
La mancha negra y borrosa se arrastra por el suelo y, cuando se encuentra a su paso con un obstáculo como la pata de una mesa, se bifurca rodeándolo como una gota de tinta china espesa, vuelve a unirse y continúa su recorrido hasta alcanzar el rodapié. La mancha negra y borrosa sube reptando por la pared, se queda quieta, tiembla durante unos minutos y reanuda su marcha hasta el techo. Otras veces, la mancha negra y borrosa se introduce entre los cristales y la fina capa de estaño de los espejos azogados de los escritorios y observa inmóvil a los que duermen. Pocas veces la mancha negra y borrosa queda así, tan quieta, pues su naturaleza la lleva a retemblar, a caer de golpe desde lo alto como una salpicadura o a titilar como si sintiera frío, sólo tras el espejo se sosiega y es entonces, cuando en la habitación no hay ni un solo ruido, que se puede sentir su respiración, muy leve, casi imperceptible, pero si goza de oído fino y presta atención la podrá escuchar.
—¡La mancha hiptálmica!
—¿Cómo dice?
—¡La mancha hiptálmica!
—¿Me está bromeando? ¿A qué se refiere?
—¡Está usted hablando de la mancha hiptálmica! Federico sufrió de lo mismo que le sucede a usted, señor mío.
—¿Y acaso tiene cura?
—Lo lamento, pero no sabría aconsejarle ningún remedio.
En la foto, fotograma de la instalación «Peruna perhe käy Keskuskauppakamarin Valkoisessa talossa» del artista finlandés de origen italiano Andrea Montanotti para la exposición colectiva Olemme kentällä nojalla jalat.
lunes, 30 de marzo de 2009
La mancha negra y borrosa
viernes, 27 de marzo de 2009
Los tres cerebros
Decía el neurocientífico Paul MacLean (1913-2007), apoyándose en las anteriores investigaciones del neurólogo James Papez (1883-1958) que los humanos tenemos un cerebro triple, un tres en uno. El primero, el más interno y más primitivo, es el cerebro de reptil, que conservamos rodeado por el cerebro paleomamífero y éste, a su vez, rodeado por el cerebro neomamífero. El cerebro de reptil se ocupa de las rutinas y de salvar el pellejo cuando uno se ve en peligro. El cerebro paleomamífero es el que nos ayuda a interactuar con el exterior, en él se alberga la memoria, la atención, las emociones, el deseo sexual y, posiblemente, el gusto de rascarse. El cerebro neomamífero, el neocórtex, nos sirve para razonar, para cambiar impresiones y para enamorarnos de la persona con la que se acostó la noche anterior el cerebro paleomamífero por darse un gusto al cuerpo y con la que se acostó el cerebro de reptil y salió pitando a las cinco de la mañana de la cama no fuera a pensar la otra persona al despertarse que aquella unión era algo que iba en serio y que había que desayunar mirando al otro poniendo cara de búho chico. Los tres cerebros van funcionando a su manera, un rato uno, otro rato el otro, otro rato el otro; se comunican entre ellos y se dicen cosas. El cerebro de reptil es el que nos lleva a los humanos al mismo bar todos los fines de semana o a tomar café con cruasán plancha en el otro. Es el cerebro que ha guiado a las tortugas durante millones de años a desovar en la misma playa donde nacieron. Es un cerebro terco, tozudo. Es el mismo que nos conduce año tras año a reunirnos con la familia en navidad, aunque el cerebro neomamífero le aconseje que igual no es lo más recomendable para el cerebro paleomamífero, el blando sentimental. En estos días tan bonitos de inicio de la primavera, las lagartijas de mi jardín salen a tomar el sol. Se las ve contentas ahí estirando las patitas, felices, mientras calientan sus lomos. Dicen que cuando el Altísimo creó a los animales y repartió los cerebros, la lagartija le gritó erguida sobre su dos patas inferiores «A mí no me jodas, ponme un cerebro solo, que lo que realmente me gusta es salir por la mañana, correr entre las piedras y las hierbas, chupetear flores para perfumarme el aliento mientras recojo el rocío de la mañana y estirar las patas al sol, así, mira, bien estiraditas».
En la foto, dos artesanos del mundo del molde confeccionando una máscara mortuoria. Nueva York, 1908. Es una foto muy bonita. Si les digo la verdad, lo que me pone nervioso de la foto es ver que el cuerpo del muerto sigue por debajo de la mesa. Si no viéramos ese cuerpo debajo de la mesa bien pudiera parecer que son dos pasteleros desmoldando un bizcocho de esos alemanes tan grandes que vienen envasados en cartón impreso en colores que venden en el Corte Inglés y que nunca he visto en ningún carro ¿alguien ha comprado uno de esos bizcochos portentosos? Me pone nervioso ver que el cuerpo continúa debajo de la mesa y no poder saber si sus manos descansan sobre sus muslos, o sobre sus rodillas, o caen a peso muerto entre sus piernas. O saber si sus pies descansan en el suelo sobre las suelas de los zapatos, o si uno de ellos descansa sobre la suela y el otro pie está girado. Todo eso me inquieta.
jueves, 26 de marzo de 2009
Y un, dos, ep, aro, y un, dos ep, aro
En la foto, formación de enfermeras de la Armada frente a la National Naval Medical Center’s tower, Circa, 1944.
Es mi foto favorita del día de hoy. Parece que esté esperando que la escojan para hacer una bonita portada de libro. Imaginen: en el lado superior derecho, con el texto a caja, el título y el nombre del autor. Ya tienen portada. No necesita más.
Bien, me la guardo para cuando en otra vida me dé por escribir novelones gordos.
domingo, 22 de marzo de 2009
La tienda del señor Cooper
La tienda del señor Cooper está llena de cosas. Tiene patatas en grandes sacos que pesa en una balanza que cuelga del techo. Tiene otros sacos con zanahorias, rábanos, nabos y batatas y, al fondo, sacos de harina de maíz amarillo, harina de maíz blanco, harina de trigo, garbanzos, lentejas, frijoles, habas, guisantes secos y alpiste para pájaros. Y también tiene latas enormes de atún, apiladas en tres columnas, una de latas amarillas de atún en aceite, otra de latas rojas de atún en escabeche y la tercera de latas azules de atún al natural. El señor Cooper tiene piezas enteras de bacalao en salazón, botellines de cerveza y frascos de salchichas sobre el mostrador. Es allí donde el gato atigrado del señor Cooper duerme cuando el sol de la mañana entra por el ventanal y es allí donde el gato atigrado del señor Cooper, cuando despierta de su siesta, se despereza y lame sus genitales complaciente como si le fuera la vida en ello, mientras el señor Cooper atiende a los clientes. El señor Cooper tiene también rollos de diferentes tipos de cuerda, lápices, tijeras, cuchillos, navajas, hachas, destornilladores, clavos, tuercas, aceite y gasolina para el coche, betún para zapatos, alcanfor en tabletas, jabón en polvo y en pastillas, esencia de trementina, botes de pintura, brochas, escobas, tiras adhesivas atrapa moscas, palos de regaliz y bolas de chicle de colores. La tienda del señor Cooper tiene un letrero con su nombre en la fachada que dice que pintó él mismo hace ya más de cuarenta años y que tuvo que remendar el invierno pasado para eliminar el nombre de su hermano desaparecido, tras esperar más de cinco años su vuelta.
miércoles, 18 de marzo de 2009
Premio Sirenita con unicornio
Cambio Radical, su blog de confianza, ofrece a sus lectores el nuevo premio para blogs. El Premio Sirenita con unicornio. ¿Conoce algún blog cuyo dueño cuida la estética del sitio, elige fotos bonitas y todo él es un primor? ¿Y además le tiene paquete al dueño del blog? ¡Pues hágale el regalo del Premio Sirenita con unicornio! ¡Entrégueselo como un gesto de cariño y admiración y el dueño del blog no podrá decirle que no! ¡Que aprenda de los actores españoles, que mira que son feos los premios Goya y lo contentos que se ponen cuando los ganan! ¡Lo va a joder vivo!
¿Sabe de algún blog que cuida sobremanera la estética, es reconocido por todos y valorado y además le cae gordo el dueño? ¡Pues hágale el regalo del Premio Sirenita con unicornio! ¡Entrégueselo como un gesto de cariño y admiración y el dueño del blog no podrá decirl
e que no!
¡Lo va a joder vivo!
¿Tiene algún amigo con blog y le quiere gastar la broma más pesada del siglo? ¡Pues hágale el regalo del Premio
Sirenita con unicornio!
¡Entrégueselo como un gesto de cariño y admiración y el dueño del blog no podrá decirle que no! ¡Lo va a joder vivo!
El Premio Sirenita con unicornio es un artículo gratuito sin ánimo de lucro.
Usted no tiene más que copiar en su disco duro la imagen (disponible en dos tamaños: grande y pequeño) y enviarla como detalle afectuoso al bloguero que desee.
¡No lo dude! ¡Es gratis! ¡Éxito seguro!
lunes, 16 de marzo de 2009
Muerte de Pinocho, de Carlo Collodi
Los asesinos persiguen a Pinocho y, después de haberlo alcanzado, lo ahorcan en una rama de encina grande.
Entonces el muñeco, perdido el ánimo, estuvo a punto de tirarse al suelo y darse por vencido, cuando, mirando a su alrededor, vio blanquear a lo lejos, entre el verdinegro de los árboles, una casita cándida como la nieve.
«!¡Si tuviera aliento para llegar hasta esa casa, quizás me salvaría!», dijo para sus adentros. Y sin dudarlo un minuto, volvió a echar a correr por el bosque a carrera tendida. Y los asesinos siempre detrás.
Después de una carrera desesperada de casi dos horas, por fin, jadeante, llegó a la puerta de aquella casita y llamó.
Nadie respondió.
Volvió a llamar con más violencia, pues oía acercarse el ruido de los pasos y el respirar profundo y cansado de sus perseguidores. El mismo silencio.
Dándose cuenta de que llamar no conducía a nada, empezó por desesperación a dar patadas y cabezazos a la puerta. Entonces se asomó a la ventana una hermosa Niña de cabellos color añil y de cara blanca como una figura de cera, los ojos cerrados y las manos cruzadas sobre el pecho, quien, sin mover los labios, dijo con una vocecita que parecía venir del otro mundo:
–En esta casa no hay nadie. Todos han muerto.
–¡Ábreme tú al menos! –gritó Pinocho llorando y suplicando.
–También yo estoy muerta.
–¿Muerta? Y entonces, ¿qué haces ahí en la ventana?
–Espero que venga el féretro a llevarme.
Y apenas dijo esto, la Niña desapareció y la ventana se cerró sin hacer ruido.
–¡Oh, hermosa Niña de cabellos color añil –gritaba Pinocho–, ábreme, por misericordia! ¡Ten compasión de un pobre chico perseguido por los asesi...
Pero no pudo terminar la palabra, pues sintió que le agarraban por el pescuezo y aquellas dos típicas vozarronas que le gruñeron en son de amenaza:
–¡Ahora ya no te escapas!
El muñeco, viendo relampaguear la muerte ante sus ojos, fue acometido de un temblor tan grande, que, al temblar, metían ruido las junturas de sus piernas de madera y los cuatro cequíes de oro escondidos debajo de la lengua.
–Entonces –le preguntaron los asesinos–, ¿quieres abrir la boca, sí o no? ¡Ah! ¿No respondes?... ¡Espera, que esta vez te la vamos a abrir nosotros!...
Y sacando dos viejos cuchillos muy largos y afilados como navajas de afeita, ¡zas! Y ¡zas!..., le sacudieron dos cuchilladas entre los riñones.
Pero el muñeco, para su suerte, estaba hecho de una madera muy dura, y por tal motivo las hojas, quebrándose, saltaron en mil pedazos y los asesinos se quedaron con el mango de los cuchillos en la mano, mirándose asombrados.
–Ya entiendo –dijo entonces uno de ellos–, ¡hay que ahorcarlo! ¡Ahorquémoslo!
–¡Ahorquémoslo! –repitió el otro.
Dicho y hecho. Le ataron las manos a la espalda y, pasándole un nudo corredizo alrededor de la garganta, lo colgaron de la rama de un gran árbol, llamado la Encina grande.
Después se quedaron allí, sentados en la hierba, esperando que el muñeco estirara la pata; pero el muñeco, después de tres horas, permanecía con los ojos abiertos, la boca cerrada y pataleaba más que nunca.
Cansados, por fin de esperar, se volvieron hacia Pinocho y le dijeron riéndose burlonamente:
–Adios, hasta mañana. Esperamos que, mañana, cuando volvamos, tangas la amabilidad de estar bien muerto y con la boca abierta de para en par.
Y se fueron.
Mientras tanto, se había levantado un viento fuerte de tramontana, que, soplando y bramando con furor, azotaba de aquí para allá al pobre ahorcado haciéndole balancearse violentamente como el badajo de una campana que tocase a fiesta. Este balanceo le causaba agudísimos dolores, y el nudo corredizo, apretándole cada vez más la garganta, le quitaba la respiración.
Poco a poco se le empañaron los ojos; y aunque sintiera acercarse la muerte, seguía esperando que de un momento a otro pasara un alma caritativa y lo ayudara. Pero, cuando, espera que te espera, vio que no aparecía nadie, absolutamente nadie, entonces le volvió a la mente su pobre padre... y balbuceó casi moribundo:
–¡Padre mío! ¡Si estuvieras aquí!...
Y no tuvo aliento para decir más. Cerró los ojos, abrió la boca, estiró las piernas y, dando una gran sacudida, se quedó allí como aterido.
Información sobre Carlo Collodi y su obra aquí.
La ilustración es de Carlo Chiostri (1901).
La pata del pollo va con el pollo
Una de las demostraciones más espectaculares de la ilusión del yo unificado es la de los neurocientíficos Michael Gazzaniga y Roger Sperry, que demostraron que cuando los cirujanos cortan el cuerpo calloso que une los hemisferios cerebrales, literalmente parten el yo en dos, y cada hemisferio puede actuar libremente, sin el consejo ni el consentimiento del otro. Y lo que es aún más desconcertante, el hemisferio izquierdo teje constantemente una explicación coherente pero falsa de la conducta escogida sin que lo sepa el derecho. Por ejemplo, si el que realiza el experimento lanza la señal «Andar» al hemisferio derecho (manteniendo la señal en la parte del campo visual que sólo el hemisferio derecho puede ver), la persona cumplirá la orden y empezará a andar para salir de la habitación. Pero cuando a la persona (concretamente, al hemisferio izquierdo de la persona) se le pregunta por qué se levantó, dirá, con toda sinceridad «Para tomar una Coca-Cola», y no «Pues no lo sé» o «Simplemente me entraron ganas de hacerlo» o «Llevan años haciéndome pruebas desde que me operaron, y a veces hacen que haga cosas pero no sé exactamente qué es lo que me pidieron». Asimismo, si al hemisferio izquierdo del paciente se le muestra un pollo, y al derecho se le muestra un paisaje nevado, y ambos hemisferios han de escoger una imagen que se corresponda con lo que ven (cada uno utiliza una mano diferente), el hemisferio izquierdo elige una pata de pollo (correctamente), y el derecho, una pala (también correctamente). Pero cuando al hemisferio izquierdo se le pregunta por qué la persona en su conjunto tomó esas decisiones, dice alegremente «Pues es muy sencillo, la pata del pollo va con el pollo, y se necesita una pala para limpiar el gallinero».
Steven Pinker: La tabla rasa, pp. 77-78, Paidós, Barcelona, 2005.
Me he tomado la licencia de publicar este texto de un libro de Pinker sabiendo que Arkab está de viaje. Que como a Arkab, que es mi faro, mi guía y mi pastor, le cae gordo Pinker, pues cuando no está de viaje no pongo textos suyos, no se me vaya a disgustar; pero, oigan, como ahora no me lee, pues me he dicho «voy a poner este texto tan salao de la pata de pollo». La conclusión a la que llegamos es que el hemisferio derecho es un tipo serio, formal y obediente, y el hemisferio izquierdo es el que se comporta como un marrullero y un fiestero. No en todos los casos, para los que somos zurdos es justamente al revés.
viernes, 13 de marzo de 2009
Bruno Bettelheim, lo más grande que hay
Hoy se cumplen 19 años de la muerte de Bruno Bettelheim (Viena, 28-8-1903 - Chicago, 13-3-1990), psicoanalista infantil estadounidense de origen austriaco que escribió uno de esos libros indispensables para todo ser humano curioso y el doble de indispensable si además son padres o madres. Psicoanálisis de los cuentos de hadas es un libro precioso que habla sobre la capacidad formativa de los cuentos de hadas tradicionales en la educación de los niños. La madrastra (madre), el ogro (padre), el protagonista (que sería el propio niño, el héroe) y las demás figuras de los cuentos de hadas ayudan al niño a superar barreras y a descubrir el sentido de su vida. Bruno Bettelheim es lo más grande que hay. Solo tengo un pero contra él, que no sacara una segunda parte poniendo a caldo las leyendas populares locales y la manía de utilizar el absurdo y lo surrealista en los cuentos infantiles modernos (Tengo hasta el título: Las leyendas populares locales y los escritores infantiles modernos le van a dejar la niño tonto pero tonto). Bettelheim advertía sobre lo peligroso que es edulcorar los cuentos de hadas. Si cogen el cuento de Jack y las habichuelas mágicas y, en una versión edulcorada, Jack acaba haciéndose amigo del ogro malote, pues el niño no supera sus barreras cuando lo que tiene que hacer Jack es acabar con su padre (el ogro) matándose a pajas (la planta de la habichuela que crece, crece y crece, que sube hasta el cielo y que le lleva a la morada del ogro que había arrebatado el arpa de oro). Matando simbólicamente al padre sirviéndose del cuento, el niño evoluciona hasta llegar al estadio adulto. Si no lo mata, se les quedará con la cara de Borja Thyssen pero encima sin un duro, todo el día pidiéndoles propinas. Más claro agua. Hagan el favor de comprar a sus niños ediciones buenas y sin censuras políticamente correctas de los cuentos de los hermanos Grimm en lugar de esos cuentos modernos de literatura infantil que no hacen más que atontar a sus niños. Luego, si no me hacen caso, le compran El niño con el pijama de rayas o alguno de ese estilo y cuando lleguen a la adolescencia ven lo tontos que les han salido los niños no me vengan a decirme que qué razón tenía Bettelheim.
Más sobre Bettelheim en el año que pasó en Dachau y en Buchenwald, dicho por Diana Aller.
En la foto, Harley Griffiths durante el proceso de restauración y limpieza del cuadro Caperucita Roja, de Gustave Doré, 1953. Es un cuadro que me gustaría tener para mirarlo todos los días. Existe un grabado similar, con el mismo motivo, del mismo autor, pero en éste el lobo se muestra mucho más acechador que en el lienzo. Aquí, sin embargo, el lobo, con los anteojos descansando sobre las sábanas, interpreta mucho mejor el papel de abuela. Parece más viejo, más cansado, más desvalido y, por tanto, mucho más peligroso cuando le dé por atacar a la niña. La niña, mientras, pone cara de no creerse mucho la escena, pero entra al juego (total, ya hasta ha entrado en la cama).
miércoles, 11 de marzo de 2009
¡Detente, avellanero!
Siempre leo antes de dormir. Leer me conduce al sueño. Todas las noches enciendo la lámpara despertador, cojo alguno de los libros que hay apilados sobre la librería baja del dormitorio, me tumbo, doblo la almohada en dos y leo. Sé que el sueño viene porque en mitad de la lectura suele aparecer una imagen, como una peliculita pequeña sobre el papel, o unas frases que dice alguien en mitad del texto que resuenan en el interior de mi cabeza. Son frases que no tienen nada que ver con lo que estoy leyendo. Es como un jingle inconexo que, de puro raro, me hace saber que el sueño está a punto de entrar. Anoche, mientras leía un entretenido texto sobre los rasgos hereditarios y Gregor Mendel, aparecieron de pronto dos tipos trajeados, de cuerpo entero, uno se parecía a John Wilkes Booth, el asesino de Abraham Lincoln, y el otro creo que era otro John Wilkes Booth o, al menos, se parecía. El de la izquierda le decía al otro: «¡Detente, avellanero!». En ese momento pensé que la imagen de dos tipos, uno frente a otro, gritándose «¡Detente, avellanero!» tenía poco que ver con Mendel y los rasgos hereditarios, así que supe que acababa de llegar el sueño. Cerré el libro, extendí la almohada, apagué la lámpara despertador, pensé «esto de "detente avellanero" debo recordarlo», cerré los ojos y me dormí al instante.
La arena en los pies
Existen diferentes tipos de médiums. Unos ven muertos de vez en cuando, muertos escogidos, muertos famosos, muertos conocidos, muertos familiares; y otros ven muertos sin parar. Todo el rato, sin parar. M. era de los segundos. Veía muertos a cientos, a miles, por las calles, en el campo, por los caminos, en los grandes almacenes, en los centros polideportivos, dentro de las casas, en los jardines públicos y en los jardines privados. Cientos, miles, millones de muertos vagando de un lado a otro, empujándose, molestándose, haciéndose sitio a codazos. Muertos que gritan, que se zarandean unos a otros, muertos mayores, muertos jóvenes, muertos rapidísimos como centellas que casi no se ven y muertos descoloridos que se mueven a cámara lenta. Muertos de todo tipo. Para M. todo aquello era algo más que molesto, le violentaba bajar las escaleras de su casa con tanta gente, tanto muerto agolpado, esperando. Le angustiaba caminar por la calle con tanto muerto caminante, tanto muerto yendo de un lado a otro, tanto muerto parado mirando los escaparates de electrodomésticos con la boca abierta. Gatos muertos frotando su lomo contra los cristales de las tiendas de animales. Gorriones muertos colgando de sus patitas resecas bajo las ramas, como murciélagos. Moscas muertas zumbando entre moscas vivas. Muertos sentados en bancos, muertos acurrucados, dormidos en las aceras, muertos discutiendo con otros muertos, muertos tras los vivos, soplándoles en el cogote. Cuando M. murió se encontró con un escenario diferente. Solicitó una excedencia, tomó un tren de cercanías repleto de vivos y llegó hasta la costa. Fue caminando por la cuesta hasta llegar a la playa. Era una mañana preciosa con un sol enorme. Bajó a la arena y se vio rodeado de cientos de vivos. Vivos tomando el sol sobre tumbonas y toallas de baño, vivos corriendo, vivos jugando, vivos frotándose protector solar, vivos secándose, vivos entrando en el mar. M. se sintió bien allí, entre esa multitud de vivos con la piel ardiendo, tan brillante. Casi todo era perfecto, a falta de la sensación de la arena en la planta de los pies. Quiso recordar el crujido de la arena caliente en la planta de los pies y fue caminando hasta la orilla mientras decía entre dientes «crisss... crisss... crisss... crisss...» al ritmo de su pasos. Aquello no era una sensación perfecta, pero se asemejaba. En el mar, con el agua por la cintura, se encontró con otro muerto. Lo saludó «¿Qué hay?» y el muerto le devolvió el saludo, «Hace un bonito día, eh?», «Un día precioso», contestó M., complacido.
lunes, 9 de marzo de 2009
Lorena Bernal me vendió el cepillo de dientes
Uso cepillo dental Oral-B de esos eléctricos. El mango está ahí sobre un cargador enchufado a la corriente, le metes el cabezal del cepillo, le das a un botón y, hale, a frotar y a masajear las encías mientras el relojito sobre el aparador del baño te dice que te faltan treinta segundos para un cepillado bueno, que le estás dando muy fuerte y te vas a cargar una muela o que cambies de lado, que ese lado ya está bien frotado y refrotado. Todo eso fue por culpa de Lorena Bernal. Tanto verla en la telenovela Luna Negra que echaban de madrugada, cuando trabajaba de noche, que se convirtió en alguien como de la familia (bueno, en alguien como de la familia pero sin tener nada contra ella). Un día la vi anunciando un cepillo eléctrico Oral-B y dije «Si lo dice Lorena Bernal, me lo tendré que comprar». Así que me resistí igual un mes, pero al mes cayó el cepillo dental eléctrico. Ojo, que ahora me viene Lorena Bernal a venderme otro producto y le digo que no. Cada famoso tiene su producto y ese producto es ya para toda la vida. Lorena Bernal = Oral B, Belen Rueda = Leche Puleva, José Coronado = yogures. Mi cabeza no da para más. Ahora veo en varios anuncios a Rafa Nadal y ya no sé lo que vende. Veo que sale Rafa Nadal pero ya no sé qué vende. En un anuncio sale como con cara de yonki con chaqueta de cuero negro a punto de dar un palo a un banco, pero no sé qué vende. Qué mal estilismo le han puesto al chaval, si reluce mucho más con ropas claras ¡Pónganle un jersey blanco, por el amor de dios! Pero no sé qué vende. A lo que iba, que Lorena Bernal me vendió el Oral-B eléctrico. Y estoy contento con el Oral-B eléctrico. Va muy bien. Cuando se gastan los cabezales te avisa y le pones otros. Es práctico, es cómodo y te limpia a fondo. Bien. Vi a Lorena Bernal ahí tan segura vendiéndome el Oral-B que no le pude decir que no. Y eso que creo que es mi anti tipo de mujer. Pero me convenció. Bien. Pero al Oral-B le veía una pega: que de noche hace mucho ruido. Es como una pequeña batidora que en el silencio de la noche me da la sensación de que puede molestar. Así que un día que fui a comprar cogí un cepillo de dientes manual. No recuerdo la razón de por qué compré ese cepillo, pero creo que sería porque llevaba unas tiritas amarillas con bandas verdes entre las cerdas que me parecieron muy tecnológicas y muy cucas. Era un Oral-B también. Con él me estuve cepillando cosa de dos meses todas las noches. Manualmente, bien, correcto, sin meter ruido. Hace pocos días, andaba yo en mi lavado de dientes nocturno con el cepillo de dientes manual cuando de pronto le debí dar a un botón de goma que lleva en el mango y ¡se puso a vibrar! Tras dos meses cepillándome todas las noches me entero de que es un cepillo de dientes que va a pilas. Así que lo miro y sí, veo que tiene un botón para encenderlo y otro botón para apagarlo. Luego, me fijo en el mango y veo que pone el nombre del producto: «Pulsar». Pues eso, Pulsar de Oral-B. Lo que tenía que haber hecho era pulsar, sí. Qué cosas. Y además, es mucho más silencioso que el cepillo de dientes eléctrico que uso por el día. Dos meses sin enterarme. Viva la tecnología. Vivan los cepillos de dientes.
PS: ¿Y qué hago con las pilas cuando el cepillo Oral-B Pulsar esté viejo? ¿Cómo y dónde las tiro? Porque... no se pueden sacar a no ser que lo patees... Busco por internet y encuentro personas que andan con lo mismo. No todo iba a ser bueno.
sábado, 7 de marzo de 2009
Premio Culocarpeta
Cambio Radical, su blog de confianza, les ofrece un nuevo premio para su blog, el premio a ese trabajo en la sombra, esa labor nunca bien reconocida de estar ahí delante de la pantalla rato y rato con los ojos pitarrosos pensando a ver qué se les ocurre poner en su blog o mirando las entradas nuevas que han escrito los de los otros blogs. Hoy nace un nuevo premio, el premio Culocarpeta, el premio internacional sin ánimo de lucro que acabará de una vez por todas con la idea que se piensan los que no son de blogs de que tener un blog es solo fiesta, frenesí, sexo, relaciones esporádicas y alegría a raudales. Un blog también requiere cuidados, dedicación, mucho sufrir y muchas horas sentados aplanando las redondeces naturales de sus glúteos. Es por ello que Cambio Radical, su blog de confianza, les ofrece, totalmente gratuitas y sin ningún compromiso por su parte, las chapetas genuinas del Premio Culocarpeta para que las luzcan en el lugar que deseen de su blog.
El Premio Culocarpeta no se otorga ni es entregado por terceros, se coge directamente y se pone en su blog. ¡Sin sorteos previos! ¡Gratis! ¡Usted lo coge, lo pone y sanseacabó! Que no le gusta ¡no lo pone! Que le gusta ¡lo pone! Que no le gusta ¡pues no lo pone!
El Premio Culocarpeta no le facilitará más visitas ni ganará con él más dinero ni nuevos amigos, pero le quedará muy cuco en su blog.
El Premio Culocarpeta es una señal de distinción que agradecerán todos o casi todos sus visitantes.
Cambio Radical, su blog de confianza, les ofrece el distintivo del Premio Culocarpeta en tres tamaños. El tamaño Kingsize Culocarpeta Big (arriba a la derecha), el tamaño medium chapeta Culocarpeta (a la izquierda), más pequeño pero también de buena legibilidad, y el tamaño little Culocarpeta (abajo a la derecha), para gente elegante y discreta.
¡Corra! cópielo en su CPU y colóquelo en su blog. ¡Es totalmente gratis!
Cambio Radical, su blog de confianza, no se hace responsable del
mal uso de este premio, ni de ningún otro premio, ojo.
El premio Culocarpeta, una vez aceptado, no se puede devolver como si fuera una medalla de las Bellas Artes. El Premio Culocarpeta se coge, se pone en el blog y cuando uno se cansa lo tira y ya está.
El Premio Culocarpeta es gratuito, cuco, indeformable y 100% biodegradable.
¡Aprovéchese esta oferta, que hay pocas cosas gratis en esta vida! ¡Ole que sí!
viernes, 6 de marzo de 2009
Women’s Bowling Team
Tras leer las entradas de hoy de Mónica y de Badil me he dicho que me apetecía poner la foto del equipo amateur femenino de bolos patrocinado por la Wheeler Kelly Hagny Trust Company de Wichita, Kansas (1929). Me gusta mucho esta foto. La miro y la remiro y cada vez me gusta más.
jueves, 5 de marzo de 2009
Blogger contra Blogia (2)
Esta noche he intentado enviar un comentario en un blog de Blogia. Ante la pregunta «¿De qué color es la nieve?», ahí, con su letra mayúscula al inicio de la frase, con su D en caja alta bien aparente, con su D versal ahí bien hermosa, yo he respondido «Blanca», pues se supone que es de color blanco o eso supone el cuestionador. Me ha contestado que no, que es una «Respuesta incorrecta a la pregunta antispam». Así que he estado pensando y repensando durante unos minutos si la nieve ahora se supone que es de otro color y todo eso que pienso cuando me dicen que algo es incorrecto. La solución está en la caja alta de la B. Si usted escribe «Blanca» le dirá que es una respuesta incorrecta. Si usted responde «blanca», le dejará pasar. Él pone mayúsculas pero a usted no le permite usarlas. El test de Turing tiene esas puñetas, que para descubrir que el que escribe es un humano y no un robot también decide lo humano que es según el uso que haga de las mayúsculas. La nieve, para el antispam, es «blanca» y no «Blanca» aunque la utilice al inicio de un enunciado. El Turing es un soso. Ante la duda, le propongo como solución que cambie la pregunta por lo siguiente: La nieve es de color.... [blanco]. Así sí. Lo otro es una puñeta turinguera. Mal. Así no se conseguirán nunca que los bloggueros y los blogieri se acaben llevando bien.
miércoles, 4 de marzo de 2009
Una infidelidad tirando a sosa
L. un día, de la noche a la mañana, se encontró que tenía una amante. Aquel acontecimiento lo obligó a replantearse su vida, a pensar en cosas muy profundas sobre sí mismo y a cuidar más sus movimientos: antes dejaba el móvil en cualquier sitio y ahora procuraba llevarlo siempre consigo, con el timbre bajito o en posición de silencio con vibrador. También lo apagaba por la noche. No fuera a ser. L. descubrió muchas cosas sobre él con esa relación, como que podía ser mucho mejor persona y más interesante si se lo proponía pero sólo durante unos días; a los días ya, poco a poco, volvía a convertirse en lo que era anteriormente. También descubrió que su capacidad para enamorar a una mujer no había mermado ni un ápice en todos esos años pero que mantener ese estatus le costaba mucho más que antes. Le dolía. No vamos a ahondar en lo profundo de sus sentimientos más internos, le dolía todo el cuerpo. Le dolían las rodillas, los muslos, los antebrazos, el cuello y los riñones. Le dolía todo. Así que pensó si esos dolores venían por el complejo de culpa o por alguna maldición de un ente superior y al final resultó que no, que era más bien porque hacía más ejercicio y andaba con más estrés de un lado a otro. También pensó que todo aquello de ser infiel era algo bien excitante hasta que se vio contando a su amante por la mañana las mismas cosas que contaba a su esposa por la noche, antes de acostarse. Todo no, a su amante le contaba que su esposa no le comprendía y a su esposa no le contaba nada de la amante, claro está, las formas son las formas. Al final pensó que lo más excitante de todo aquello era andar escondiendo el móvil todo el día, o cuando iba por la calle con su mujer y se imaginaba que en cualquier momento podía aparecer la otra. También imaginó a su amante despechada escribiendo una carta más despechada aún a su esposa contándole que L. le había prometido lo de separarse de ella para irse con la otra y todo eso que se suelen decir los amantes cuando están desnudos y con buen ánimo en la habitación de un hotel. O un ataque por la espalda de camino al trabajo. O un ataque por la espalda a la vuelta del trabajo. O una llamada por teléfono al fijo. O una llamada por teléfono al trabajo. O una llamada por teléfono al trabajo de su esposa. O que llamara a su mujer para invitarla a tomar un café en un café. O encontrarse a su perro envenenado en la puerta de casa con un cartel que dijera: «con cariño de tu amante». Todo aquello era muy excitante, interesante, exultante, chispeante. Pero no le dio tiempo, pues a los pocos días la amante lo llamó al móvil para dejar la relación. L. se sintió muy molesto por aquello y pensó que qué infidelidad más sosa.
domingo, 1 de marzo de 2009
Domingo
Mañana me levantaré temprano, me pondré el vestido nuevo blanco de algodón y saldré de casa por la puerta del porche en dirección a la calle Murray. Es probable que por el camino me toque saludar a la familia Freeman, a la señora Anderson y al señor Randall, el doctor. También es posible que me encuentre con Debby, con Georgia y con Sissy y es posible que me hagan detenerme para preguntarme por mi familia y que eso me ponga de mal humor. No tengo tiempo para atenderos —les diré—, si lo hago llegaré tarde a la iglesia. Pero ellas seguro que me querrán entretener y me preguntarán sobre esto y aquello y yo cada vez me sentiré peor y más nerviosa y miraré el relojito que me regaló papá para mi cumpleaños y les diré que voy a llegar tarde a la iglesia pero ellas seguirán hablando y hablando y preguntándome por mi hermano, si ya volvió a casa, por mi padre, por mi madre, por el chico pequeño de Jenny, por el incidente del granero y por el cambio de trabajo del tío Rod. Y yo les responderé a todo, intentando ser amable, pero inquieta, con monosílabos, sí, sí, no, sí, ya, no, sí, oh sí, oh, no, sí, no, deseando deshacerme de ellas para proseguir mi camino hasta la iglesia. Y así mientras ellas me hablan pensaré si antes de salir de casa me puse talco perfumado en las axilas, me tocaré disimuladamente la sisa del vestido y ¡ay! notaré en las yemas de mis dedos un charquito húmedo. Y mientras ellas hablen yo pensaré en las manchas tan feas de sudor que se estarán formando en mi nuevo vestido blanco de piqué y me concentraré para buscar la manera de que en todo momento tenga presente que tengo esos feos cercos bajo mis axilas y que no debo levantar los brazos en ningún momento durante la misa. Tampoco después, a la salida, cuando el sol caiga de pleno sobre la acera de la calle Murray y Bob baje las escaleras de la iglesia, me mire y me salude agachando la cabeza. Es en ese momento cuando yo no podré olvidar todo eso de los cercos en las sisas de mi traje nuevo blanco y deberé saludarle levantando la mano un poquito, cuidando tener en todo momento los brazos bien pegados al cuerpo. Y entonces Bob me devolverá el saludo y yo sonreiré y notaré que el corazón me palpita rápido, pom-pom-pom, y giraré la cara hacia un lado y pensaré «ahora me sigue mirando, ahora me sigue mirando, ahora me sigue mirando», y algo me dirá dentro de la cabeza «no te pongas nerviosa, no te pongas nerviosa, pues si te poner nerviosa sudarás más y recuerda tu vestido blanco de algodón, recuerda las sisas, no te pongas nerviosa, recuerda esos feos charcos, recuerda, no te pongas nerviosa porque sudarás más», e imaginaré la tela de piqué ampliada en mi mente, muy ampliada, enorme, e imaginaré cómo las gotas de sudor van cayendo de mis axilas hasta llegar a la tela e imaginaré todos esos pequeños pocitos que forma el tejido de la tela y cómo se van llenando de sudor, cómo las gotas se expanden y van formando esos feos cercos, y luego volveré y la vista y veré que Bob está ya de camino a casa, alejándose, y me fijaré en su nuca pelada y en esos andares que tiene tontos, como si caminase hacia ningún lado.
viernes, 27 de febrero de 2009
Las hormigas cortadoras
Las hormigas cortadoras de hojas del Brasil, tan maravillosas por tantos conceptos, dan muestras de una curiosa forma de estupidez que me asombra no haya sido eliminada por evolución. El esfuerzo que a la hormiga le supone el recortar una porción más o menos circular de hoja es muy considerable; sin embargo, una vez hecho el corte, hay más o menos un cincuenta por ciento de probabilidades de que la hormiga tire de la hoja en sentido erróneo y de que el trozo de hoja que acaba de recortar caiga al suelo. Aproximadamente la mitad de las veces la hormiga estira y arranca y estira y lucha por arrancar un trozo de hoja, hasta que se cansa, renuncia, y comienza a recortar otro pedazo. No hace intento alguno de recoger trozos que ella u otra hormiga hayan recortado ya. Salta a la vista, si se observa con atención, que el trabajo de recortar y arrastrar las hojas es muy poco eficiente: van a una hoja, recortan un trozo, y la mitad de las veces eligen erróneamente el trozo que han de sujetar y el recorte cae al suelo.
Richard P. Feynman, ¿Está usted de broma, Sr. Feynman? Alianza Editorial, Madrid, 2008.
Feynman aquí se preocupa por la productividad de la hormiga cortadora (nombre que agrupa diferentes especies del género Atta), pero no cae en la cuenta de que la hormiga, al cortar los pedazos de hoja valiéndose de sus mandíbulas, ingiere una parte de su dieta al instante, la savia de la planta. Es como ir de tapas durante buena parte del día. Luego, trasporta los pedazos de hoja hasta el hormiguero, donde serán masticados y servirán como base del campo de cultivo de su alimento principal, el hongo Leucocoprinus gonglylophorus. Lo cual da sentido al enunciado que dice que si hay que ir se va, pero que ir pa ná es tontería.
Y aquí, una entrada muy bonita que escribió ayer Helter. Rebonita.
jueves, 26 de febrero de 2009
Hannibal Lecter dibuja con el culo
Existe algo que nos dice en lo más profundo de nuestro cerebro que Hannibal Lecter nunca dibujaría así, tan relamido, tan feo, tan cutre. Hannibal Lecter, el orgulloso descendiente de los Visconti y los Sforza, un tipo de educación exquisita, gourmet apasionado, podrá dibujar bien o mal, pero nunca así de relamido. No puede ser. Pero sí. En la película El silencio de los corderos (1991) Hannibal Lecter dibuja de pena. El retrato a lápiz que hace de Clarice Starling posando como una madonna renacentista con un cordero peludo en los brazos que mira al espectador, con una valla baja al fondo que parece hecha por un niño de ocho años, con ese camino que conduce a un calvario con tres cruces que a su vez conducen a la risa (esas sombras sin sentido, ese cielo emborronado con el dedo) es posiblemente el peor retrato de la historia del cine. Es una mierda enorme. Clarice, en el dibujo, no es Clarice, es la cara de Jodie Foster posando para una ficha de actores pegada a un cuerpo grueso y sin forma. El manto que lleva sobre la cabeza que cae flotando sobre el pelo es ridículo y no sigue ninguna ley física. Todo el dibujo es ridículo. Malo. Horroroso. Cutre. Zaborrero. Hannibal Lecter, nuestro Hannibal, dibujaría de otra forma. O no dibujaría, pero no se le ocurriría perpetrar esa mierda tan grande. Y miren que la película me gusta pero, por el amor de dios ¿en qué estaba pensando Jonathan Demme cuando contrató a ese dibujante? ¿Le metió esa patata el productor? ¿Fue culpa de los decoradores? ¿El de atrezo? ¿Por qué el director no decidió eliminar ese plano en algún momento del montaje?
lunes, 23 de febrero de 2009
Hotel Hilbert
Me he prometido no volver nunca más al Hotel Hilbert. Es un local amplio, con bonitas vistas, de precio asequible y con trato agradable. Cada vez que voy, aunque el recepcionista me diga que el hotel está lleno, siempre encuentran una habitación para mí, pero el ruido que meten todos los huéspedes cambiándose a la vez de habitación no me deja pegar ojo en toda la noche. Y el servicio de habitaciones, así así: el anterior inquilino se dejó el cepillo de dientes en la encimera del baño, un calcetín usado bajo la cama y una bolsa de maíz frito sabor barbacoa abierta sobre la cómoda. Sabor barbacoa. Cada vez es más difícil encontrar maíz frito con sabor a maíz frito.
jueves, 19 de febrero de 2009
Tiburón
El tiburón era gigantesco, pero los pescadores consiguiron llevarlo a la orilla. Todavía estaba vivo y trataba de soltarse, así que para mantenerlo en la playa lo ataron a un árbol. Luego lo mataron. Los tiburones eran bastante comunes en la costa toscana, pero aquél era un lamia, un gran tiburón blanco, y pesaba más de una tonelada. Cuando ya estaba muerto, varios pescadores abrieron la horrorosa boca del animal y con sus cuchillos le arrancaron los dientes para conservarlos como recuerdo y talismanes.
Los rumores sobre esa maravilla llegaron al palacio de los Médici, en Florencia. El gran duque Fernando II, un aficionado a la historia natural, ordenó que le llevaran el tiburón de inmediato para que los científicos de la corte pudiesen examinarlo, pero era un animal demasiado grande y la carne ya había comenzado a pudrirse. Los pescadores cortaron la cabeza y arrojaron el resto del cadáver al mar. Cargaron la cabeza en un carro para trasladarle a través del valle del Arno hasta Florencia.
Del libro Una nueva historia de la Tierra, un relato sobre la ciencia y Nicolaus Steno, el genio que descubrió la geología, de Alan Cutler, RBA, Barcelona, 2007.
En la foto: familia nuclear biparental con tiburón.
miércoles, 18 de febrero de 2009
Sobre el acto de peinarse
Me gustaba mucho observarla cuando se secaba el pelo. Se lavaba la cabeza en la bañera, arrodillada, como una lavandera de sí misma. Luego salía del baño en albornoz, llegaba hasta el dormitorio descalza haciendo chip-chap sobre las baldosas, con la toalla blanca colocada en una suerte de turbante oriental con forma de merengue envolviendo su cabello, buscaba en el interior del neceser y sacaba un cepillo, volvía al baño, se pasaba una y otra vez el cepillo redondo con bolitas amarillas en los extremos de las púas y se oía «ras-ras-grat-ras-ras-grat», luego encendía el secador y se secaba el pelo con la cabeza hacia abajo. Aquella postura tan extrema me recordaba a las bailarinas del Maestro de Agüero y traía hasta el dormitorio un olor acogedor, tropical, a pelo caliente y perfumado. Luego se colocaba frente al espejo y se peinaba. Ponía cara de mirarse al espejo, se miraba de tres cuartos, se ponía de frente, giraba el mentón de un lado a otro haciendo paradas cortas de fotomatón y volvía a mirarse de tres cuartos alzando la barbilla mientras el ojo izquierdo (el derecho en el espejo) se le torcía un cuarto hacia la nariz, graciosamente. Ya estaba peinada. Eso me gustaba observar.
—¿Y no se acuerda de nada más?
—De poco más, pero le aseguro que eso lo recuerdo muy vivamente.
—Intente recordar.
—Bueno, también recuerdo cuando arrancaba las marañas de pelo muerto del cepillo sirviéndose de un peine sentada en el inodoro y cómo las colocaba en montoncitos sobre la tapa del bidé, antes de tirarlas al cubo de la basura.
—¿Y recuerda cómo sonaba?
—«Grat-grat-grat-grat», era algo así. Así sonaba el peine sobre el cepillo.
domingo, 15 de febrero de 2009
Sobre estética y esteticien
Bien, los del Opus andan con la ilusión de poner una figurita de san Josemaría Escrivá de Balaguer en la basílica del Pilar de Zaragoza, como la que esculpió Romano Cosci en mármol de Carrara, que colocaron en uno de los nichos de la fachada exterior del transepto izquierdo de la basílica de san Pedro de Roma, pero más pequeña. A mí eso, oigan, no me parece mal, cada uno en su casa pone lo que quiere. A Cosci, el escultor que realizó la figura del santo para la basílica de san Pedro, le salió un santo cabezón, con la cabeza gorda, vaya. No sería malo aconsejar al que haga la reproducción para el Pilar que le reduzca un poco la cabeza, un siete o un diez por ciento así a ojo, que si no le quedará una figura más pequeña que la de la basílica de san Pedro pero también, en proporción, cabezona. Y a ver qué hace con las gafas. Es una puñeta hacer esculturas de gente con gafas, pues el resultado nunca es muy bueno. Si se opta por tallarle las gafas sin cristales, parecerá que lleva gafas de broma (y de qué sirven unas gafas sin cristales); si se talla la montura con cristales, la figura parece ciega. Si le graba unos ojitos sobre el cristal, al estilo de la escritura cuneiforme, parecerá que lleva unas gafas de carnaval con ojitos pegados. Si le talla unos ojitos que sobresalgan por encima del cristal también queda raro pues parecerá que lleva un par de morritos de broma pegados sobre un plano. Una solución es tallar las gafas con cristales y luego pintarle unos ojitos encima, pero es también bien mala solución. Claro está, que si no le pone gafas, no se parecerá a Escrivá de Balaguer... Hay personas que llevan gafas que se sueñan a sí mismos sin gafas y personas que se sueñan a sí mismos con gafas. Escrivá de Balaguer tenía que soñarse con gafas, porque sin gafas o no era Escrivá de Balaguer o era otra cosa. Tal vez la mejor solución sea tallar la figura sin gafas y luego colocarle unas gafas de quita y pon y a ver qué pasa, así hasta puede ir a la moda según los cambios estéticos de la época (aunque tampoco es cosa buena, a la escultura de Woody Allen que hay en Oviedo, obra de Santarúa, le roban las gafas cada dos por tres). Y ahí entramos en un debate que mezcla la estética con la esteticien: Andy Warhol, ese visionario, escribía en su libro Mi filosofía de A a B y de B a A que en los retratos era buena cosa eliminar los granos, pues los granos son algo pasajero y los retratos quedan para la posteridad. Eso lo escribió quince años antes de inventarse Photoshop. Warhol, el pobre, tenía muy mala piel y aquello le preocupaba constantemente. El Altísimo le otorgó grandes valores estéticos y creativos a cambio de una piel muy mala. Ahora ya sabemos que podemos quitar sin reparos espinillas, puntos negros y barrillos de la piel de los retratos y no hacemos mal alguno. Sobre el asunto de eliminar con Photoshop arrugas, marcas del rictus, patas de gallo, bolsas del párpado inferior o reestructurar la banana del ojo, sobre todo eso no habló. Así que ahí andamos, que cuando vemos las fotos que salen en la revista ¡Hola! no tenemos muy claro si eso de retocar tanto es lícito o no es licito y nos crea mucha ofuscación. Pero bien, a lo que vamos, que hacer esculturas de personas con gafas siempre da problemas y debería decidirse qué es mejor, si no ponerle gafas, si ponérselas, cómo ponérselas o mejor aún, si la solución sería crear una ley que impida que las personas que lleven gafas suban a los altares y así libramos a los escultores de esas dudas engorrosas que se montan los escultores cuando les encargan que tallen o modelen la efigie de una persona con gafas.
sábado, 14 de febrero de 2009
Escrivá vuelve
El 19 de agosto de 2008, este blog ofrecía extensa información sobre la noticia de la imagen del santo Josemaría Escrivá de Balaguer aparecida en un mapa de google map sobre las tierras canadienses. Hoy, nos sentimos orgullosos al ofrecer a nuestros lectores la transcripción de la aparición del santo en la casa del alcalde de la ciudad de Zaragoza, don Juan Alberto Belloch, en versión entremés:
Interior de la casa de Juan Alberto, dormitorio, noche. Truenos, relámpagos, lluvia y todos los sonidos que hacerse puedan que evoquen la idea de tormenta en el espectador.
Josemaría: ¡Juanalberto!
Juanalberto: ¿Quién llama?
Josemaría ¡Juanalberto!
Juanalberto: ¿Quién es?
Josemaría ¡Yo, te llamo!
Juanalberto: ¿Quién es el que osa molestarme a estas horas?
Josemaría Yo te llamo. Josemaría.
Juanalberto: ¿Escrivá?
Josemaría: de Balaguer.
Juanalberto: ¿Y a qué vienes?
Josemaría: a pedirte que pongas una calle con mi nombre.
Juanalberto: ¿Una calle con tu nombre?
Josemaría: Así es.
Juanalberto: Así sera si así lo quieres.
Josemaría: Así lo quiero, que así sea.
Juanalberto: ¿Y si esa decisión molestara o incomodara al pueblo?
Josemaría: Dile a tu pueblo que lo haces por un favor personal de alcalde.
Juanalberto: Ah, bien, eso haré, si digo eso nadie se molestará.
Josemaría: gracias hijo y que dios te guarde.
Juanalberto: De nada, Josemaría, así sea.
Josemaría desaparece de la habitación de Juanalberto tras una explosión.
Fin del entremés.
Añadido, últimas noticias: leo hoy domingo 15 de febrero en El Periódico que el alcalde de Zaragoza, Belloch, fruto de las presiones, recula y en lugar de dedicar a Escrivá de Balaguer una calle céntrica como la de General Sueiro, ahora lo manda a una calle sin viviendas, donde el túnel de la A-68, ahí donde Cristo perdió las chancletas. Los del Opus, mal. Los demás, mejor. Yo digo que a san Escrivá le pega más la calle General Sueiro, que es una calle más pija.
jueves, 12 de febrero de 2009
Cumpleaños de Charles Darwin
Hoy es un día muy feliz para este blog pues celebramos el cumpleaños de Charles Darwin. Así que como es un día muy feliz para este blog sólo tengo buenos pensamientos (y uno de los pensamientos buenos, pero de los buenos buenos, de los mejores, es imaginarme a todos los creacionistas ahí en una caldera monstruosa sobre el fuego con cientos de demonios enormes y peludos pinchándoles donde más les duela en un no parar de lamentaciones y de rechinar de dientes, venga a rechinar dientes, sin parar).
martes, 10 de febrero de 2009
Los novietes
Campaña de Orange, primer anuncio: un chico narra toda la gente que le ha influido en su vida. Él es su madre, sus hermanos, sus amigos, todas las chicas que besó, el profesor que le hizo repetir y la profesora que le empujó para continuar los estudios, su jefe, todos sus amigos, una chica embarazada.
Campaña de Orange, segundo anuncio: una chica narra la gente que le ha influido en la vida: su primer noviete, su segundo noviete, su tercer noviete, su cuarto noviete, su novio, su pareja estable. Ya está.
Conclusión: a los hombres les influye toda la gente que tiene a su alrededor y a las mujeres, a las mujeres, los novietes.
Pretecnología
Las enciclopedias constituyen una parte esencial de muchas biliotecas escolares. [...] representan la filosofía de los humanistas de hoy. Esto resulta obvio por el atrevido despliegue de ilustraciones que acompañan a los textos dedicados a la pintura, arte y escultura [...]. Una de las partes que es necesario corregir es la falta de decoro de la desnudez y las posturas. Esto se puede conseguir dibujando ropa sobre las figuras o tachando toda la ilustración con un rotulador mágico. Hay que hacerlo con cuidado o el rotulador mágico se puede borrar del papel satinado que se usa para las enciclopedias. Para que no se borre hay que raspar suavemente con una cuchilla de afeitar hasta que el papel pierde brillo [...] [En cuanto a la evolución,] cortar las partes [que se dedican a ella] resulta práctico si lo que quitamos no es lo bastante grueso para dañar el lomo del volumen y éste se puede abrir y cerrar normalmente. Cuando las partes que necesitan corrección son demasiado gruesas, hay que pegar las páginas con cuidado de no manchar las secciones del libro que no se quieren corregir.
Ray Martin, Reviewing and Correcting Encyclopedias, Christian School Builder, 1983.
Reseñado en el libro Por qué creemos en cosas raras. Pseudociencia, superstición y otras confusiones de nuestro tiempo, de Michael Shermer, Alba, Barcelona, 2008.
Más sobre Helen Duncan (y III)
Para más información sobre Helen Duncan, pueden visitar la página sobre Harry Price (1881-1948), caza fantasmas, investigador psíquico, arqueólogo y numismático, que investigó a la médium en sus sesiones. Allí encontrarán un índice con muchas fotos de la Duncan echando ectoplasmas por la boca.
En la foto, Harry Price (derecha) con un colaborador, C. M. Joad (izquierda), coflaos como gaticos en un cesto, investigando una cama que supuestamente estaba embrujada en una casa de Chiswick, Londres, septiembre de 1932.
lunes, 9 de febrero de 2009
Heather Angel
Hace unas semanas se hablaba por aquí de esa escena rarita de la película El resplandor en la que Wendy Torrance (Shelley Duvall) sube por la escalera con un cuchillo en la mano y se encuentra con una pareja en una habitación, el uno vestido de etiqueta, el otro vestido de bicho. Una parafilia más.
Hoy es el cumpleaños de Heather Angel (9 de febrero de 1909 - 13 de diciembre de 1986), actriz inglesa nacida en Oxford que trabajó en películas como El perro de los Baskerville (1932) y Orgullo y prejucio (1940) y como dobladora en las películas de animación de Disney Alicia en el País de las Maravillas (1951) o Peter Pan (1953) y lo celebramos con esta foto de Heather Angel vestida de conejo de pascua y posando sobre una cesta llena de huevos gordos.
domingo, 8 de febrero de 2009
Volvemos con Helen Duncan
En la foto: la médium Helen Duncan durante una sesión espiritista en su casa, materializa el espíritu de una mujer.
Helen MacFarlane (27 de noviembre de 1897 – 6 de diciembre de 1956) nació en Callander, Perthshire (Escocia) y sus fantasmas eran, eso, británicos. Los rasgos del espíritu (en algunas fuentes, llamado Peggy; en otras, Peggy es el nombre del espíritu de una niña, que aparece en la fotografía de la entrada anterior), recuerdan al títere tradicional Judy, la esposa de Punch, la adaptación inglesa del personaje Pulcinella de la Commedia dell’arte (Judy sale mal parada en las representaciones; deja al hijo de ambos al cuidado de Punch en la casa, el niño no para de llorar, Punch se pone nervioso y lo tira por la ventana. Judy vuelve a la casa, pregunta por el niño, discuten y Punch tira a su esposa por la ventana. Cabe destacar que en ocasiones aparecía otro títere, que era Judy convertida en fantasma. El fantasma de Judy). Los espíritus materializados de Helen Duncan solían salir de un armario; un dato relevante pues será contar que el marido de Helen, Henry Duncan, era ebanista, fabricante de armarios.
sábado, 7 de febrero de 2009
Los muertos cansados
A los muertos de ahora no les suele gustar hacer acto de presencia en las reuniones espiritistas. Les molesta, los inquieta. También saben que deben asistir cuando se les llama, como asisten los padres a una reunión de padres del colegio de sus hijos o como asisten los vecinos a un reunión trimestral de vecinos de la comunidad de vecinos de la casa. Asisten, pero sin ganas. Hay que ir. Y van, pero de mala gana, sin ilusión. Llegan tristes y sin ganas. Entre tanto vivo, los muertos se sienten como cuarentañeros en un un bar de adolescentes. Desubicados. Y a veces hacen cosas raras, para llamar la atención, para sorprender a los vivos, y les sale mal la mayoría de las veces. Algo que no debería caerse se cae y algo que no debería explotar explota. Sin medida, sin mesura. Los muertos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX hacían apariciones más bonitas. Las preparaban con cariño. Robaban telas de algodón y gasa, puntillas y encajes en los almacenes comerciales de retales, las arrugaban y las recosían formando largos churros y las sacaban por la boca y los oídos de los médiums como si fueran largos y hermosos cordones umbilicales ectoplasmáticos. Eso gustaba y sorprendía siempre a los asistentes. Hacían cosas bonitas, vistosas, de relumbrón. A veces, con mucho mimo, cosían a las telas pedazos de fotografías de familiares fallecidos o recortes de portadas de revistas de la época, con hilo fino y puntada invisible, o formaban moldes de cera de sus manos o de sus rostros y los dejaban caer desde lo alto en mitad de la mesa de la sesión. Era bonito y excitante todo eso para el día a día de los muertos que, de natural, se suelen aburrir. Los muertos de aquellos tiempos eran minuciosos, cuidadosos, detallistas. Fue una hermosa generación de muertos artesanos. Ahora no. Ahora los muertos, como mucho, meten cuatro gritos en edificios deshabitados o se aparecen durante un rato corto, pero se aparecen sin ganas, tristes, deseando volver a la tranquilidad. Entre ellos, se dicen, animándose, que llegarán tiempos mejores.
En la foto, la médium Helen Duncan, durante una sesión espiritista en la Biblioteca de la Universidad de Londres, saca un ectoplasma por uno de sus ojos vendados que toma la forma de un espíritu con la cabeza, reducida, de Joshepine Baker. Año 1933.
viernes, 6 de febrero de 2009
¿Se va a quedar morico?
Que acabo de leer esta frase en la nueva entrada de Badil. Que no conocía esa expresión, que la comprendo perfectamente pero que no la había oído nunca (los moros aquí construyeron de todo, hasta puentes romanos construían. Cosa antigua con fecha no muy clara: la habían hecho los moros), y eso, que me ha parecido muy bonita.
Y hoy andaba yo pensando que qué grande es Internet, que nos permite cosas que antes ni imaginábamos, como ver tantas veces como queramos el vídeo del ave lira (Menura novaehollandiae) echándose unas risas con un cucaburra y haciendo la motosierra o el vídeo del gatico que dice «Oh, my dog, oh, Long John, oh, Long Johnson, oh Don Piano». No hay cosa mejor. Son vídeos ya muy vistos, sí, pero no hay cosa mejor. De vez en cuando me los pongo y se me pasan todos los males. No hay cosa mejor.
miércoles, 4 de febrero de 2009
Sobre los arcones
Hay un momento en la vida en el que a un buen varón le da por comprar un arcón frigorífico de refrigeración. Lo instala y lo llena con dos medios ternascos y cuatro paletillas, dos cochinillos, una bolsa con seis jarretes, ocho manitas de cerdo, dos pollos partidos como para hacer al ajillo, cuatro pollos partidos en cuartos, cuatro rapes, dos merluzas cortadas por la mitad, dos merluzas de anzuelo cortadas en rodajas, una bolsa grande de aros de calamar, una bolsa de chopitos, una caja de gambas tamaño medio, una caja de langostinos, una bolsa de preparado para ensaladilla, dos bolsas de patatas prefitas tamaño familiar, dos bolsas de preparado para paella, una bolsa de setas variadas, una caja de lasagna precocinada, dos pizzas, cuatro bolsas de guisantes, varias bolsas de verduras precocidas (col de flor, judías verdes, acelgas, borrajas, alcachofas, alubias frescas, habas desgranadas, coles de Bruselas, cebolla picada, perejil picado, apio de hoja picado) y una tarrina de helado de limón y otra de chocolate y vainilla. Cuando ve que le queda espacio, mete una botella que le regalaron de marc de champagne, otra de orujo que tenía empezado y que ha calzado entre los hielos para que el cuello quede en lo alto y no se salga el contenido, unos cuantos vasos de chupito que previamente ha mojado en el grifo del garaje para que formen esa bonita capa de hielo alrededor del cristal y ocho bolsas de cubitos de hielo de los grandes, los que nunca fabrica un frigorífico y que venden en las gasolineras, que el agua no será buena, pero esos hielos son campeones. Cuando un buen varón cierra la puerta de su nuevo arcón frigorífico de refrigeración y ve que lo ha llenado hasta los topes, se golpea los muslos y se dice «aún hay sitio en el garaje para otro arcón».
lunes, 2 de febrero de 2009
Nuestras percepciones de la realidad están influidas por las teorías que enmarcan nuestro examen de ella
Que la teoría da forma a nuestra percepción de la realidad es cierto no sólo para la física cuántica, sino para todas las observaciones del mundo. Cuando Colón llegó al Nuevo Mundo, creyó que llegaba a Asia y, en función de ello, procedió a percibir el Nuevo Mundo como si fuese el continente asiático. La canela era una valiosa especie asiática, así que cuando encontró un arbusto que olía igual, declaró que era canela. Cuando encontró el aromático gumbo-limbo en las Antillas, pensó que se trataba de una especie asiática similar al fruto del lentisco mediterráneo. Un fruto del Nuevo Mundo coincidía con la descripción que Marco Polo había hecho de un coco. Basándose en unas raíces descubiertas por sus hombres, el cirujano de Colón declaró que había encontrado ruibarbo chino. La teoría le decía a Colón que se encontraba en Asia, así que sus observaciones así se lo confirmaron, por mucho que se encontrara a medio mundo de distancia. Hasta ese extremo es poderosa la teoría.
Del libro Por qué creemos en cosas raras. Pseudociencia, superstición y otras confusiones de nuestro tiempo, de Michael Shermer, Alba, Barcelona, 2008.
Anna May Wong
Hoy se conmemora el 48 aniversario de la muerte de Anna May Wong, actriz norteamericana de origen chino. Nacida como Wong Liu Tsong (黃柳霜), en una humilde familia propietaria de una lavandería en Los Ángeles. Comenzó su carrera a los catorce años, en 1919, como extra en la película La linterna roja, en 1919, de Alla Nazimova, rodada en el barrio chino donde Anna May había nacido. Fue la primera actriz de origen asiático que protagonizó una película, The Toll of the Sea, en 1922. También trabajó en el teatro y, al final de su carrera, en la televisión. Hizo papeles de china, de india americana (en una peli sobre el libro Peter Pan), de esquimal y de la hija del doctor Fu Manchu, entre otros. Tenía un padre puñetero que la encerraba en el camerino entre escena y escena, no fuera a ser que algún varón la pretendiera. Nunca se casó. Anna May Wong murió de un infarto de miocardio mientras dormía, a la edad de 56 años. Llevaba tiempo con el corazón pocho y el hígado hecho cisco de estar todo el día copa va copa viene. Era más bonita que un san Luis. La más guapa.
viernes, 30 de enero de 2009
Parquecitos de juegos para Lucifuge Rofocale
En www.darkroastedblend.com hay una bonita selección de fotos de esculturas y atracciones de parques infantiles que harían perder el sueño a Jack el Destripador. Pueden disfrutar de la primera galería aquí y de la segunda galería aquí. Mi favorito es el muñeco hinchable de una especie de oso que han fotografiado por detrás, de esos tipo Gargantúa, que entran los niños por la boca y salen por la vía natural. El problema, oh, señor, es el aspecto de la salida. Creo que a eso lo llaman mal gusto en primer grado. Pero bien, en general, la selección es muy bonita.
miércoles, 28 de enero de 2009
Hala melones
El rey Maximiliano de Austria (1459-1519), padre de Felipe el Hermoso y, por tanto, suegro de Juana I La Loca, murió en 1519 de una indigestión de melones, siendo enterrado en el ataúd que desde años antes llevaba siempre consigo.
De El libro de los hechos insólitos de Gregorio Doval, Alianza Editorial, Madrid, 2005, que es un libro de esos divertidos que cuenta muchas anécdotas bonitas, como la de la muerte de Jean Baptiste de Lully, que se murió al gangrenársele un pie tras pincharse con el bastón que usaba para marcar el compás durante la interpretación de su Te Deum en el palacio de Luis XIV. (Esta historia le va a gustar a Miranda, lo sé.)
domingo, 25 de enero de 2009
Un poco de creacionismo científico para perfectos idiotas, tontos del bote y enfermos moralineros
Debido a que las personas han aprendido que el hombre evoluciona de monos y gorilas, y que el relato de la Biblia sobre los orígenes en el Génesis no pueden ser aceptados, entonces creen que no son responsables para con nadie excepto para con ellos mismos. Esto significa que finalmente ellos pueden hacer lo que quieran. Como dice Hillary Clinton, la Senadora abortista-liberal-demócrata y esposa del impugnado ex-presidente norteamericano Bill Clinton: «Odio cuando el ala ultra derechista (Evangélica) del Partido Republicano trata de imponer su moralidad sobre los demás.» Esta «moralidad» que Hillary trata de evitar que impongan en ella y en sus partidarios del partido Demócrata, incluye la ley divina en su totalidad: no al aborto, a la sodomía, al sexo libre, a la homosexualidad, etc. Cuando el hombre ignora la ley de Dios, ese hombre queda a la deriva en el océano de la moralidad divina.
La evolución penetra tanto nuestra sociedad que cada vez más y más personas creen que la Biblia no es verdad. Por lo tanto, no tienen que ser obedientes a la Palabra de Dios. Y mientras más crean las personas que son sólo animales en la lucha por sobrevivir, entonces, ¿por qué no van a justificar comportamientos homosexuales o el aborto, por sólo poner dos ejemplos?
Del licenciado Dawlin A. Ureña, Pastor evangelista, y miembro de la Asociación Científica.
Recuerden: cada vez son más. Entrarán en sus casas y al segundo día intentarán reprimir sus conductas y las de los que tienen a su alrededor con su moralina enfermiza trasnochada y castrante. Si no lo consiguen, intentarán separarles de sus amistades aduciendo lo peligrosa que es su compañía (el libre pensamiento les resulta algo muy irritante a estos cretinos). Son como caparras en los cojones pero en versión mala. Cuando vean a un evangelista, corran como alma que lleva el diablo. Bueno, antes ríanse un poco de ellos, que siempre es divertido y saludable. Cada vez que se crea un nuevo adepto a la secta retrógrada de los evangelistas, una estrella se apaga, mueren 32 ángeles, sube el precio del pollo en los supermercados y el mundo se convierte en algo un poco más triste.
En la foto, Adán saluda contento a todos los animales del Paraíso, en el Museo de la Creación, en Petersburg (Kentucky), cercano al aeropuerto de Cincinnati. Si se fijan, encontrarán, frente a la figura de Adán, hasta un pobre pingüino perdido, que en ese momento pasaba por el paraíso y allí recibió su nombre. Luego ya, se fue en busca de zonas más frías para vivir más fresco. Ken Ham, director del museo, dice: «El museo es tan bueno como Disneyworld o Universal Studios, pero su fin no es de entretenimiento sino de "educar" realmente».
Sí, educar de cojón.
jueves, 22 de enero de 2009
Una superchería
El espiritismo es, desde el principio hasta el final, una superchería, la superchería más grande del siglo.
De la entrevista a Margaret Fox, publicada el 24 de septiembre de 1888 en el New York Herald. Margaret, junto a su hermana Katie, fueron las fundadoras del espiritismo moderno.
miércoles, 21 de enero de 2009
Blogger contra Blogia
Esta noche me he armado de valor y he intentado dejar un comentario en un blog de Blogia. Tras rellenar las casillas donde me pide que escriba mi nick, mi e-mail y mi dirección de blog, me ha hecho una pregunta. Si la acierto, podré publicar: «¿De qué color es la nieve?», entonces me he dicho «Para. Que estos de Blogia son todos más bien literatureros y enrevesados, que esta pregunta tiene truco». Así que he escrito en la casilla indicada: «Del color que no es color cuando se trata de un espectro luminoso», para ver si la cosa científica complacía al señor de Blogia. Pero me ha dicho que no. Así que, como los de Blogia parecen más bien leídos, me he dicho «Pues voy a ver qué dice el RAE» y, tras consultarlo, he escrito en la casilla: «Del color de la luz solar, no descompuesta en los varios colores del espectro», pero el señor Blogia me ha dicho que no. Así que me he dicho «Pues esta pregunta irá sobre la cosa de la frecuencia sonora, por aquello de la cosa musical» y he escrito: «Del color que se dice cuando el espectro sonoro viene dado por una línea plana», y el señor Blogia me ha dicho que no. Así que me he dicho «Pues eso es que lo que les va es la cosa artística pictórica» y he plantado en la casilla: «Del color que forman todos los pigmentos cuando se los hace girar mucho en un no parar», pero el señor Blogia me ha dicho que no. Así que he pensado que igual a los de Blogia lo que les va es la cosa poética y he escrito:
«Del color de la ropa tendida al amanecer
De los moleskines vírgenes
de la espuma del mar cuando se espuma
de los lienzos sagrados sacrosantos
de tu vientre desnudo
de los silencios cuando miras
del color de la inquieta mirada
de tu risa cuando ríes
y de tu risa cuando calla (Neruda, funciona siempre)
Del color de la flor de los naranjos
del color del pan fresco y caliente
del color que tiñe la mañana
Del color de la carta recién abierta
del color de la sien del que se apaga
del color de los muertos de la guerra
que se tornan, no en color, sino en afrenta».
Y ni por esas. Y me he dicho «Pues leche, si he escrito una serie de frases hechas de esas que ponen los poetas y les funcionan divinamente y encima los promocionan y no me las da por buenas, igual lo que pide es un punto analítico monetiano». Así que he escrito en la casilla: «De una mezcla de colores según la densidad de la nieve y según la incidencia de la luz solar y el reflejo de los colores que la rodean», pero tampoco. Así que he escrito como respuesta: «Blanca» y me la ha dado por buena y he podido publicar mi comentario.
Y me he dicho que qué raros son los de Blogia, que van de literatos y luego con la cosa de las respuestas son más simples que un sidral.
Y como a algún lector, tras leer lo anterior, se le ocurra hacer un comentario sobre la navaja de Occam, le juro por lo más sagrado que no se lo voy a publicar, que la cosa de la navaja de Occam está ya más vista que el tebeo, que hasta el pelirroyo del CSI Miami la usa. Que está muy visto. Todo dios con la navaja de Occam. Que no. Si encima no es verdad. Que no. Que me carga el Occam ese desde que me enteré de que también lo usan los creacionistas de los cojones para dar razonamientos a sus tontunas. Fú los creacionistas, el Occam y su navaja.
martes, 20 de enero de 2009
Llega el verano
Las bellas integrantes de la asociación femenina de esquí náutico de Long Beach, California (Long Beach Wakeboard Girls) me han enviado esta bonita postal, que reproduzco tal cual, sin virar a sepia, pues me parece que desmerecería. Ellas, con sus banderas rojas, han formado con mucho cariño las letras de este blog, se han preparado para la foto, han hecho la foto, la han sacado en una impresora láser de alta definición sobre papel fotográfico, han marcado sus besos de carmín y sus firmas en la parte trasera, la han metido en un sobre acolchado, me la han enviado por correo aéreo urgente y aquí la muestro, orgulloso y agradecido, a todos ustedes. Vale, bien, no, miento. Es una foto vieja y he cambiado las letras con el Photoshop. Ya está. Ya lo he dicho. En realidad es una imagen promocional de este blog. Pero mola.

