Pero ¿qué mierda de foto has puesto, nano? —me dice Sigmundo mirando la pantalla con el ceño fruncido y las gafas a punto de resbalar por la punta de la nariz.
—Yo pensaba que te iba a gustar —le respondo—. Es una metáfora gráfica sobre la realidad psicosexual de la mujer en la primera mitad del siglo veinte representada por un espacio cerrado motriz cuyo eje es el preponderante falo arquetípico que en la imagen se representa como el mástil central que simbolizaba la potencia soberana, la virilidad trascendente, mágica o sobrenatural de las ceremonias de iniciación o Misterios que en la Antigüedad se celebraban en honor a los dioses itifálicos Hermes y Osiris.
—Es una atracción de feria, nano —me contesta Sigmundo mientras se sirve un café.
No aguanto a este hombre cuando se levanta tan pragmático.
viernes, 19 de junio de 2009
Eje
Massin

Si quieren quedar modernos de cojones, están de suerte: tomen el libro La Cantatrice chauve sobre la obra de Eugène Ionesco que hizo Robert Massin con fotografías lit de Henry Cohen para la editorial Gallimard en 1964 y fusílenla. Con un poco de suerte, ni sus editores, ni sus críticos, ni sus compradores conozcan ese libro y ustedes pasarán por modernos de cojones. Si los pillan en un renuncio, digan que su obra era un homenaje o una adaptación libre de esa publicación, que han intentando enriquecer con la ayuda de las nuevas tecnologías o con la nueva visión del mundo que tiene el ser humano del siglo XXI pero respetando, eso sí, la creación original de Massin. Los querrán aún más, igual no saben bien de qué hablan, pero los querrán más.
Abajo, artes finales con indicaciones para fotomecánica de Massin, para la obra La Cantatrice chauve.
Ahora, con ordenador, cuesta un ná.
jueves, 18 de junio de 2009
Pliego (2)
Algunas veces recuerdo el tiempo que viví en San Petersburgo, cuando, al caer la noche, en el dormitorio, me quitaba el vestido, me ponía el camisón, lavaba mis manos y mi cara con agua fresca en la tina y esperaba, impaciente, la visita de nuestro amigo. Luego, tras su marcha, me metía en la cama, mi hermana apagaba la mecha de la lámpara con un soplido y caía en un profundo sueño. Soñaba muchas veces, pues era un sueño recurrente, que me encontraba en la cresta de una explanada, cuando el sol, rojo y brillante, estaba a punto de desaparecer entre las montañas. Yo me tumbaba sobre la hierba, que crujía bajo mi espalda, y esperaba. Esperaba observando una hermosa lluvia de estrellas. Esperaba escuchando el crepitar de la cebada creciendo. Esperaba mirando un cielo inmenso que me cubría, me llenaba y me vaciaba por completo. Esperaba sintiendo cómo las hormigas subían y pendían de los vellos de mis brazos. Esperaba sintiendo las lombrices de tierra roer mis pies doloridos. Al rato, escuchaba el galopar de muchos, cientos de caballos, que venían hacia mí. Los caballos pisaban mis piernas y mis brazos y yo me despertaba, muy asustada, con un fuerte dolor en el pecho.
Hoy celebramos, según el calendario gregoriano, el cumpleaños de Anastasia Nikoláyevna Románova. En la foto, Anastasia Nikoláyevna con su tía, la Gran Duquesa Olga Alexandrovna. Colección Romanov, Biblioteca Beinecke de Manuscritos y Libros Raros de la Universidad de Yale. (Que, por cierto, más de uno, cuando vea la foto de esta biblioteca, dirá que justo detrás de este edificio está La Seo de Zaragoza, pero no, que este edificio es de 1963 y está en el mismísimo New Haven [Connecticut]. El que hay enfrente de La Seo, además de una mala copia horterizada, es muy posterior.)
viernes, 12 de junio de 2009
Manos
Una de mis fantasías es visitar los museos en los que se halla la obra de Hans Memling y contemplar exclusivamente las manos pintadas en sus cuadros. Para ello, previamente se habrían cubierto los lienzos con una tela negra mate con unas ventanas de tal modo que sólo permitieran ver ese extremo anatómico tan humano y sugerente.
Leído en Mis adarmes, que es el nuevo blog de un señor que hace fotografías muy sugerentes, como las manos de Memling, pero en blanco y negro. La foto de arriba se llama Manos, y es una foto de manos. Yo veo siete manos, o seis manos y una manita. Sin contar las que no se ven porque las corta la panorámica y las que oculta la ropa. Luego están las del fotógrafo.
Egon Schiele
Hoy celebramos el cumpleaños de Egon Schiele (Tulln, Austria, 12 de junio de 1890 – Viena, 31 de octubre de 1918). Fue amigo de Gustav Klimt, al que le decía, cuando quedaban a tomar café vienés, «Gustav, no me lo tomes a mal, que sabes que te tengo admiración, pero es que mira que eres hortera, eres más hortera que una funda de ganchillo para guardar los gelocatiles». Klimt, asentía y le contestaba que bien, que sería hortera pero que mira la de cuadros que vendía a las pijas vienesas. Mientras, Kokoschka se reía a carcajadas gruesas. Un hombre que pinta como Kokoschka no puede reír de otra forma. «¿Cuántos botes de purpurina cinco aros has metido en el último cuadro, Gustav?», le preguntaba Schiele a Klimt, y éste le contestaba que siguiera así, con su humor fino, que como no dejara de pintar retratos guarretes iba a tener un disgusto. Y tuvo un disgusto, pero corto, tres días en prisión por la distribución de dibujos indecentes. Su vida también fue corta, murió a los veintiocho años de edad por la epidemia de la gripe española. Su esposa, Edith Harms, había muerto tres días antes de lo mismo. Así son las epidemias.
En la foto, Egon Schiele frente a su espejo, en 1915.
miércoles, 10 de junio de 2009
Acertijo bibliófilo
Un marciano baja al planeta tierra en su nave espacial marciana con la misión de robar unos cuantos libros, cincuenta libros españoles y cincuenta libros ingleses. El pobre marciano no sabe idiomas. Conoce los caracteres, sabe lo que es una «a», una «b», así todo el alfabeto, pero no sabe idiomas, así que lo tiene difícil para elegir cincuenta libros españoles y cincuenta libros ingleses sin equivocarse. El marciano llega a una biblioteca, abre la puerta con su pistola galáctica y se pone delante de una estantería repleta de libros, que curiosamente, son todos españoles e ingleses, desordenados. ¿Qué sistema utilizará, sin necesidad de abrir los libros, para distinguir los que están hechos en España y los que están hechos en Inlglaterra? Con ese sistema puede cometer algún error, pero como mucho será un cinco o un siete por ciento...
Hale, que es un acertijo facilón.
¿Y Seix Barral. y Seix Barral? Me dirán. Bah, Seix Barral son unos anglófilos.
martes, 9 de junio de 2009
Los espárragos y la orina
No todo el mundo puede oler las cosas en la misma medida. Después de comer espárragos [Asparagus officinalis], algunas personas percibirán un olor fuerte en su orina, mientras que otras no detectarán nada extraordinario. En una serie de test en los que la gente olía orina de un hombre después de que hubiese comido 450 gramos de espárragos [casi dos latas de espárragos Carretilla, peso escurrido], se demostró que algunas personas eran muy sensibles al olor mientras que otras no lo eran tanto. Parece que todos producimos unos compuestos acres en nuestra orina después de comer espárragos, pero algunas personas no pueden olerlos muy bien. Asimismo, algunas personas son insensibles al olor de las flores de fresia [Freesia]. La falta de sensibilidad a determinados olores se denomina anosmia específica, y es el equivalente olfativo del daltonismo.
La causa de las anosmias específicas todavía no se conoce, pero en algunos casos se ha demostrado que podría ser hereditaria. Es decir, que la transmiten los genes. Una conjetura plausible es que algunas de ellas son causadas por mutaciones en los genes que producen las proteínas receptoras. Igual que todas las demás proteínas, cada una de las proteínas receptoras de la nariz es codificada por un gen. Si alguien sufre una mutación en uno de estos genes, un cambio en la secuencia de ADN, la correspondiente proteína receptora puede ser defectuosa. Esto a su vez puede llevar a una capacidad reducida para detectar determinadas moléculas, como las responsables del perfume de las fresias. Así pues, nuestra sensibilidad a los olores depende de nuestro repertorio de genes que codifican las proteínas receptoras.
Enrico Coen, El arte de los genes, Biblioteca Buridan, Barcelona, 2007.
El otro día estaba viendo uno de mis programas favoritos, ese en el que Jamie Oliver cocina en su casa de campo (y come brotes crudos de lo que le sale en el huerto junto a su compañero, ese jardinero tan guapetón y tan varonil), y hablaban de espárragos, de la forma de plantarlos y de cómo conseguir una buena cosecha. Oliver comentó que había leído que no todo el mundo detectaba el olor que toma la orina tras comer espárragos y que era algo que estaba relacionado con el ADN de cada individuo. Dios, me dije, tengo que hacer una encuesta sobre este tema en el blog.
Yo ya les adelanto que sí, que huelo la diferencia de olor de la orina tras comer espárragos, no solo de la mía sino de la de los vecinos si es menester y me apuran. El tipo oriental que trabaja de vigilante en la película Austin Powers también goza de olfato fino. Ahora la pregunta es ¿Usted nota un olor diferente en su orina tras comer espárragos? No responda ahora, bueno, responda ahora pero en la encuesta que encontrará a la izquierda. En todo caso, si marcar una de las casillas en la encuesta anónima le sabe a poco, siempre puede confesarnos aquí, vía comentario, si detecta o no detecta cambios en el olor de la orina tras ingerir espárragos.
lunes, 8 de junio de 2009
Todo
Siempre he querido tener un pez vela (Istiophorus spp.) disecado en la pared del salón. O un pez espada (Xiphias gladius). Buscaría una foto en color de Tony Curtis pescando, la enmarcaría y la pondría a su lado. Eso me haría ilusión. Si, además, la pared en la que esté colgado el pez disecado es de madera y la de enfrente de piedra natural o pizarra, mejor que mejor. Y un espejo sol. No un espejo con un marco de madera con rayos de sol en relieve con un sol con cara sonriente y muchos colorines de los que venden en los mercadillos medievales. No. Me explico: un espejo con rayos metálicos de los que había en las casas en los años cincuenta. Creo que he deseado ese espejo desde que tengo uso de razón. Pero, maldita sea, no es cualquier espejo con marco solar. Es ese espejo en concreto. Pequeño, sencillo, con los rayos metálicos haciendo curvas, unos más largos y otros más cortos. Pero también esos otros espejos sol de madera dorada, más barrocos, más toscos. Sí, también esos espejos sol. O, también, el salón-jungla (1 y 2) de Elvis Presley en Graceland. Bien, hay unos cuantos muebles que no me gustan de ese salón, pero así, todo junto, combinado, creo que me gusta todo. El Winnie the Pooh de peluche no, pero lo demás... creo que me gusta todo. Oh, sí. Oh, sí.
También me gusta mucho cómo bailan en el último anuncio de Balay. Y el vestido de la chica. No sé qué manía tienen las mujeres de vestirse de otra forma. Cuando me reencarne en chica iré todo el día con ese vestido y esa rebequita azul celeste. Hasta para dormir me la voy a poner. Vale, tendré dos vestidos y dos rebequitas, para ir variando.
La foto pertenece a esta página, y es una selección de peces capturados en el lago Hopatcong de New Yersey el 23 de mayo de 1923 por George W. Beard y sus amigos. Además, en la página podrán encontrar bonitas fotos de un tren pasando bajo un puente, de vías de tren con personas posando y jugándose la vida ante la inminente llegada de un tranvía descarrilado y todo eso que nos gusta en este blog.
domingo, 7 de junio de 2009
Curso de Nueva Cocina Aragonesa (capítulo V)
Ya pueden ver el nuevo capítulo del Curso de Nueva Cocina Aragonesa.
Si desea ver el anterior capítulo del Curso de nueva Cocina Aragonesa, dedicado a la salsa agridulce, pulse aquí.
Si desea ver el monográfico sobre el ternasco en tres capítulos, pulse aquí.
Si además desean ver la película de cine independiente El hombre que quería bajar en Paniza, pulsen aquí para ver la primera parte y aquí para ver la segunda parte.
sábado, 6 de junio de 2009
El restaurant Phillies, abierto hasta las dos
Soy el hombre que lijó, tiñó de color cerezo y barnizó con barniz brillante la barra triangular del restaurant Phillies. Tardé dos días enteros, desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde, haciendo una parada cada día de una hora para almorzar.
Soy la perra Teckel que paseó, junto a mi dueña, frente a la fachada del restaurant Phillies cuatro horas antes de ningún suceso.
Soy la mujer que vive en el primer piso de la casa pintada de rojo que hay justo enfrente del restaurant Phillies. Enviudé hace cinco años. Mi vida no es mala. Miro a través de la ventana cómo pasa la gente. La gente va y viene del trabajo y así van pasando la vida. De noche dejo la persiana a la mitad, la luz del restaurant entra en mi dormitorio y me lleva al sueño. Sueño que bailo con Rob en esos salones enormes de suelo blanco y brillante a los que nunca fuimos. Sé que llegará un día en que me junte con Rob y entonces bailaremos con nuestras mejillas pegadas, una contra otra. Las suelas de mis zapatos de salón se deslizarán como si volara.
Soy el pintor que dibujó con lápiz graso, escuadra y cartabón y que luego delineó con pincel fino y a pulso las letras del cartel de madera del restaurant Phillies. Lo hice en una tarde de verano y cobré pronto, dos días después. El dueño luego me invitó a comer una pieza de carne y una cerveza helada.
Soy el hombre que acaba de tomar una hamburguesa con guarnición, una cerveza fría y una ración de tarta de crema con frambuesas y arándanos en el restaurant Phillies. Llegué hace seis horas a Nueva York y hace un par de horas alquilé una habitación individual en un hotel de la calle St. Charles, cerca de la avenida Greenwich. Es una habitación pequeña con baño compartido, pero está limpia y no es muy ruidosa. Debería estar de vuelta en Hampden el martes.
Soy Jo, que posa para mi esposo con un ajustado y brillante vestido rojo mientras observo que tengo un despinte en la uña del pulgar de mi mano derecha.
Soy el hombre que se levantará a las cinco de la mañana, se vestirá, bajará las escaleras, pasará frente al ventanal del restaurant Phillies y recorrerá la avenida Greenwich hasta llegar a la parada de metro que le llevará a su trabajo.
Soy el pintor que pintó de un hermoso verde la moldura interior del restaurant Phillies y aconsejó pintar la zona inferior y la puerta de acceso a la cocina de un brillante amarillo ocre.
Soy el reponedor que cada semana lleva sirope de limón al restaurant Phillies para sus granizados.
Soy Linda, la enfermera que en este preciso instante celebra con sus compañeras del St. John's Hospital la cena de Navidad en el hotel que hay a dos manzanas del restaurant Phillies.
Soy el propietario del local que hay frente al restaurant Phillies, y que ahora, en este mismo instante, duerme.
Soy el camarero del restaurant Phillies, que ahora, mientras enjuaga una bayeta bajo el grifo de agua fría, conversa con el hombre del sombrero gris y traje azul que está acompañado de una mujer vestida de rojo que mira, con desgana, sus uñas.
Soy el coche que ha pasado, hace cinco minutos, frente al restaurant Phillies.
Soy el hombre que ha pasado frente al restaurant Phillies conduciendo su coche de camino a casa.
Soy el responsable de la empresa cristalera que instaló, hace ocho años, el ventanal curvado de la fachada del restaurant Phillies. Se hizo en cinco piezas, cuatro planas y una curvada y tuvimos que utilizar el camión grande para llevar todo el material hasta la avenida Greenwich.
Soy el camarero del restaurant Phillies, que espera que los tres trasnochadores se vayan del local para cerrar y volver a casa. Allí me espera mi esposa, Jenny, y mis dos niños, que seguro que duermen como ángeles.
jueves, 4 de junio de 2009
Cristales
La caja de ampollas de Astenolit vienen con un rompedor de puntas de ampolla que no funciona mal. Es una pieza de plástico blanco con el logotipo del medicamento marcado en hueco relieve. La pieza tiene un agujerito, colocas la punta dentro del agujerito y, plac, la rompes. Luego das la vuelta a la ampolla y repites el proceso. No funciona mal, pero suele suceder que la punta de cristal se queda dentro de la pieza de plástico y es complicado sacarla. Así que ahí me tienen dando golpecitos a la pieza de plastico para que salga la punta de la ampolla. Si no se saca la primera, la segunda punta de la ampolla se junta con la anterior y se rompe una con otra formando muchos cristalitos. Tengo cierta fobia a tragarme cristales, en parte porque no creo que sea una cosa agradable para casi nadie, en parte porque hace años ya tuve la oportunidad de tragarme un parabrisas de coche y recuerdo la sensación de tener la boca llena de trozos de vidrio moviéndose entre las encías y los carrillos y crujiendo entre las muelas. Así que suelo pasar el líquido de las ampollas por un colador, no vaya a ser. Hoy he visto un trozo de cristal en el fondo del vaso. Necesito un colador más fino.
miércoles, 3 de junio de 2009
De «En las Antípodas»
En los años cincuenta, una amiga de Catherine se mudó con su familia a una casa contigua a una parcela vacía. Un día llegaron unos obreros para levantar una casa en la parcela. La amiga de Catherine tenía una hija de tres años que se interesó por la actividad de la parcela de al lado. Merodeó tanto por los alrededores que los obreros terminaron por adoptarla como una especie de mascota. Charlaron con ella y la dejaron contribuir en los trabajos, y al final de la semana le dieron un pequeño sobre con la paga: una media corona nueva y reluciente o algo así.
Ella la llevó a casa y la enseñó a su madre, que hizo todos los aspavientos requeridos de admiración, y le propuso llevarla al banco al día siguiente para ingresarla en su cuenta. Cuando fueron al banco, el cajero quedó igual de impresionado y preguntó a la niña cómo había conseguido aquella paga.
—He estado construyendo una casa esta semana —dijo ella encantada.
—¡Cielo Santo! —dijo el cajero— ¿Y construirás otra casa la semana que viene?
—Claro, si llegan los putos ladrillos —contestó la niña.
Del libro En las Antípodas, de Bill Bryson, RBA, 2006, Barcelona. En las Antípodas es un libro de viajes por Australia. No he leído más libros de viajes sobre Australia, pero apostaría una pierna que no hay otro libro que explique tan bien Australia y que además cuente historias tan buenas como ésta.
Jungfrukällan
En la foto, el rey Töre (Max von Sydow) contempla la sangre de sus manos tras vengar la muerte de su hija Karin (Birgitta Pettersson); al fondo, la reina Märeta (Birgitta Valberg), en la película El manantial de la doncella (1960), de Ingmar Bergman, con fotografía de Sven Nykvist.
Paulette Goddard (II)
Hoy celebramos el cumpleaños de Pauline Marion Goddard Levy, Paulette Goddard (Whitestone Landing, Long Island, Nueva York, 3 de junio de 1911 - Ronco, Suiza; 23 de abril de 1990). Y ustedes dirán ¿pero no hizo ya una entrada sobre Paulette Goddard hace pocos días? Sí, el 23 de abril para ser más exactos. Pero siempre hay una buena excusa para poner alguna foto de Paulette Goddard. Aquí, dos fotos. Miren qué pizpireta y qué sonriente, que parece de las de la lista de la compra del anuncio del Eroski. Oigan, cómo me gusta ese anuncio.
domingo, 31 de mayo de 2009
La burbuja alargada
La pared que tengo aquí, enfrente, está pintada de gris medio. Es un gris tirando a soso que dicen que no desvirtúa los colores. Es el gris medio de las escalas que los fotógrafos usaban para sacar el gris medio antes de la fotografía digital. Es un gris soso, neutro, con un poco de amarillo para que no azulee con la luz artificial que azulea. Y no está mal pintada la pared. Está tirando a bien. Ya he pintado muchas paredes tras tantas mudanzas.
Pero ahí, en la zona superior izquierda, hay una burbuja alargada, que se pliega hacia afuera como una cordillera de un mapa tridimensional de esos que marcaban las cordilleras. La miro mucho. Así como le da la luz, una parte tiene un treinta por ciento más de claridad y la parte que queda en la sombra un setenta por ciento de oscuridad. A veces pienso que debería darle solución. Rascar esa zona levantada, darle plaste con una espátula, luego con una llana, luego volver a darle plaste para solucionar la merma del plaste cuando seca, volver a pasar la llana, esperar a que se seque, lijar con una lija fina de agua y, luego, hacer un gris medio con pintura blanca, una parte de negro y un poco de amarillo y pintar esa zona. Luego pienso que no conseguiré ese mismo gris de la pared y que quedará o más claro o más oscuro y que será peor el remedio que la enfermedad. Entonces pienso que lo mejor será mover toda la mesa, con las dos pantallas, la tele pequeña, el archivo, los muebles cajoneros, el otro ordenador, la impresora, el escaner, los libros y los papeles apilados, quitar la burbuja, rascar y hacer todo lo que decía anteriormente y pintar todo ese paño. Y luego pienso que, tras el secado de la pintura, se notará la diferencia de tono en el recorte de una pared, la recién pintada, y la otra, la nueva. Así que entonces pienso que lo mejor sería sacar al pasillo todos los muebles, los ordenadores, la mesa larga, la estantería llena de libros, las sillas, la estantería, la mesa de delineante que nunca uso y que me sirve para apilar papeles, trastos y libros y el trozo de moqueta que pongo para no rayar el suelo y pintar toda la habitación para que no se vean los recortes.
Y luego miro la burbuja, el pliegue de la pared y me digo «pues si queda tan majo, si a fin de cuentas lleva el mismo tiempo que tú», y le doy un respiro. Pues también tiene derecho a vivir, digo yo.
Wilgefortis
Tiene un blog jodidamente bonito.
Encima pone la imagen de portada del número 2 de Swamp Thing, cuando Alan Moore hacía el guión (creo que este champiñón que acabo de llevarme a la boca no ha pasado por el control micológico de la asociación micológica en las jornadas gastronómicas de micología), y me ha tocao la patata. Uno no es de piedra.
sábado, 30 de mayo de 2009
Hoy, Cambio Radical, también abre para el público su temporada de piscinas
La foto de la familia de japoneses dentro de la piscina pertenece a una instalación del artista argentino Leandro Erlich.
viernes, 29 de mayo de 2009
El chiste de las ampollas deconstruído
Entra un hombre en una farmacia.
—Buenos días ¿tiene ampollas?
—Buenos días, Mister Pollas —le contesta el farmacéutico.
—¿Y a qué viene eso? —le pregunta el hombre.
—¿A qué viene qué? —le responde el farmacéutico.
—Que a santo de qué me llama usted Mister Pollas —le dice el hombre.
—¿Que no se sabe el chiste? —le pregunta el farmacéutico.
—Pero si es que no es así —le dice el hombre.
—Oh, bien, perdóneme. Disculpe ¿qué deseaba? —le dice el farmacéutico.
—Deseo un coche más grande, un familiar de esos todoterreno —le dice el hombre.
—Usted lo que necesita es un concesionario, Mister Pollas, un concesionario —le dice el farmacéutico.
—Pues deme unas ampollas de Astenolit, que me van bastante bien para los estados carenciales de salud.
El farmacéutico le sirve las ampollas de Astenolit.
—¿Quiere alguna cosa más? —le pregunta el farmacéutico.
—No, gracias —contesta el hombre.
Y entonces entran los indios gorrones y dicen al unísono:
—¡Nosotros lo tomaremos con leche!
Carole Lombard patea a John Barrymore
Hoy se conmemora el 67 aniversario de la muerte del actor John Barrymore (Filadelfia, 15 de febrero de 1882 - Hollywood, 29 de mayo de 1942), hermano de Lionel y Ethel Barrymore, padre de John Drew Barrymore y abuelo de Drew Barrymore.
En la foto, Carole Lombard patea a John Barrymore, hermano de Lionel y Ethel Barrymore, padre de John Drew Barrymore y abuelo de Drew Barrymore, en la película Twentieth Century de Howard Hawks (1934). Ya disculparán la repetición, pero ese es el problema que tiene pertenecer a una familia de artistas. Hay actores de los que poco se sabe de sus parentescos, pero de John Barrymore se dice siempre que era hermano de Lionel y Ethel Barrymore, padre de John Drew Barrymore y abuelo de Drew Barrymore. Y alcohólico, eso también se dice siempre de John Barrymore.
jueves, 28 de mayo de 2009
Miroslav Tichy
Luego no se me quejen, que les traigo lo mejor. Llevo unos días muy malos de mucho trabajo y de no parar, pero hoy ha sido un día muy bonito, porque mi vinatero favorito, al punto de la mañana, me ha traído seis cajas, seis, de vinos escogidos y variados de garnacha, luego he trabajado un rato, me ha mandado un mensaje Miranda sobre un truco bueno para mirar páginas en el IPhone, a eso de la una me ha entrado sueño (un sueño de esos de no parar de bostezar y que de tanto bostezar te entra mala gana, como a los leones que bostezan en los documentales), he comido coliflor con patata y ajo a la antigua que sobraba del día anterior y he echado una siesta como un niño. Luego me he levantado y he seguido trabajando hasta que me he puesto a plantar acedera, rabanitos de diferentes clases, achicoria y alguna cosa más. Luego ha venido mi señora del trabajo, he abierto una botella de Evohé, de Lécera (que me dijo ayer Nianankoro que lo había probado y que estaba muy bueno, y sí, que está muy bueno; tome nota, Arkab, haga el favor), hemos tomado un par de vinos con olivas en el jardín hasta que se ha levantado frío mientras oscurecía, he cocinado un arroz dos delicias (a falta de una delicia de esas que no como) y ahora les pongo esta entrada con un par de bonitas fotos de Miroslav Tichy.
¿Que no conocen a Miroslav Tichy? Si es así, hagan lo posible para no leer las tontunadas que pueden llegar a decir los promotores culturales, los periodistas artísticos y los poetas y literatos varios pamplineros sobre su obra. Miren las fotos que hizo durante muchos años de sus vecinas de Kyjov, Moravia (República Checa), con poca ropa. A Miroslav Tichy le gustan las señoras hermosotas con piernacas como troncos de árbol. Los promotores culturales, los periodistas artísticos y los poetas y literatos varios pamplineros le dirán que Miroslav Tichy crea y recrea un homenaje a la mujer, a lo femenino y a su memoria, pero para mí a que a Miroslav Tichy lo que le gusta es hacer fotos furtivas de señoras hermosotas con piernacas como troncos de árbol a través de las vallas de las piscinas municipales y, por las calles, con cámaras fotográficas caseras que parecen cualquier cosa menos cámaras caseras. Luego las revela en su casa, es posible que se ponga rufote viendo el resultado de las ampliaciones y luego las monta en unos paspartús de cartón que decora a lápiz o boli que le quedan muy resultones. Lo demás es tontería. Y qué fotos más bonitas que hace Miroslav Tichy. Seguro, démosle tiempo, que llega algún tontoloba que es capaz de escribir un libro entero sobre la historia y evolución de la mujer en el siglo XX a través de las fotografías de Miroslav Tichy, el poder evocador de la imagen, el recuerdo, el retrato robado y alguna pendejada más. Y, ojo, que igual encima cobra.
jueves, 21 de mayo de 2009
Sobre Johannes Gutenberg
Se sabe poco de la vida de Gutenberg. Que sus comienzos fueron en el oficio de la herrería y la platería y que a los años se echó unos socios y montó un taller de pulimentado de piedras preciosas y fabricación de espejos para los peregrinos. Aquello de los espejos para peregrinos parecía un buen negocio. Se iban a vender bien en esas fechas, que avecinaban la peregrinación a Aquisgrán. Todo buen peregrino desearía tener un espejo para, entre la multitud, cuando los oficiantes mostraran las reliquias, que el espejo las reflejara en su superficie y así guardar el poder de ese objeto milagroso (el peregrino no tenía más que colocar el espejo frente a la reliquia, tomar su imagen como si de una cámara fotográfica se tratase, tapar seguidamente la zona pulimentada con un paño y guardarlo consigo. Pasado el tiempo, el espejo conservaría sus propiedades mágicas: sólo había que descubrirlo y colocarlo frente a lo que se quisiera bendecir). Gutemberg y sus socios se empeñaron hasta las cejas con la compra de materiales y fabricaron una buena cantidad de espejos para la peregrinación a Aquisgrán. Calcularon mal. Ellos habían oído que la peregrinación comenzaba en 1439, pero tardó un año en salir. Con tanta deuda y tantos meses por delante, se vieron obligados a emprender otro negocio. Aquello, no exento de complicaciones, les salió un poco mejor.
miércoles, 20 de mayo de 2009
Kinsey sobre Kinsey
Aún no recuperado del todo de la alegría que me dio encontrarme con la foto de la entrada anterior, hago esta entrada con, de nuevo, una foto de Kinsey.
Cuando me reencarne, tras pasar por los estadios de chinche, mosquito del vinagre, mosca blanca de la col, rana y pepino de mar, me iré reencarnando en una serie de humanos hasta que salga como un señor parecido a Alfred C. Kinsey. Con ese pelo, esos trajes y esas pajaritas que llevaba. Es mi meta. Miren qué guapo y qué elegante que está. Hasta que no me vea como Kinsey no pararé de reencarnarme.
En la foto, Alfred C. Kinsey (Hoboken, Indiana 23 de junio de 1894 - 23 de agosto de 1956, Nueva Jersey) fotografiado para la revista Life (Hulton Archive/Getty Images) en 1954.
En 2004, Bill Condon dirigió una película sobre Kinsey, a la que puso de nombre Kinsey. El papel del entomólogo y psicólogo sexual lo interpretó Liam Neeson que, miren que no tengo nada contra Liam Neeson, pero servidor piensa que habiendo un señor en el mundo que con los años se le parece mucho pero que mucho más que es Graham McPherson, el cantante de Madness, para qué llaman a Liam Neeson. Pues que Liam Neeson es mejor actor, me dirán. Vale, bien, Liam Neeson es mejor actor.
Pero se le parece mucho más Graham McPherson.
martes, 19 de mayo de 2009
Kenneth Anger y Alfred C. Kinsey de charleta con Aleister Crowley
Si un día le viene alguien a contarle un chisme potente sobre algún actor de la época dorada de Hollywood (suicidios, asesinatos, cabezas cortadas, violaciones, tendencias sexuales, mafias, adicciones, rituales satánicos, filias y parafilias) pregúntele si tiene en casa el libro Hollywood Babilonia de Kenneth Anger. Si le dice que sí que lo tiene, se quedará chafado y no le contará más chismes; si le dice que no lo tiene, tal vez ese chisme lo haya leído en otro libro, o en un blog, o lo haya escuchado en la tele o en la radio, pero lo más probable es que el autor haya utilizado como fuente principal el libro Hollywood Babilonia. Léase Hollywood Babilonia y échese a dormir. Sabrá todo lo importante que hay que saber sobre el Hollywood bueno. Lo demás, que si Angelina Jolie se separa o no se separa, que si Abenámar saca película nueva, que si Ernesto Alterio tiene una tendencia irrefrenable a la sobreactuación, eso no aparece en Hollywood Babilonia, ya le dije que en Hollywood Babilonia sólo sale lo bueno. Lo publicó hace unos años Tusquets editores, en dos tomos (Hollywood Babilonia I y Hollywood Babilonia II, pues son dos libros y el uno con el otro forman un todo) y es una fiesta de libro, oigan, yo lo leo y lo releo y que no me cansa.
En la foto: El doctor Alfred C. Kinsey (izquierda), y Kenneth Anger (derecha) en la abadía de Thelema, con una foto de Aleister Crowley mirándoles fijo. No tiene precio esta instantánea.
sábado, 16 de mayo de 2009
Como cada mañana
«Tráeme el tabaco», le dijo el viejo, como todas las mañanas, con un suave doble golpe que le daba con la moneda de dos chelines sobre su hombro. El niño se sacudió el serrín de los pantalones y salió de la carpintería con la moneda de dos chelines entre sus dedos, que llevaba con mucho cuidado, con la manita levantada, como si fuera un merengue a punto de caer. Y, como todas la mañanas, pasó frente a la carnicería del señor O'Laughlin, que lo saludó con su mano grandota a través del cristal rotulado con letras grandes y rojas con fileteado color crema y le devolvió el saludo con su mano pequeñita; miró a uno y otro lado de la calle y cruzó la calzada, se ajustó la gorra y pasó frente a las planchadoras, que eran unas chicas muy simpáticas que todos los días le decían alguna cosa entre risas «¿Adónde vas con tanta prisa, Davin, chico?» y el niño se puso muy tieso, con la barbilla pegada al cuello, hizo como que no las oía y apresuró el paso. Luego pasó frente a las vendedoras de mejillones, que olían a puerto, a salitre y a esas algas verdes, gordas y carnosas que arrancaban de sus redes con la navaja los marineros, sentados en el muelle al acabar el día. «Hola, Davin, buenos días», le dijeron las vendedoras de mejillones y el niño giró un poco el cuello y devolvió el saludo con la cabeza, solemne, como había visto que hacían los mayores. Cruzó la calle y se encontró, como todas las mañanas, con el perro de la tienda de las cuerdas, que dormía en la acera, y con el dueño del perro y de la tienda de las cuerdas, el señor Derry, que estaba apoyado sobre el marco de la puerta. «Buenos días, Davin», le dijo el señor Derry, y el chico le devolvió el saludo con la cabeza, luego llegó hasta el bar, se aupó ayudándose del escabel de madera para llegar al mostrador y levantó su manita con la moneda «¿El tabaco para el viejo Lochlan?», le preguntó el señor McInerny, y el chico asintió con la cabeza dejándole la moneda sobre el mármol. «Aquí tienes», le dijo el señor McInerny entregándole el paquete de tabaco. Y el niño salió del bar, cruzó la calle y pasó frente a la tienda de las cuerdas del señor Derry y su perro, que aún dormía, pasó junto a las vendedoras de mejillones que olían a mar, a puerto y a yodo, pasó frente a las planchadoras simpáticas que le dijeron «¿De dónde vienes, Davin, chico?», cruzó la calle y pasó frente a la carnicería del señor O'Laughlin, que estaba atendiendo a una clienta muy arreglada que le había pedido un buen trozo de falda de ternera cortado en filetes y entró en la carpintería con el paquete de tabaco en su manita, que lo llevaba con mucho cuidado, y se lo entregó al viejo, como cada mañana.
jueves, 14 de mayo de 2009
Del éxtasis místico y los pegotes negros sobre la cara
El neurólogo Guillaume-Benjamin-Amand Duchenne (Boulogne-sur-Mer, 17 de septiembre de 1806 - París, 15 de septiembre de 1875), creador del electrodiagnóstico y de la electroterapia por corrientes galvánicas, no era del todo consciente de lo bonitas y estimulantes que le quedaban estas fotografías que él utilizaba como muestra de su estudio sobre las expresiones de la cara. La imagen pertenece a su Mécanisme de la physionomie humaine, ou Analyse électro-physiologique de l'expression des passions applicable à la pratique des arts plastiques (1862), y es por eso que la señora de las fotos seis, siete, ocho y nueve parezca que esté en pleno éxtasis místico, como si de una santa católica se tratara. Cómo me gustaría tener esta imagen a una resolución mayor para imprimirla en un buen plotter y colgarla en el pasillo a tamaño tres metros por dos metros. Ay, qué cosa más bonita.
martes, 12 de mayo de 2009
Borgo bonito
Borgo es un nuevo blog, y es de esos blogs para no perderse (o para perderse en él venga a mirar ilustraciones bonitas, venga a leer recetas, venga a aprender cócteles, venga venga un de todo). Hoy celebramos el cumpleaños de Burt Bacharach, que seguro que si entra en Borgo dirá ¡la leche, quiero que este hombre me haga la portada de mi nuevo recopilatorio, que me dibuje ahí delante del piano con un dry martini en su copa cónica con su cebollita y un par de chavalas sonrientes mirándome atentas mientras toco!
La familia Bartholin
Es probable que el interés de Steno en la anatomía fuera estimulado por las populares presentaciones de Bartholin en el teatro de anatomía de Copenhague. En la Dinamarca del siglo XVII, era una ciencia prestigiosa: los detalles físicos de la anatomía humana eran tan novedosos y excitantes como hoy lo son las secuencias del genoma humano. El teatro era el foro en el que los investigadores universitarios compartían con el boquiabierto público sus últimos descubrimientos sobre el cuerpo humano, por lo general el de alguien que acababa de ser ejecutado en la horca. Bartholin tenía la fama de saber complacer a la multitud, y recitaba con elocuencia mientras extraía los órganos del cadáver para que luego se pasaran entre la audiencia, en la que a veces se encontraban el rey y algunos miembros de la corte. Con la venta de entradas se cubría el costo del instrumental, los honorarios del verdugo y los refrigerios, además de los salarios de Bartholin y su asistente, que obtenía una ganancia adicional fabricando cinturones con la piel de los cadáveres y vendiéndoselos a los clientes menos impresionables.
Del libro Una nueva historia de la Tierra, un relato sobre la ciencia y Nicolaus Steno, el genio que descubrió la geología, de Alan Cutler, RBA, Barcelona, 2007.
Thomas Bartholin (20 de octubre de 1616 – 4 de diciembre de 1680) fue el descubridor del sistema linfático y a él se debe que el ducto principal de las glándulas sublinguales sea conocido como el ducto sublingual de Bartholin. Su hijo, Caspar (10 de septiembre de 1655 - 11 de junio de 1738), describió las glándulas vestibulares mayores, que son conocidas como las glándulas de Bartolino.
En la imagen superior, frontispicio del libro de Thomas Bartholin Anatomia, que es un libro precioso que pueden encontrar aquí cuidadosamente escaneado.
lunes, 11 de mayo de 2009
Richard Feynman tocando los bongós (2)
El 11 de mayo del pasado año, con motivo de su cumpleaños, puse una foto de Richard Feynman tocando dos bongós. Este año no vamos a ser menos y pongo otra foto distinta pero de la misma sesión de Richard Feynman tocando un solo bongó. Un matemático lógico dirá que el año que viene pondré una foto de Richard Feynman sin tocar ningún bongó. Pues puede ser, tiempo al tiempo.
sábado, 9 de mayo de 2009
Forma y color
Cuando busco algo por casa o en un supermercado lo suelo encontrar gracias a dos enunciados mentales: forma y color. Si me cambian la forma, malo. Si me cambian el color, ya imposible. A veces pienso que tal cosa tenía tal color y luego resulta que tiene otro; entonces, ya lo puedo tener delante, que no lo veo. Gracias al Altísimo, en la mayoría de esos casos tengo a mi señora detrás con los brazos en jarras espetándome «¿Pero no ves que lo tienes ahí delante?», y yo miro y remiro y sigo sin verlo. Vuelvo la cabeza, miro a mi señora y la veo señalándome lo que llevo buscando desde hace rato. Está ahí enfrente con la forma de siempre, pero con otro color. Esta tarde buscaba el fumigador con capacidad para cinco litros, que es un recipiente de plástico grande con forma de termo de camping, asa de tela negra, palanca compresora manual y una manguera. Lo que viene siendo un fumigador con capacidad para cinco litros. Pero yo lo recordaba naranja, naranja como las naranjas, como el Pantone 1585, como el naranja de las jarras de plástico de picnic, como el naranja de «publicar entrada» de Blogger. Un naranja de textura mate pero de color brillante. Mi señora, detrás, señalándome el trasto. Me guío con la mirada desde su hombro pasando por todo el brazo hasta llegar a su dedo índice señalador, trazo una línea recta imaginaria en el espacio que me conduce a lo señalado y me encuentro con un fumigador con capacidad para cinco litros pero de color verde. «¡Pero si es verde!», le digo. «Siempre ha sido verde» me dice con voz de espíritu en mitad del oráculo de Delfos. «Pues yo pensaba que era naranja», le respondo. «Pues siempre ha sido verde», me responde. «Pues para mí que era naranja», le contesto. Yo la creo, claro. El fumigador con capacidad para cinco litros es verde como las manzanas verdes, como el Pantone 367, como las jarras de plástico verde de picnic. Un verde de textura mate pero de color brillante. Mi señora se aleja por el pasillo diciendo «todo lo del jardín es verde», y entonces mi cabeza se ha puesto a cien pensando cosas para el jardín que no fueran verdes, para replicarle todo ufano, pero no se me ha ocurrido ninguna, así que he bajado las orejas y he cogido el fumigador verde con capacidad para cinco litros sin rechistar. El otro día, la cajera del supermercado me llevó casi de la mano hasta el estante donde solía estar el maíz dulce Gigante Verde. Yo erre que erre con que no les quedaba maíz dulce Gigante Verde y ella que sí. Me hizo ir a buscarlo. No había. Vuelvo a la caja. Ella que sí que había. Sale de la caja, me lleva al estante y me dice «Aquí está» y me mete una palmada en el brazo. Pues cómo lo voy a ver, si en los packs de tres latas le han puesto un plástico serigrafiado con una franja de color azul. ¿Maíz dulce de Gigante Verde con una franja azul en la parte de arriba? ¿Eso dónde se ha visto? eso es demasiado para mí. Un día tengo que quedar con mi córtex cerebral a ver si me explica este asunto entre lo que recoge mi ojo y lo que interpreta mi córtex, a ver qué me dice.
viernes, 8 de mayo de 2009
Dan miedo
Da miedo encontrarse con una foto antigua de una señora que mira a cámara con rostro inexpresivo.
Da miedo encontrar otra foto muy parecida, de la misma sesión, con una señora mirando a cámara con el rostro inexpresivo e intuir que en lugar de una señora se trata de un maniquí.
Da más miedo encontrar una tercera foto muy parecida del maniquí mirando a cámara con el rostro inexpresivo visto desde otro ángulo.
Pero lo que da mucho más miedo es encontrarse con una cuarta foto del maniquí acercándose a la cámara. Eso ya es para mear y no echar gota.
Y esta entrada es para la Luisa, que hoy es su cumpleaños.
Los que caminan
Sip-sap, sip-sap, sip-sap. La gente camina de un modo en la calle y de otro en su casa. Es por eso que los actores de las películas nos parecen tan joviales y tan llenos de vida, porque caminan por la calle con paso firme y luego llegan a su casa y no deslizan los pies haciendo sip-sap, sip-sap, sip-sap. Caminan igual, a grandes zancadas, comiéndose en dos pasos el pasillo que lleva a la cocina y de la cocina al cuarto de estar. Hay personas mayores que sacan a la calle sus pasos de andar por casa. También a veces he visto a jóvenes, cuando van acompañados de su familia, que caminan por la calle como si fueran por casa; parece que no les ha dado tiempo a quitarse las zapatillas. Deslizan las piernas cansados, como si por despegar los pies del asfalto se les fueran a salir las babuchas de su sitio. Luego, tras despedirse de la familia, giran la esquina de la calle y caminan como los actores de las películas, a grandes zancadas, firmes.
La corbata varonil del derecho y del revés
Trikki y Arkab andan aleccionándome sobre la cosa del vestir varonil en la habitación para hombres del blog de Trikki. La cuestión es que ellos saben mucho más sobre el vestir varonil y la combinación de colores de trajes con camisas y corbatas que un servidor, pero no poseen el gran grial del vestir varonil, el bastión sagrado del vestir varonil, la piedra angular de todo fondo de armario varonil que se precie. Y es lo que les muestro en la foto: la corbata respetable gris de raya fina con señora en porreta sentada en una silla acariciando un gato en el envés. No hay cosa igual. Sé que rabiarán cuando la vean, pues es una corbata que solo poseo yo. Es un talismán poderosísimo y por eso sé que la desean y codician hacerse con su poder, pero es mi corbata. No se puede tener todo en esta vida.
NOTA: en la foto no se aprecia, pero la imagen de la señora en porreta está maravillosamente serigrafiada sobre un brillante, albugíneo e impoluto tejido de seda artificial.
jueves, 7 de mayo de 2009
El árbol del mal
Arriba, ilustración de un panfleto de la Pittsburgh Creation Society (Bairdford, Pensilvania, 1994) que nos advierte de todos los horrores que ha traído al mundo la evolución de Darwin. A saber: Suicidio, Homosexualidad, Aborto, Humanismo, Alcohol, Sectas, Relativismo, Ingeniería genética, Comunismo, Educación sexual, Drogas, Inflación, Rock duro, Racismo, Liberación de madres y niños*, Libros sucios, Educación moral, Secularismo, Socialismo, Delincuencia y Terrorismo. A uno de los lados del árbol, un muñeco representante de la ciudadanía en general pone cara de asombro o grita; al otro lado del árbol, un representante de los cristianos aparece con la boca cerrada con una cremallera; mientras, un hacha que representa a los «científicos creacionistas» tala el tronco del árbol para acabar con todo eso. ¿Hacen falta más ejemplos para demostrar que los creacionistas son unos gilipollas y unos enfermos malparidos o ya con este dibujito lo tenemos ya todos claro?
*liberación de mujeres y niños en el original en inglés, que para el caso, tampoco arregla mucho.
La ilustración, ya traducida al castellano, aparece en Por qué creemos en cosas raras, de Michael Shermer, Alba, Barcelona, 2008, si quieren ver la original, en inglés, la encontrarán aquí. Este gráfico muestra sólo unos pocos conceptos, pero es fácil encontrar listas más extensas, entre las que podemos encontrar que el darwinismo propició lo que ellos califican como filosofías nocivas. A saber: Comunismo, Racismo, Ateísmo, Materialismo, Cientificismo, Monopolismo, Ocultismo, Conductismo, Nazismo, Imperialismo, Humanismo, Amoralismo, Panteísmo, Anarquismo, Social Darwinismo y Freudianismo. Como prácticas demoníacas hijas del darwinismo, también tienen la siguiente lista: Aborto, Promiscuidad, Pornografía, Chauvinismo, Eutanasia, Bestialismo, Homosexualidad, Canibalismo, Cultura de la droga, Esclavitud, Genocidio, New-ageísmo, Contaminación, Satanismo, Criminalidad y Brujería.
miércoles, 6 de mayo de 2009
Sin novedad
—Pero ¿aún no se lo has dicho?
—No.
—¿Cómo haces para escondérselo durante tanto tiempo?
—Bueno, eh... tampoco hace tanto...
—¿Tampoco tanto? Llevas... espera... treinta y uno, sesenta y dos... ¡ciento treinta y dos días!
—Ah, sí, bueno, cómo pasa el tiempo...
—¿Y qué le dices?
—Bueno, que he tenido que viajar al extranjero, que estoy con mucho trabajo, que he caído enfermo, un poco de todo eso.
—Algún día vendrá sin avisar, abrirá la puerta y se encontrará con la sorpresa.
—Bien, ya veré cómo me las arreglo si surge eso.
—Vete preparando, hace una hora la vi por el barrio.
martes, 5 de mayo de 2009
Receta infalible y muy admirable
Para hacer decir á una muchacha todo lo que haya hecho
Tómese el corazon de un palomo y la cabeza de una rana, y despues de haberlos puesto á secar, se reducen á polvo y se ponen sobre el estómago de la que se quiere hacer hablar mientras duerme; y dirá todo lo que tiene en el alma. Cuando haya dicho lo que uno desea saber, es preciso quitar con precaucion lo que se le habia puesto en el hueco del estómego, á fin de que no despierte o suceda otro accidente.
Hortensio Flamel, El libro negro ó la magia, las ciencias ocultas, la alquimia y astrología, con secretos y recetas admirables, sacados de los mas célebres autores cabalísticos tanto antíguos como modernos. El arte de adivinar por los naipes, y una nueva Llave de los sueños, Imprenta de Manuel Sauri, Barcelona 1866.
Consejo para la muchacha a la que le vayan a poner el corazón de palomo y la cabeza de rana en el estómago
No hables demasiado. No digas a tu esposo todo lo que haces y todo lo que piensas. No abras tu mente como si se tratara del cajón de un mueble, para ofrecerla a la inspección de tu esposo, especialmente si hay cosas en ella que pueden significar una sorpresa desagradable. Si has hecho algo en el pasado de lo cual te arrepientes con sinceridad, guárdalo con doble candado en el corazón y jamás reveles a nadie tu secreto.
Irma Padovani, Cortesía y distinción (etiqueta y trato social), Ed. Sintes, Barcelona, 1951.
Diez Años
Fui 1o años foca en un circo.
Vi prosperar a domadores,
A mujeres barbudas,
A trapecistas y a payasos.
Mientras, yo hacía girar
Una pelota sobre mi hocico.
Fui diez años.
Hice reír y llorar,
Comía pescado, me aplaudían.
Pero aquella carpa
Nunca terminaba de caérseme encima.
Fui diez años foca en un circo.
Tengo algunas fotos, en casa.
Julio de la Rosa, Diez años foca en un circo, Ed. Chorrito de Plata, Zaragoza, 2008
lunes, 4 de mayo de 2009
Para acabar de una vez con las comillas inglesas
En el lenguaje escrito castellano, las comillas, ese signo tipográfico que nos sirve para encerrar citas, deberán ser siempre latinas («...») y sólo utilizaremos las comillas altas o inglesas ("...") cuando éstas encierren una cita dentro de otra cita. Las comillas sencillas se usarán para encerrar una cita dentro de otra que ya está encerrada entre comillas inglesas. El orden de utilización será el siguiente: « " ' ' " ». Si es usted inglés, puede utilizar las comillas inglesas (ejemplo: "My Lord"); si es usted francés, puede utilizar las comillas con un espacio entre la palabra y el signo (ejemplo:
« Mon Dieu ») y las llamará guillemets en honor a Guillermo Le Bé, que fue el primero en utilizarlas para encerrar citas; si es usted alemán, usará las comillas con el orden invertido al que estamos acostumbrados (ejemplo: »Mein Gott«).
Y ahora, dicho lo anterior, vamos con el chiste:
Un inglés, un francés, un alemán y un español hablan del servicio postal de sus respectivos países. El inglés dice "En mi país, yo escribo en la dirección del sobre 'Para mi madre Mary, de su hijo George, Yorkshire' y la carta llega sin problemas". Entonces el francés contesta « En mi país, yo escribo " Para mi madre Natalie, de su hijo Jean, Marsella " y la carta llega sin problemas ». Entonces responde el alemán »Pues en mi país, yo escribo "Para mi madre Hilda, de su hijo Horst, Berlín" y le llega la carta sin problemas«. Entonces llega el español y dice «Eso no es nada, en mi país, yo voy a correos con un paquete y nada más verme ya se lo envían a mi madre». El inglés dice "Eso no puede ser", el francés dice « Eso no me lo creo », el alemán dice »Eso habrá que verlo«. «Pues vamos a la oficina de aquí al lado», responde el español. Entran en la oficina de correos y el español se lleva la mano a la bolsa escrotal y le dice al hombre de la ventanilla: «¿Para quién es este paquete?». «¡Para tu puta madre es ese paquete!», le contesta.
¿Les ha hecho gracia? Ya, ya sé que no, pero no me digan que no es un chiste instructivo.


