sábado, 12 de septiembre de 2009

Una aparición

Fue tantas veces del cuarto de estar a la cocina, de la cocina al baño y del baño al dormitorio que, sin quererlo, al morir, la suma de todos esos viajes la convirtieron en fantasma. Era un fantasma de andar por casa, que iba, a paso lento, del cuarto de estar a la cocina, de la cocina al baño y del baño al dormitorio. Era un fantasma que no daba muchos sustos. Sus apariciones consistían en eso, en una figura velada que iba del cuarto de estar a la cocina, de la cocina al baño y del baño al dormitorio. Tan sólo una vez la nueva inquilina pasó miedo cuando vio al fantasma cerca del lavadero agitando los brazos. Ese hecho se remonta al año 1942, cuando la anterior inquilina, frente al lavadero, dejó caer por accidente un recipiente de loza con la comida recién hecha. El recipiente de loza cayó, rompió dos baldosas y su contenido se extendió por todo el suelo de la cocina. Ese día infausto se quedó grabado en la memoria de las paredes como en una película, pero con sesiones restringidas; mejor, caprichosas. Así, bastó que a la nueva inquilina se le fuera de las manos un tazón de porcelana lleno de café con leche que se derramó por todo el suelo de la habitación para que el resorte se accionara y el traspunte avisara al fantasma para que saliera, pronto, a escena. Salió, ejecutó la representación (agitando los brazos, llevándose las manos a la cara, cayendo de rodillas con gesto afligido) y luego se incorporó, se dirigió al cuarto de estar, del cuarto de estar al baño, el baño al dormitorio y allí desapareció.

4 comentarios:

Javier dijo...

Estupendo relato, don Harry. La primera mitad,la cotidiana, se me ocurre que podría habérsele ocurrido a Wenceslao Fernández Flórez, por poner un ejemplo cercano. La segunda parte, la del mecanismo, es otra cosa. Es muy suya y es la guinda de esa joya. Sólo una cosa: si yo lo leyera en una página impresa, sin indicación de nada, lo consideraría un resumen de un cuento. Luego hay algo en el aire que le está pidiendo que a ese esbozo extraordinario le de vuecelencia el cumplimiento y extensión debidos.

Harry Sonfór dijo...

Me alegra mucho que le haya gustado, Javier. Tiene razón, que parece el resumen de un cuento, pero como soy tan perezoso para retocar lo que escribo así se quedará. Veámoslo por el lado positivo y digamos que es un microrrelato de esos que gustan a los lectores vagos, en lugar de un cuento sin desarrollar. Me salva, eso, que como nunca en la vida lo veremos impreso sobre papel... ¡No tengo que retocarlo ni ná! Es lo bueno de los blogs, que te permiten ser vago con los escritos. Las cosas están bien donde están. Tengo la sensación de que la mayoría de los textos que se escriben en un blog, al trasladarlos al papel, se convierten en una especie de mierda infame y hedionda, así que al final ni me los saco con la impresora, que entonces me arrepiento de lo que he escrito y de todo lo demás.

Inde dijo...

Pos no sé cómo quedará en papel, pero tal como está está bien majo. Que me gusta, sí, sí. Y me ha picao la curiosidad, señor Sonfór: lo voy a imprimir. Éste y algunos compañeros. A ver qué tal quedan.

Por cierto, que ya sé que los fantasmas son etéreos, pero yo me imagino un caminito marcado en el suelo de tanto ir y venir. De la cocina al baño, del baño al dormitorio...

Harry Sonfór dijo...

Sí señora, un caminito más oscuro en el suelo de baldosa hidráulica, eso mismo me imaginaba.
Me alegra mucho que le guste.