jueves 19 de noviembre de 2009

Daguerrotipo

La imagen es de Jean-Baptiste Sabatier-Blot (Francia, 1801–1881), en ella aparece su hija junto a una mujer, en 1850.
Un día alguien me querrá explicar por qué la gente retratada con cámaras de daguerrotipos se ven más vivas y más modernas que las fotografiadas con cámaras posteriores. Es posible que la instantánea no disponga del tiempo suficiente para hacerse con todo lo que roba el daguerrotipo.

PS: Y la respuesta no se hace esperar. Carlos Vertanessian nos escribe desde Argentina:

«Como apasionado al daguerrotipo y coleccionista, te dejo una explicación parafraseada de Walter Benjamin que se ocupó mucho de la temprana fotografía y el daguerrotipo:
Ningún daguerrotipo puede ser entendido como una imagen instantánea. El artista daguerreano no tenía los recursos técnicos como tomar al modelo por sorpresa. La pose debía ser deliberadamente elegida. El tiempo de exposición, variando desde dos a treinta segundos, hacia imposible cualquier intento que no fuera cuidadosamente estudiado y posado.
»Este impedimento, sin embargo, le daba al modelo la ventaja de vivir dentro del instante fotográfico. Mientras posaba calmo durante todo el tiempo de exposición el modelo crecía, por así decirlo, dentro de la imagen misma. Durante ese largo proceso afloraba la personalidad del retratado, su orgullo y su carácter. Se mostraba así como quería ser recordado. Las más logradas imágenes daguerreanas reflejan así, y de manera arquetípica, a toda una sociedad desaparecida hace generaciones».

miércoles 18 de noviembre de 2009

Y dale con Tarkovski

...la meta de las personas que en esa película [Stalker] se encaminan hacia la zona es una habitación donde se cumplirán sus más secretas aspiraciones. Mientras atraviesan el curioso territorio de la zona, rumbo a esa habitación, Stalker narra al escritor y al sabio la historia, real o legendaria, de Dikoobras, que llegó a aquel lugar ansiado pidiendo que su hermano, de cuya muerte él era culpable, volviera a recobrar la vida. Pero cuando Dikoobras volvió de la «habitación» a su casa, se encontró repentinamente enriquecido. La zona le había regalado su verdadero deseo íntimo, y no aquello que había pretendido desear. Por eso, Dikoobras se ahorcó.

Andrei Tarkovski, Esculpir en el tiempo, Rialp, Madrid, 2008, p. 220.

En la primera foto, Alexander Kaidanovsky en Stalker (1979)
En la segunda foto, The Large Turf, de Durero (1503)

Si además quieren ver la nueva muestra de cine independiente con un actor alemán al que le suenan los tacones, no tiene más que darle aquí.

martes 17 de noviembre de 2009

Vinos aragoneses

Mi vinatero de confianza ha abierto un blog que sirve como apoyo a su página de venta online de vinos aragoneses y eso es siempre motivo para estar alegre. Y motivo para abrir en la cena una botella de las que me ha traído hoy al punto de la mañana y ponerme más alegre aún. Así que si luego de noche me da por escribir con las erres al revés, échenle las culpas al maestro vinatero. Ay, que no me decido, si la una, si la otra o si la de acullá. ¿Que no conocían la página de venta online y le siguen comprando el mismo vinarro de todos los días al de la tienda de abajo? ¿Pero en qué mundo viven? ¡Pero si eso está demodé! ¡Demodé y out!
Arkab, que si abro un Veratón o qué.

Guiso de ternera con patatas y guisantes

En la foto, Daniel Viscain con David Bowie en el vagón-restaurante del ferrocarril británico (Circa, 1973). Donde se demuestra que los músicos de pop-rock y los propietarios de sellos discográficos también comen ternera guisada con patatas y guisantes. Y su pan con mantequilla. Ya no se venden americanas así. Digo yo que te pones una americana así y de pronto te encuentras más contento. Ahí con sus brillos y sus reflejos. Son americanas alegres. Ojo, que estas americanas de la foto no se pueden meter en la lavadora, pero tampoco conviene meter una americana de ahora en la lavadora. La culpa de todo la tienen los forros y las entretelas, que encogen como les viene en gana. Estamos en el año 2009 y aún no se ha inventado una tela de forro que encoja igual y de la misma manera que el tejido de lana fría o el paño inglés. Solución: llevarla a la tintorería, que es ese extraño local que huele igual en cualquier lugar del mundo. Entras en una tintorería y te sientes como en casa, en el caso de que tu casa huela como una tintorería.

Complete Mitchum

Los acontecimientos me obligan. Anagadner* confiesa que es fan de Mitchum, y si lo dice Anagdner va a misa; lady in the radiator dice que le gusta el cropping de la entrada anterior, y si a lady in the radiator le gusta un cropping pues habrá que hacer más croppings; Gloria es laughtonguista fiel, y por ello tiene hasta un blog dedicado por entero a él (creo que es el ser humano que más sabe de Laughton en el mundo entero) y elradia, que se confiesa públicamente heterosexual en estos tiempos tan difíciles, dice que el Mitchum le pone. Pues hay que hacerlo. Aquí tienen la foto de Mitchum entera, sin cortes. Que no es su mejor foto, eso también.

*Que no le puedo poner enlace a Anagadner porque no tiene blog. Que me parece una injusticia, con la de cosas que podría contar. Pero que no tiene blog. Algo habrá que hacer. Una plataforma para que se abra un blog, una recogida de firmas o algo así.

sábado 14 de noviembre de 2009

Un engendro monstruoso


Se trata de un engendro monstruoso fruto de una imaginación desquiciada... Rechazable en absoluto.


Nota de un censor español sobre la película La noche del cazador, basada en la novela de Davis Grubb y dirigida en 1955 por Charles Laughton, con Robert Mitchum, Billy Chapin, Sally Ann Bruce, Shelley Winters, Lillian Gish, Peter Graves, Evely Varden y James Gleason, en el libro La censura cinematográfica en España, de Alberto Gil, Ediciones B, Barcelona, 2009.
En la foto, las manos de Robert Mitchum en una foto promocional de la película con su característico tatuaje pre rapero. En los dedos de su mano izquierda leemos «TE» y en los dedos de su mano derecha, al revés, leemos «LO».

jueves 12 de noviembre de 2009

Lugares recurrentes que aparecen cuando sueño

Una especie de paseo marítimo, con el mar a la derecha y una fila de casas bajas con locales abiertos en la planta calle. Entro en uno, bajando unas escaleras, en el que se venden sovenirs y objetos de inspiración marinera.

Una ciudad, que no me resulta desconocida. Subo por su casco viejo y callejeando descubro que toda la ciudad está ubicada a los pies de un enorme y escarpado risco que nunca había visto. Se hace de noche y hay fiesta en las calles. Subo por un sendero y veo la ciudad desde arriba, llena de luces, como si fuera en avión.

Ese mismo risco, de día. Subo por un sendero y en lo alto me encuentro con un viejo molino. Entro en él, está vacío salvo por unos pájaros que anidan y aletean por el techo. Salgo de allí y de pronto truena y se pone a llover como en las películas de Tarkovski. Las suelas de mis botas resbalan sobre la hierba mojada.

De nuevo, otro casco viejo, esta vez tiene aspecto castellano, o italiano. Hay una plaza cuadrada con porches que forman arcos Tudor. Es de noche y hay mucha gente en la calle, pues se celebra una especie de carnaval medieval con máscaras. La escena es muy cálida, pues está toda iluminada por antorchas. La gente baila y grita y hay una especie de actores vestidos de arlequines, como de Comedia del Arte italiana. Si me cuentan este sueño diría que qué sueño más jodidamente hortera, pero en el sueño no lo recuerdo así, es agradable, excitante. Salgo de la plaza con otras personas y llego hasta una plaza abierta en lo alto del casco. Es amplia, románica, de piedra gris con musgo y enredaderas. La luz es azul, pues amanece. Se oye el silencio y llevo un jersey gordo de algodón de color negro o gris.

Una plaza con una rotonda en el centro. Tiene edificios grandes que parecen embajadas y hoteles (o yo sé que son embajadas y hoteles). Circulan coches elegantes americanos de los años cincuenta, y la rotonda tiene palmeras y un jardín de estilo francés. Es verano y hace calor. Cerca hay unos porches y busco una papelera.

Una cafetería años setenta con ventanales. Para entrar hay que bajar unas escaleras metálicas con peldaños de madera. Las paredes están pintada en color marfil y tiene una especie de departamentos con mesas pequeñas y asientos tapizados de verde musgo. La luz es amarillenta y las mismas ventanas que dan a la calle están teñidas de un bonito amarillo yema de huevo. Miro a través de los ventanales y pienso que distingo mejor los detalles si miro a través de ventanales de color amarillo e ideo una rara teoría sobre el amarillo y la miopía. Llevo una chaqueta marrón de cuadros grandes.

Una playa de noche en invierno con un mar negro y picado que tiene una cabaña de madera en lo alto. Entro en la casa, que tiene una habitación pequeña de techo bajo, forrada en madera con una luz cálida. Hay mantas de colores y todo me gusta, pienso que todo lo que veo es muy sueco y me gusta y así se lo digo a la persona que me acompaña, que lleva un jersey de cuello alto y el pelo negro, liso y suelto. Hay un aparador con teteras y jarras de metal antiguas, pero que yo sé que están en uso.

martes 10 de noviembre de 2009

Y sigue la moda de perretes fotografiados

El perro, como ser irracional que dicen que es, piensa que eso de abrir una alpargatería es de tontos. Una tienda de huesos gordos de ternera, una expendeduría de gatos cojos, una tienda de rosquillas, una salchichería, una tienda especializada en pelotas de goma, todo eso está más que bien, pero una tienda que no venda otra cosa más que alpargatas, y encima nuevas, solo se le puede ocurrir a un humano.
Nianankoro, en su blog, se une a la moda imparable de las fotos con perretes y aquí lo celebramos.
«¿Y una tienda de huesos de pollo?» Le digo al perro. «¿Una tienda de huesos de pollo? qué cosa más tonta acabas de proponer», me responde el perro mientras se va calle arriba.

Trigo Tierno

Que no hay cosa más grande. Es posible que lo hayan visto en el estante de su supermercado habitual: Trigo Tierno Nomen. Va en una caja de esas plastificadas, con muchos colores y sugerencia de presentación como de arroz thai, pero no es arroz, ni thai. Es posible que hayan visto el envase y se dijeran «puá, esto tiene pinta de ser una especie de trigo sarraceno de esos integrales que lo cueces durante una hora y se queda todo marronaco y gomoso y al día siguiente se lo pones al perro y a las dos horas tienes que llevarlo corriendo al veterinario de urgencias con la lengua morada y los ojos como pelotas de ping pong para que le arregle el atasco intestinal» o «esto va a ser uno de esos productos que me da por comprar cuando estoy depre, que lo pruebo un día y luego se queda ahí criando polvo y quitando sitio de los estantes de la cocina junto al cus-cus precocido grano fino que si te descuidas se convierte en pasta para lechar ladrillos, el bulgur turco de grano fino que se queda siempre esperando que se acabe el cus-cus bueno para ser utilizado porque no hay otra cosa en casa, la harina especial para rebozados, las lentejas naranja fosforito o esas pastas enormes de marcas perversamente italianas con atadijo verdiblanquirrojo que secas quedan muy bonitas en el bote de cristal transparente comprado en Ikea pero que cuando se ponen a cocer se rompen, se deforman y se convierten en mantas gordas paduana con sabor a harina cruda». ¡Pues no! El Trigo Tierno Nomen es lo más grande que hay. Es sabroso, con una textura y un sabor que recuerda a unos diminutos y primorosos ñoquis amasados y tostados por las manos de Eva Mendes tal y como le enseñó su abuela en el horno de leña de la casa del pueblo. Se puede utilizar para acompañar, como sustituto del cus-cus o del arroz, en ensalada y de muchas otras formas más, excepto como relleno de bocadillos o cruasanes. Vaya, que vale para casi todo. Es mi consejo de hoy. Por esta razón y por estas entradas no me aconsejan en los blogs culturales. Me la juego día a día, es mi natural aventurero. A lo que voy: que el Trigo Tierno Nomen es lo mejor que hay. Y encima ni conozco al señor Nomen ni me pagan ni nada. Todo gratis (pero que si los de Nomen me quieren mandar unas cajas pues vengan esas cajas). No hay cosa más grande: Trigo Tierno Nomen. Lo compran, lo prueban y luego me cuentan. Ojo, que luego si lo prueban, se enganchan, se pegan todo el día comiendo trigo tierno refrito y se me ponen como tres faletes juntos, no me vengan a reclamar; son hidratos de carbono, ya saben lo que hay. Con mesura. Es como el sexo, todo en su medida. Todo el día, todo el día, tampoco puede ser bueno.

lunes 9 de noviembre de 2009

Bergman y el infortunio minifaldero

La moda en el peinado y el vestuario ilustra, en un plano superficial pero patente, la ligazón al tiempo. La diferencia entre una película ligada a la época y una película independiente de la época se puede medir evidentemente en el largo de las faldas, y sufro cuando veo ahora a Bibi Andersson y Liv Ullman, dos señoras maduras, aparecer en minifalda, de moda en esa época. Creo recordar que opuse una débil resistencia. Sin embargo, ante el doble poder femenino, desgraciadamente, cedí. El infortunio no se notó entonces, pero más tarde ha ido apareciendo inevitablemente como una escritura de tinta invisible.

Ingmar Bergman, Imágenes, Tusquets, Barcelona, 2007

Una entrada paramnésica anual

Hoy, 9 de noviembre, se celebra el día del Inventor en honor a Hedwig Eva Maria Kiesler, después conocida como Hedy Lamarr, la ingeniera en telecomunicaciones austríaca más guapa de todo Hollywood.
¿Que no se han preocupado por saber sobre la vida de Hedy Lamarr? no se la pierdan, es lo más grande que hay.

sábado 7 de noviembre de 2009

Tarkovskisteando

Para conseguir que la imagen fílmica sea real y plenamente sonora, probablemente haya que prescindir conscientemente de la música. Viendo las cosas desde un punto de vista estricto, el mundo transformado fílmicamente y el musicalmente elaborado son dos mundo paralelos, en conflicto. Un mundo sonoro organizado de forma adecuada es, por esencia, un mundo musical y como tal un mundo profundamente cinematográfico.

Andrei Tarkovski, Esculpir en el tiempo, Rialp, Madrid, 2008, p. 187.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Ola de perretes imparable

El sábado, 31 de octubre, Lady in the radiator publicó una preciosa foto de paisaje con perrico; Mis adarmes lleva varios días poniendo fotos de los diferentes perricos con diferentes pelajes que va encontrando por la ciudad; la última entrada de Mangurrino (que ya me lleva casi un mes que no saca entrada nueva y sabe él que sin sus entradas no puedo vivir o vivo peor) trata sobre los perritos de las praderas; el otro día, para un trabajo, me enviaron por e-mail una foto de un señor famoso con su perrico negro, que además se llama Tobi.
La moda de las fotos con perricos ya es un hecho. Está ahí... y es imparable.
Y esta entrada sirve también para decirles que me acaban de decir que el sello discográfico Grabaciones en el Mar celebra su 15 aniversario y que el próximo día 12 de noviembre a las 19:00 horas inaugura una exposición en el Centro de Historia de Zaragoza. Y que hay que ir, claro está, para que sea la inauguración más concurrida de la historia. Y ahí ando, que para asistir a la inauguración no sé si ponerme el vestido de escote barco o el palabra de honor. Pues, oye, el palabra de honor, que enseña más. Lo que van a comerse los gusanos que lo disfruten los humanos.

lunes 2 de noviembre de 2009

Pecten maximus

Me he dicho «A ver si esta foto no la va a tener Javier». A Kim, que está reguapa, le han puesto de primero una vieira salteada al armañac en su propia concha sobre lecho-bouquet de lechuguitas. A ella se la sirvieron como Common Scallop, a no ser que el restaurante fuera francés, que entonces se llamaría Coquille St-Jacques. En todo caso, Kim acaba de comer lo que latinamente viene siendo, desde que Lineo le diera nombre en 1758, una Pecten maximus.

Arriba, detalle del Pecten maximus que le han puesto de primero a Kim. Detrás, Marlon Brando.

miércoles 28 de octubre de 2009

Janet Leigh y un perrete con pajarita

Los seguidores de este blog ya sabrán que el Altísimo me otorgó a través de un ángel anunciador que era todo luz celestial y prístino fuego ardiente un permiso divino para poner fotos de Paulette Goddard, Silvana Mangano y Janet Leigh cuando me viniera en gana, se celebraran o no sus cumpleaños. Hoy celebramos el cumpleaños de Elsa-Lanchester, pero pongo en su lugar una foto de Janet Leigh con un perrete, que me gusta más. Me disculparán esa debilidad y comprenderán que si en la foto las actrices salen, además, con un perrete, pues más razón aún para ponerla. Así está la cosa, que diría que digo Mrs. Marideliwes.
Me gustaría hacer hoy una entrada de dos anuncios que me han hecho botar en el asiento, pero no me veo capacitado, porque los he visto a medias y no cuento con toda la información. Uno es de las medias Golden Lady, con una señorita con gafas y aspecto de estudiante que conforme va recorriendo una biblioteca universitaria se va quitando la ropa hasta quedarse en bragas con medias de ligas musleras. Me gustaría pensar que he oído mal, pero creo que decía que todo su trabajo y dedicación era para conocer más a los hombres. Ole, el presentimiento masculino de que las mujeres van a la universidad para pillar marido y que las materias que estudian se las traen al pairo revelado y corroborado en veinte segundos en un anuncio de medias de la tele. El creativo los tiene como el caballo de Espartero, y, además, cuadraos. El otro, más chusco aún, lo he medio visto por la mañana y son unos muñecos que venden en parejas que se llaman algo así como Mila y Malo. Los venden en parejas porque son gemelos. Malo, con ese nombre, pues no puede ser otra cosa más que malo, aunque una voz en off de niña diga que Malo no es malo. Y me parece una idea muy maravillosa eso de condicionar a las crías ya de pequeñas para que cuando sean mayores estén preparadas para, si tienen dos críos, tratarlos de forma diferente. A uno de bueno y al otro de malo. El malo, el pobre, por mucho que intente cambiar su imagen, será el malo, se rebotará, hará perrerías para llamar la atención y acabará delinquiendo o, peor, leyendo a John Boyne y diciendo, encima, que le gusta. No hay peor perversión. Los condicionantes parentales, que se dice. Pero eso, que como los he visto a medias igual tengo una idea equivocada y luego son unos anuncios estupendos. A ver si los vuelven a poner y les digo.

martes 27 de octubre de 2009

Nietzsche tragando sapos

Recientemente soñé que la piel de mi mano, que estaba frente a mí en la mesa, se hacía como de vidrio; podía ver con claridad sus huesos, sus músculos, sus tejidos. De súbito vi un grueso sapo posado en mi mano, sintiendo al propio tiempo la irresistible necesidad de tragármelo. Venciendo mi atroz repugnancia lo tragué.

Sueño relatado por Nietzsche a una muchacha en Basilea. Lo cita C. A. Bernouilli en Franz Overbeck und Friedrich Nietzsche. Eine Freundschaft, que a su vez cita C. G. Jung en Símbolos de transformación, Paidos, Barcelona, 1982.

Que eso me ha llevado a recordar que el otro día vi a Bear Grylls, el de El último superviviente, sacándole un ojo a una oveja muerta con la cara extrañamente enrojecida (la oveja, digo; Grylls también tiene la cara enrojecida pero es que es inglés). Tras una ligera cocción en agua caliente, al comer el ojo dice «es como comer un cartílago lleno de sangre». Le falló, pues, la cocción. Yo de crío recuerdo que comía con mucha alegría cabezas de ternasco asadas (creo que sin caer en la cuenta de que comía una cabeza, pues me parecía más bien una especie de plato combinado con diferentes texturas) y el ojo estaba crujiente, jugoso, pero no recordaba a un cartílago lleno de sangre. Bueno, tampoco voy a recordar mucho, que se me revuelve el cuerpo. Pero bien, a lo que voy, a Bear Grylls le falló la cocción. La proteína, en contacto con el agua hirviendo, se contrajo y se endureció. Los ojos, mejor asados.

domingo 25 de octubre de 2009

El jardín de los árboles soñados

En el jardín de los árboles soñados hay un árbol cuyas hojas son verdes por una cara y rojas por el envés. Hay un árbol enorme con un grueso tronco que se bifurca y que con sus ramas forma una amplia jaula-comedero que alberga diferentes aves de plumajes muy vistosos. En el jardín de los árboles soñados hay un árbol que mata a todo aquel que duerme bajo su copa; incluso al que se tumba al fresco de su sombra y no duerme, cuando está desprevenido, lo mata. «Aún no me había dormido», le acusa el muerto. «Cómo quieres que sepa si estabas dormido o despierto, si soy un árbol», le responde. En el jardín de los árboles soñados crece un árbol muy pequeño cuya única particularidad es que, en primavera, con todo ese maldito polen que se desprende de las flores de otros árboles, tose como un viejo. Hay otro árbol que siempre está verde excepto de noche, que se torna oscuro. En el jardín de los árboles soñados hay un árbol repleto de frutas dulces y brillantes del que dicen que el que las come olvida todos sus recuerdos y se vuelve un salvaje incapaz de entrar en razones. En el jardín de los árboles soñados hay un árbol que da por un lado manzanas y por el otro ciruelas claudias. «Es un injerto», dice de él el árbol chivato. En el jardín de los árboles soñados hay un árbol cubierto todo de musgo que no tiene nombre en latín. Y hay un gato, que por ser de pelaje tricolor dicen que es gata, que sube por los troncos, se lima las uñas en la corteza y caza pájaros de rama en rama, con singular maestría. En el jardín de los árboles soñados hay un par de árboles que no pueden ni verse. Y hay un árbol de buen porte en cuyas ramas descansan las cabras siempre y cuando los monos las dejen estar y no se entretengan tirándoles nueces a la cabeza. En el jardín de los árboles soñados hay un árbol cuyos frutos convierten el agua en vino y el vino en vinagre. Y hormigas que suben y bajan por los troncos. Y escarabajos, y moscas, y chinches, y diminutas crisálidas que cuelgan de las ramas como frutos verdes. Y los desordenados huesos de un perro enredados entre las raíces, buscando día tras día, la manera de recomponerse.

Otro sueño

Sueño 1
Salgo de un portal que reconozco como familiar y me encuentro en una barriada de edificios racionalistas de hormigón, de color gris. Frente a mí hay un portal idéntico al que tengo a mi espalda. Todo está oscuro pero veo a través de los cristales que una persona baja las escaleras. Se abre la puerta y sale una persona cuya cabeza no tiene rostro y luce un corte en sección, oblicuo. Primer plano de la cabeza, mi curiosidad me lleva a observar con detalle su aspecto. Parece de madera, lisa, como las de los maniquíes de los cuadros de Giorgio de Chirico. El corte, la sección, es limpia. Esa figura con cabeza lisa se acerca a mí y yo me alejo muy asustado. Huyo por las calles vacías de color gris y llego hasta los exteriores de un enorme campo de fútbol de hormigón rodeado de edificios que parecen fábricas abandonadas. No hay sonido, no hay personas. Vuelvo a la barriada o a un lugar similar y me encuentro de nuevo con la persona de la cabeza con el corte oblicuo, que vaga como un fantasma. Detrás, a lo lejos, hay otro, y otro, varias personas con la cabeza de madera seccionada. Caminan como si no vieran y pienso que no tienen ojos, que es normal que caminen así, pero noto que me sienten, me detectan y me persiguen. Salgo corriendo y me despierto muy asustado.
Sueño 2
Salgo de un portal que reconozco como familiar y me encuentro en la misma barriada racionalista del sueño anterior. Veo una figura que baja las escaleras. Es la misma, con la cabeza de madera sin rostro con un corte oblicuo. Me asusto y salgo corriendo. Corro por las calles y me voy encontrando con otras personas con el mismo aspecto. En el sueño recuerdo que todo esto ya lo había soñado días antes. Me despierto muy asustado.
Aprendiz de Freud: ¿y no cree que con los añazos que tiene ya debería tener superado el complejo de castración? Ese sueño me huele parecido a esos que contaba usted de su infancia, cuando soñaba que hacía pis y se le caía el pito por el váter o ese otro sueño tan raro de las ocas sin cabeza corriendo por todos lados.
Servidor: Pues va a ser un sueño de complejo de castración, sí.
Aprendiz de Freud: Pues va a ser eso, sí. Pues ya no tiene edad.
Servidor: Pues ya no tengo edad, no, pero así está la cosa.

sábado 24 de octubre de 2009

Un grupo de señoras gigantes invadiendo las calles de la ciudad

Woody Allen encontraba suficientes razones para seguir viviendo mientras veía la película Sopa de Ganso de los hermanos Marx en una sala de cine. A servidor le pasa algo parecido, si sirve el símil, viendo esta escena de King of Jazz, de John Murray Anderson (1930). El señor que bailotea moviendo mucho las piernas es Al Norman en el número «Happy Feet», con la orquesta de Paul Whiteman. Son muchos pies contentos. No me canso de verlo.

miércoles 21 de octubre de 2009

Feliz cumpleaños, Lux Interior

Hoy celebramos el cumpleaños de Lux Interior, que nació un día como éste y se murió el 4 de enero de este mismo año. Me dio mucha pena, oigan. A ver cuántos señores conocen que son capaces de llevar unos taconazos de aguja de palmo sin perder un ápice de varonilidad. Con los dedos de una mano y les sobrarán dedos.

martes 20 de octubre de 2009

De las orugas del pino

Al que trague la oruga del pino, luego le sobreviene furor del paladar y gran inflamación de la lengua, con tan bravo dolor de tripas que piensa el paciente que le son roídos los miembros interiores, además del hastío que siente y del insólito ardor universo. A éstos los socorreremos en la misma forma que los que tragaron cantáridas, salvado que usaremos con ellos del óleo melino (que se hace de membrillos y aceite) en lugar del común.

De Pedacio Dioscórides en el Libro de los venenos, edición de Antonio Gamoneda, Siruela, Madrid, 1995.

sábado 17 de octubre de 2009

De la incapacidad para contar

Este gripazo, esta influencia del demonio, me ha mermado la capacidad para contar. Me ha dejado seco. Digo yo que, como la misma gripe, se pasará, será algo pasajero. Suelo salir reforzado de cada gripazo o, al menos, eso me he querido creer. Uno, que es poco místico y conforme pasa el tiempo menos, suele encontrarse siempre con ese momento de revelación cuando nota que ha ganado la batalla al virus. Ese momento en el que me ducho (claro, sí, hay otras duchas durante el gripazo, pero son duchas de gato en la bañera, duchas con escalofríos, duchas en las que las gotas de agua se pinchan en la piel como alfileres) y siento que me limpio, que me saneo por no decir que me purifico, que me he quitado el mal pelo, vaya. Entonces, por seguir la tradición, me visto con ropa de casa blanca o clara, me afeito y me pego un día que hasta llego a creer en una especie de espiritualidad. Me dura poco, unas horas, un día máximo, y vuelvo a la ropa oscura y a sentirme como un humano con menos espiritualidad que cuarto y mitad de chopped, gracias a dios. Esa incapacidad para expresar, ese no verle sentido ni utilidad a lo que uno cuenta me ha llevado a ir dejando paulatinamente cualquier cosa que tenga que ver con lo que se conoce como expresión artística, en parte por no encontrar el motivo, en parte por pudor, o qué pudor, por vergüenza. Ahora me pregunto si cada cacho de esa facultad se ha ido con cada gripazo anual. La otra noche, ahí en pleno estado febril, tuve una pulsión de escribir un libro. Pensé en la idea y me gustó. Luego, repensando, llegué a la conclusión de que la única razón para sacar un libro era para escribir «el libro que el lector tiene en sus manos» o «este libro que usted tiene en sus manos», o «este libro que ahora tiene el lector en sus manos» o «el libro que ahora usted, lector, tiene entre sus manos». Me gusta cómo suena eso. Tiene su parte engreída y su parte de acercamiento malicioso al que lee. Es una forma de tenderle la mano al lector sin la necesidad del jodido contacto físico que sufren los autores en las ferias del libro. «El libro que el lector tiene en sus manos» es una frase que mola. Así que pensé en escribir un libro obsesivo sobre eso. Un libro que dijera en todas las páginas, sin parar, la frase «el libro que el lector tiene en sus manos». Como en algunas películas, cuando el actor dirige su mirada a la cámara y habla al espectador, escribir cada dos líneas «el libro que el lector tiene en sus manos» tiene que resultar inquietante. Alienante. Así que luego pensé cómo resultaría un libro gordote, de unas cuatrocientas páginas, cuyo único texto fuera «el libro que el lector tiene en sus manos, el libro que el lector tiene en sus manos, el libro que el lector tiene en sus manos, el libro que el lector tiene en sus manos, el libro que el lector tiene en sus manos, el libro que el lector tiene en sus manos, el libro que el lector tiene en sus manos, el libro que el lector tiene en sus manos, el libro que el lector tiene en sus manos, el libro que el lector tiene en sus manos» pero luego pensé que eso ya lo hacía Jack en El resplandor cuando llenaba páginas y páginas con su máquina de escribir en las que solo ponía «All work and no play makes Jack a dull boy». Así que me quité esa idea y pensé en un libro en blanco en el que en una sola página apareciera una sola vez la frase «el libro que el lector tiene en sus manos», y entonces pensé que me estaba acercando peligrosamente a esos productos conceptuales, esas poesías visuales que se mueren de cursis, que llevarían al lector a sacar conclusiones sobre el sentido de la obra escrita, su transmisión, sobre el compromiso del lector como vehículo receptor y todo eso y me dije ¡Para quieto! y entonces me revolví en la cama, dejé la mente en blanco y conseguí dormir. Hoy ya, que me noto mejor, jodido, aún con fiebre, estornudando y tosiendo sin parar pero mejor, ya me noto más persona, pues se me han quitado las ganas de sacar el libro. Mejor. Ahora me queda que llegue ese momento de la ducha buena, de vestirme de blanco como una novicia y de sentir el éxtasis posgripal, para luego volver a mi estado normal, que es un natural medio pachucho, medio pocho, encafetao, reconfortantemente rutinario. No saben cómo deseo eso.

jueves 15 de octubre de 2009

Anaïs Nin, editora, tipógrafa, impresora

La señorita Nin vino a Nueva York, y en 1942, cuando no podía encontrar un editor americano para Winter artifice, GBM [Gotham Book Mart] se ofreció para ayudarla a reunir el dinero que le permitiese a ella misma imprimir el libro. Le prestamos 100 $ y ella recibió la misma cantidad gracias a suscripciones enviadas por unos cuantos amigos. La señorita Nin se puso a aprender el manejo de una imprenta de pedales y en un par de meses había producido 500 ejemplares de Winter Artifice, ilustrados con seis grabados de Ian Hugo. Estos grabados los imprimió ella misma directamente de las planchas de cobre, utilizando, dijo «un viejo y olvidado método inventado por William Blake». Anaïs logró vender 400 ejemplares, más que suficientes para cubrir los gastos. De los restantes obtuvo más papel para una edición de su siguiente libro, Under the glass bell, que fue publicado en 1944. Era un libro más pequeño que Winter artifice, y también contenía unos espléndidos grabados de Ian Hugo.

Frances Steloff, En compañía de genios. Memorias de una librera de Nueva York, Ediciones de la Rosa Cúbica, Barcelona, 1996. La traducción es de José Manuel de Prada (ojo, el traductor, no me lo confundan con el tertuliano Juan Manuel del mismo apellido, ese ser adorado por literaturópatas y odiado en este blog).

La señora de la foto es Anaïs Nin frente a la mesa con la caja de tipos en el taller de impresión que montó en la buhardilla de la calle Macdougal de New York.

viernes 9 de octubre de 2009

Como pez en el agua

Cuando el cine no es documento, es sueño. Por eso Tarkovsky es el más grande de todos. Se mueve con una naturalidad absoluta en el espacio de los sueños; él no explica, y además ¿qué iba a explicar? Es un visionario que ha conseguido poner en escena sus visiones en el más pesado, pero también en el más solícito, de todos los medios. Yo me he pasado la vida golpeando a la puerta de ese espacio donde él se mueve como pez en el agua. Sólo alguna vez he logrado penetrar furtivamente. La mayoría de mis esfuerzos más conscientes han terminado en penosos fracasos.
Fellini, Kurosawa y Buñuel se mueven en los mismos barrios que Tarkovsky. Antonioni iba por ese camino, pero se mató, ahogado en su propio aburrimiento. Méliès estuvo siempre allí sin pararse a reflexionar en ello. Es que él era mago de profesión.

Ingmar Bergman, Linterna mágica, memorias. Tusquets, Barcelona, 2007.

En la imagen, fotograma de la última escena de Sacrificio (1986). Tarkovsky quiso rodar la escena (de seis largos minutos) entera, sin cortes. Con la casa ya echando humo, una de las cámaras se estropeó. A Tarkovsky casi le da un algo. Menos mal que la productora decidió que lo mejor sería montarle una casa nueva en un tiempo récord, como si se tratara de un mueble de Ikea. Con la casa nueva, Tarkovsky pudo rodar de nuevo la escena entera, sin cortes. Seis minutos largos con la casa echando humo y Alexander correteando de aquí para allá.

jueves 8 de octubre de 2009

Testículos internos, testículos externos

Un estudio reciente de mamíferos con y sin testículos externos ha demostrado que aquellas especies cuyo estilo de vida es agitado tienen los testículos fuera del cuerpo, y los que se mueven de un modo más pausado los tienen internos. O sea, si nos pasamos el día dando tumbos y haciendo movimientos bruscos es imposible que los testículos estén alojados dentro de las paredes corporales, porque en tal caso la presión ejercida durante la realización de un ejercicio vigoroso haría que su contenido saliera expelido de inmediato. Por ejemplo, con los testículos internos, cada vez que dos carneros se enzarzasen en su singular combate de choque de cuernos, eyacularían, y del mismo modo cada vez que un cazador humano saltase de roca en roca hubiese ocurrido lo mismo. Eso se debe a que el tracto reproductor carece de esfínteres. Situando los testículos fuera del cuerpo, la evolución ha evitado esta presión, una ventaja aparentemente tan extraordinaria que incluso merece la pena arriesgar la vulnerabilidad de dichos órganos.

Desmond Morris, Masculino y femenino, Plaza & Janés, Barcelona, 2000.

En la imagen, un grupo de soldados practicando sus ejercicios matutinos con pelotas de asa en los exteriores de la academia militar de St. George de la ciudad de Circa, 1946.

miércoles 7 de octubre de 2009

Edgar Allan Poe sin bigote

Leo que Luigi Garlaschelli, profesor de química orgánica de la Universidad de Pavía, ha reproducido una sábana santa en su laboratorio para demostrar que el sudario de Turín es en realidad una tela medieval manipulada. Hace tiempo que ya se habló de eso, pero siempre es motivo de alegría leer estas cosas. Lo malo es que al final descubrirán que el cuerpo que albergó la sábana de Turín era el de Jacques de Molay, como sostienen algunos, y Dan Brown hará otro libro. Cambio Radical, su blog de confianza, no aspira a descubrirles grandes misterios, pero sí pequeños. Así que hoy, que se cumple el 160 aniversario de la muerte de Edgar Allan Poe, les descubrimos cómo sería Poe sin bigote. He realizado una intensiva búsqueda en Google images de alguna foto de Edgar Allan Poe sin bigote, no he encontrado ninguna y me he dicho que esto no podía quedar así. Bien, ahí lo tienen, el documentazo exclusivo de su blog de confianza: Edgar Allan Poe sin bigote. Que sí. Yo lo veo más guapete con bigote, será la costumbre.

sábado 3 de octubre de 2009

Piedra parecida a un trozo de grasa

Un blog cuyo encabezado es una cita del primer capítulo del libro de Gustav Meyrink es de obligado seguimiento. Si además, las fotos que hace son maravillosas, es ya para morirse.

Feliz cumpleaños, Charles Middleton

Hace un año justo, en este blog, celebrábamos el cumpleaños de Charles Middleton. Un año después, para no ser menos, somos más, y celebramos que celebramos el cumpleaños de Charles Middleton de nuevo. Lo celebraremos las veces que sea necesario y mientras el blog aguante.
Mientras, el cartel de la edición rusa de PLUTÓN BRBNERO ya se ha ido con su papá, bueno, con su mamá, bueno, con la Señora Mayor. Que alegría más grande, Señora Mayor.

En la foto, Charles Middleton (a la derecha) junto a Buster Crabbe (en el centro, con el pelo oxigenado) a punto de recibir de manos de uno de sus lacayos mongonianos un documento tecnológico que se utilizará en el futuro, comúnmente denominado fotolito*.

*Al conjunto o juego de cuatro fotolitos se le llamará en el futuro fotocromo y para su utilización sobre otros soportes se montará sobre una plancha transparente de tecnología avanzada que será denominada astralón.

viernes 2 de octubre de 2009

Tengo una corazonada de que no

Cambio Radical, su blog de confianza, haciendo la puñeta.

Santos prepucios

Innumerables iglesias alegan poseer el santo prepucio o bien un sagrado pedazo del mismo. Uno de los muchos lugares que afirmaron tenerlo fue la corte de Carlomagno, donde el grotesco elemento se guardaba en un relicario de la Circuncisión en forma de monedero que inspiró un popular complemento de moda. Santa Inés de Blannbekin sostenía que al tomar la comunión se veía engullendo el santo prepucio. Aunque Catalina de Siena no fue tan lejos, insistió en que el anillo que llevaba era una forma metamorfoseada del sagrado prepucio. David M. Friedman escribe en su historia cultural del pene A mind of his Own: «esta profusión de santos prepucios, todos los cuales alcanzaban altos precios en el boom del mercado de reliquias, condujo a la aparición de especialistas y a la invención de procedimientos concretos para determinar la autenticidad de los especímenes». Añade, con una elegante cursiva: «El más habitual de estos procedimientos era un examen del sabor».

Michael Sims, El ombligo de Adán, Ares y Mares, Barcelona, 2004.

Si están interesados ustedes en el prepucio de Cristo, basta con hacer una búsqueda con Google, que encontrarán mucho material. Santa Inés de Blannbekin chupeteando prepucios como si fueran triskys o Catalina de Siena mostrando orgullosa el anillo hecho con pellejete que Cristo le entregó en la boda son historias recurrentes y bien divertidas. Que dicen que la santa sede te excomulga si hablas del anteriormente venerado santo prepucio. Badil, que como nos vamos a ver este lunes, recuérmeme que hablemos del santo prepucio, a ver si así.

miércoles 30 de septiembre de 2009

Otra aparición

Aparición del perfil de un espíritu rodeado de una gasa ectoplasmática, a la moda de los años veinte. Las apariciones de espíritus y las apariciones de ovnis tienen eso en común, que se transforman, se arreglan y se emperejilan según la moda del momento. En este caso parece que el espíritu arregló su peinado con tenacillas calientes. Las apariciones marianas no, que esas mantienen la compostura y se aparezcan en el siglo que se aparezcan tienen siempre su punto Murillo. La foto la he tomado de aquí y el autor, Tom, tiene cuatro más, todas ellas bien interesantes. Resulta difícil ver la foto en conjunto, a los vivos y a la muerta a la vez. Primero se mira a la muerta, luego a los vivos, luego otra vez a la muerta... pero resulta difícil verlos a la vez. Como esa imagen de la copa que se transforma en dos perfiles, y luego en copa, y luego en dos perfiles. Hace siete años leí un artículo de John Berger sobre las pinturas rupestres de la recientemente descubierta cueva de Chauvet, en el sureste de Francia:

[...] En la cámara más lejana están dos leones, dibujados con carbón negro. De tamaño natural, aproximadamente. Uno junto a otro, de perfil, el macho detrás y la hembra, con el cuerpo en contacto y en paralelo, más cerca de mí.
Son una presencia única, incompleta (faltan las patas delanteras y las garras posteriores, que, me da la impresión, nunca se dibujaron) pero total. La superficie de la roca a su alrededor, que tiene, como es natural, color de león, se ha convertido en león. En este caso fue seguramente el color de la roca lo que movió al pintor, que quiso completarla con su dibujo de los animales.
Intento dibujarlos. La leona está junto al león, se frota contra él, dentro de él. Y esta ambivalencia es el resultado de una elisión increíblemente ingeniosa, que hace que ambos animales compartan un mismo contorno. El borde inferior del lomo, el vientre y el pecho pertenecen a los dos, y lo comparten con elegancia animal. Luego sus contornos se separan. Las líneas de la cola, espalda, cuello, frente y hocico de cada uno son independientes, se acercan, se separan, convergen y terminan en distintos puntos, porque el león es mucho más largo que la leona.
Sigue.

Y todo esto me recuerda ahora los patrones de las revistas de confección. De crío me pegaba horas vivas mirando esas hojas grandes de papel basto de la revista Burda y de otras más de la época de las que no recuerdo el nombre, llenas de líneas y líneas (línea continua, línea discontinua, línea-punto-línea, línea-equis-línea...) que se mezclaban unas con otras. La única manera de reconocer, de separar visualmente el patrón elegido de los demás, consistía en seguirlo con el ojo con ayuda del dedo, recorriendo la senda sobre el papel, como cuando se aprende a leer. Así, con paciencia, aparecía una manga ranglan o un bolsillo de plastón entre una pernera de pantalón acampanado o bajo la trasera de una falda evasé. Y entonces, ya reconocido y delimitado, ese patrón brillaba con luz propia por encima de los demás. Se había descubierto, develado ante los ojos. Magia pura.

martes 29 de septiembre de 2009

Otro Perrete

Y ya metidos en harina, como diría Cora Smith en El cartero siempre llama dos veces, vamos a poner otra foto con un perrete. Esta foto me gusta mucho. Miren qué cara de foto pone el perrete. Qué bien posa. Parece una actriz de Hollywood de los años treinta. La foto me gusta mucho, también, porque bien podría llamarse Perro con busto. Miren en la parte superior de la foto. Hay un busto. Es, posiblemente, el busto de una señora que lleva un bonito vestido de cuadro vichy, no sabemos si azul, verde, naranja o rosa, pero confeccionado con tela de cuadro vichy. Toda la foto es un plano de perro, a la altura de un perro, y por eso la señora queda en segundo plano, guillotinada, como en los dibujos animados de animales en los que de los humanos solo se ven las piernas, el talle y, como mucho, el busto. No es necesario más para un perro, que disfrutan de un catálogo mental de piernas mucho más completo que el que tenemos los humanos. Le preguntaría a Cano qué reflexión haría de esta foto Antonio Muñoz Molina (ese hombre que hace un tiempo era un señor con bigote y desde que se ha dejado barba se ha convertido en un lobisome), pero Cano ya escribió hace un tiempo que no sabe la manera de dejar un comentario en este blog. Voy a lanzarle un órdago* a ver. A ver si comenta.

*Órdago viene del euskara, de or dago, «ahí está». Recuérdenlo y así cuando vayan a un bar vasco y lean «Salda dago» sabrán que algo «está» o algo «hay». Memoricen después el término purrusalda, le quitan el purru (puerro) y se queda el salda, esto es «caldo o salsa». Ya lo tienen: salda dago: «Hay caldo». Salda dago. No me digan que no suena bien.

lunes 28 de septiembre de 2009

Niño y perro con cabeza borrosa

En la foto vemos a un niño tras una balaustrada que posa con un perro con la cabeza borrosa.
Si quieren, pueden comprar la foto aquí.
Quedaría literaturizable decir que el perro quiso borrar toda huella imperecedera que quedara de su imagen tras la muerte y agitó la cabeza con furia para que sus rasgos se velaran en la placa fotográfica, pero no es verdad. El perro meneó la cabeza y ya está. No era consciente de que le fueran a sacar una foto. Lo sentaron ahí, sobre la balaustrada y meneó la cabeza. A los perros les gusta menear la cabeza, beber agua a lengüetazos haciendo mucho ruido, correr, oler el culo a los otros perros, morder huesos duros entre las últimas muelas con la cabeza ladeada y los ojos muy abiertos, ladrar a los extraños y romper zapatillas. Las fotos se las traen al pairo. Las fotos y casi todo lo demás. Yo de crío tuve una perra negra como el demonio que se me comió una biblia. En concreto, se comió las cubiertas, la cinta marcadora, buena parte del índice, las primeras páginas y el Génesis hasta Caín y Abel y unas cuantas páginas de Los Salmos; del salmo 14 al salmo 78. Conservo esos restos con cariño porque es lo único que me queda de la perra. Eso ocurre en una película sobre cosas satánicas y seguro que a la perra, al meterle el primer mordisco a la biblia, le salen chispas por la boca, se yergue sobre sus patas traseras y se pone a hablar en lenguas extrañas, en gatosiamés, por ejemplo. Pero no pasó nada de eso. Se comió parte de la biblia y se quedó tan pancha.
Tampoco es cierto que el perro de la foto moviera la cabeza para parecerse a un cordero, aunque se asemeje a un cordero. No hay perro que sueñe convertirse en cordero. Los perros sueñan con otros perros, con el tibio olor de la tripa de su madre cuando mamaban, con gatos que corren espantados, con piernas humanas, con grandes tesoros de huesos y ternillas escondidos bajo tierra, con amplias praderas de hierba en la que revolcarse, con pelotas de goma dura y con aspersores automáticos de agua.

domingo 27 de septiembre de 2009

¡Ole clavel!

Es una mujer extraordinaria, de esas que convierte a los niños en hombres y a los hombres en niños.

Burt Lancaster, inspirao, en la película Los profesionales, de Richard Brooks (1966).

Solarística

Cuando descendí por primera vez a 300 metros, me fue difícil mantener la altura, porque comenzó a soplar el viento. Concentré toda mi atención en el pilotaje. Durante cierto tiempo no miré hacia afuera. Por eso, penetré en la niebla.
—¿Era una niebla corriente?
—No era una niebla habitual. Parecía más bien una capa coloide, muy viscosa. Cubrió los cristales. Era tal la resistencia de esa niebla que comencé a perder altura. En el lugar donde debía estar el sol, la niebla se iluminó de rojo. Al cabo de media hora salí a un espacio abierto. Era redondo, con un diámetro de cientos de metros. Noté enseguida un cambio en el estado del océano. Las olas desaparecieron y su superficie se puso transparente, casi del todo. Debajo de ella se concentraba un limo amarillo. Cuando éste emergía, brillaba como el cristal. Luego empezaba a bullir, espumajeaba y se solidificaba. Parecía un almíbar quemado. Ese limo se unía en grandes conglomerados y, paulatinamente, formaba diferentes figuras. El helicóptero comenzó a ser atraído hacia la niebla y tuve que hacer resistencia a ese movimiento. Cuando volví a mirar hacia abajo, vi algo parecido a un jardín. Vi unos árboles, vallas, acacias, caminos. Todos eran de esa misma sustancia.
—¿Tenían hojas esos árboles y plantas? ¿Los matorrales y las acacias?
—No, parecían ser de yeso, de tamaño natural. Después comenzaron a fragmentarse, rompiéndose. La ebullición se hizo más intensa y todo se cubrió de espuma. [...] Descubrí un objeto flotante. Me parecía que era el mono de Fechner. Viré, para no perderlo de vista. En este momento la figura se levantó un poco. Como si flotara, sumergida hasta la cintura en la ola. Ese ser humano no llevaba mono y se movía.
—¿Era un ser humano?
—Sí, un ser humano.
—¿Le vio la cara?
—Sí.
—¿Quién era?
—Un niño.
—¿Lo había visto usted antes?
—No, nunca. Cuando me acerqué a él, noté que algo no estaba bien.
—¿En qué sentido?
—Al principio no entendí de qué se trataba, pero después comprendí que era demasiado grande. Tenía unos cuatro metros de altura. Sus ojos eran azules y el pelo negro.
—¿Tal vez se siente usted mal? Podemos aplazar la reunión.
—Continuaré. Estaba totalmente desnudo, como un recién nacido. Y mojado, mejor dicho, grasiento. Su piel brillaba. El subía y bajaba junto con la ola, manteniéndose siempre encima. Independientemente de esto, avanzaba. Eso era repugnante.

Declaración del piloto espacial Berton en la película Solaris de Andrei Tarkovsky (1972), basada en la novela homónima de Stanisław Lem (1961).
En la foto, Hari (Natalia Bondarchuk) se descubre ante el espejo con un retrato de Hari en las manos.

miércoles 23 de septiembre de 2009

De las letras de plomo

Cuando al componer se encontraba una letra rota, matada o de otra fundición, en principio se depositaba en un cajetín de un rincón de la caja, cajetín que recibía nombres distintos según los países. Por ejemplo, en español se llamaba cajetín de las ánimas o cajetín del pastel; en Italia, cajetín de la concordia, y en Francia, cajetín del diablo. Cuando se trataba de materiales abundantes se depositaban en cajones, los cuales recibían los nombres de cajón de los muertos si en ellos se depositaban los materiales rotos o desgastados y cajón del pastel si en ellos se depositaba el pastel, es decir, el conjunto desordenado de materiales tipográficos.

José Martínez de Sousa, Antes de que se me olvide, una aventura tipográfica y bibliológica personal e intransferible, Trea, Gijón, 2005

Los siluros asesinos

Leo aquí, veo este vídeo aquí, luego veo la tira de Cano aquí y me he dicho «pues esto se merece un cartel». Los de las obras se han quedado solos, que ahora los jubilados dicen que es más divertido ver a los siluros depredadores. Más animado sí que es. Por ahora no han arremetido contra los cascos de los barcos, démosles tiempo para que cojan confianza.

martes 22 de septiembre de 2009

¡Vuelve PLUTÓN BRBNERO!

Este miércoles, 23 de septiembre, a las 22:45 horas, PLUTÓN BRBNERO, y después MUCHACHADA NUI ¿Qué más se puede pedir?

Pasión

Ayer vi Pasión de Ingmar Bergman (1969). Me dejó el cuerpo medio malo. Me gustó mucho y me dejó el cuerpo medio malo de cruda que es. Imagínense, Andreas (Max von Sydow), es un tipo sueco que vive en una isla sueca. Al poco tiempo llega una chica viuda sueca, Anna (Liv Ullmann) y poco después conoce a otra chica sueca casada, Eva (Bibi Andersson). Andreas, como era de esperar, se lía con una y luego con otra. Con lo guapo que está Max von Sydow haciendo de hombre solitario que vive en el campo es normal que las enamore a pares. Mientras, durante, a la vez, los vecinos de la zona buscan a un asesino de animales, que se carga todo bicho de granja viviente que encuentra a su paso. En la escena de las ovejas muertas parece que acaba de pasar por allí el guerrero Áyax, cuando le dio el ataque porque no le regalaron la armadura de Aquiles. Y eso, que me dejó el cuerpo medio malo. Ahora me la vería otra vez. Madre lo que me gustó.

Y ahora una canción bonita de Jubilee, que no se puede estar todo el día venga a sufrir y sufrir.

lunes 21 de septiembre de 2009

Ay, Stephen, qué guapete que eres

Hoy celebramos el cumpleaños de Stephen King. Pues hay que celebrarlo por todo lo alto. Hace muchos años que no leo nada de Stephen King, pero de chaval, oigan, me hizo pasar muchos mejores ratos que Emilio Salgari, Enid Blyton, Juan Ramón Jiménez y su Platero, García Lorca (ay, por el amor de dios, que no lo aguanto), y Edmundo de Amicis (madre de dios, Edmundo de Amicis, con su Corazón y el pequeño vigía lombardo, que era para emprenderla a gorrazos hasta acabar con ellos). Stephen King me enseñó a leer libros así de gordos sin cansarme. Pues anda que no es eso cosa buena. Con esos ojillos miopes y esa quijada no se puede ser mala gente. Que ahora es millonario, carajo, pues me alegro. Que lo sea Paulo Coelho no, que me irrita. Y me irrita por una razón: porque saca de mí todo lo malo, esto es, lo que me queda de creyente que me lleva a desear que un rayo divino le caiga sobre la cabeza cuando esté en su campo de golf sobre su cochecito de golf y lo reviente ¡Plas, catacroco!, reventao. Seamos claros: mi parte creyente me lleva a desear la creación de un ser superior no para que sea el artífice de todo lo creado e increado sino para que le tire un rayo mortal a Paulo Coelho y lo convierta en una lata de comida para perros. Así está la cosa. Económicamente, eso es un derroche. Tanto cartucho para tan poca mecha. Un rayo divino que acabe con todos los catolicorros, neo evangelistas, neo catecumenales y demás no sería un derroche, sería algo muy bonito de ver. Esta noche volveré a rezar deseando todo eso y a ver qué pasa. Si el Altísimo está para todos, pues allá que voy.