos gruesos de vaca. Ese fue el inicio de una hermosa historia de amor. A los dos años se casaron, tuvieron tres hijos y los once años de divorciaron. Luego Alicia volvió a casarse y José tuvo tres novias, vendió su pescadería, que era herencia familiar, y montó un bar, que le medio va, sobre todo los fines de semana y cuando hay partido.
En la foto: jóvenes ayudantes de quirófano del hospital de St. Andrew de la ciudad de Circa posan desenfadadas y sonrientes ante la cámara con sus mascarillas de trabajo (1809).
Una enorme cantidad de células adiposas
Pocas veces el Diccionario de la Real Academia Española (a partir de ahora RAE, aunque el texto que encierran estos paréntesis sea de poca importancia, pues no voy a volver a nombrar el Diccionario de la Real Academia Española en toda la entrada. [Pueden olvidarse de esta apostilla, en parte por lo anteriormente expuesto; en parte porque es una apostilla falsa]), como iba diciendo, pocas veces el Diccionario de la Real Academia Española (y lo repito, porque tras la lectura del texto entre paréntesis anterior igual ya no recuerdan el principio de la frase [esta apostilla sí que no miente]) nos deja entrever las angustias personales del autor de la descripción de una voz, pero a veces se encuentran. En el caso que nos ocupa, al autor le preocupa el volumen de su panza, o así lo parece, con esa última frase que más que aportar información lo que hace es un extraño juicio que no sé muy bien de dónde le sale. A saber, la voz es mesenterio, un sinónimo de entresijo:
mesenterio.
(Del gr. μεσεντέριον).
1. m. Anat. Repliegue del peritoneo, formado principalmente por tejido conjuntivo que contiene numerosos vasos sanguíneos y linfáticos y que une el estómago y el intestino con las paredes abdominales. En él se acumula a veces una enorme cantidad de células adiposas.


