viernes, 15 de octubre de 2010

Carta de Kafka a su editor, Kurt Wolff

Praga, 25 de octubre de 1915

Muy señor mío, Recientemente me comunicaba Vd. que Ottomark Starke dibujará una portada para la Verwandlung. Esto me ha producido un pequeño sobresalto, sin duda harto innecesario en tanto que tan sólo conozco al artista por el Napoleón. Pues se me ha ocurrido, dado que Starke en efecto ilustra las obras, que tal vez podría querer dibujar el insecto en cuestión. ¡Eso de ninguna manera, por favor! No pretendo coartar su libertad de expresión sino que se lo pido desde mi condición de —obviamente— mejor conocedor de la historia. El insecto en sí no puede ser dibujado. Ahora bien, ni siquiera puede mostrarse desde cierta distancia. Si de entrada no existiese intención de hacer tal cosa y, por consiguiente, mi ruego resulta ridículo, tanto mejor. Le quedaría muy agradecido si transmitiera e insistiera en este ruego mío. Si yo mismo tuviera oportunidad de hacer alguna sugerencia para una ilustración, escogería escenas como, por ejemplo, los padres y el procurador ante la puerta cerrada o, mejor aún, los padres y la hermana en la estancia iluminada mientras se ve la puerta abierta que da al cuarto vecino, completamente a oscuras.
Habrá recibido ya las diversas correcciones y comentarios.

Mis cordiales saludos, suyo afectísimo,
Franz Kafka*

Kafka envió esta carta a G. H. Meyer, de la editorial Kurt Wolff, que editaría la obra La Metamorfosis un año después. Meyer (o Wolff) se puso en contacto con el ilustrador de la cubierta, Ottomar Starke, y le informó de que el deseo expreso del escritor era que no apareciera dibujado en ningún caso el insecto. Como Starke era un buen profesional, le hizo caso, y dibujó al padre llevándose las manos al rostro ante una puerta abierta que muestra una habitación a oscuras. Todos sabemos que el insecto está allí, en el cuarto oscuro. No ha sido necesario mostrarlo de otro modo.
Kafka
moría ocho años después y, muerto el autor, los siguientes dibujantes que ilustraron La Metamorfosis, más chulos que un ocho, dibujaron el insecto en mil posturas y con mil aspectos, con apariencia de escarabajo, como una cucaracha, como un insecto alado con cabeza de calavera...
Recuerden... cada vez que un ilustrador desinformado dibuja a Gregorio Samsa con aspecto de insecto... ¡el pobre Kafka se revuelve en su tumba y sufre rechinar de dientes durante dos días seguidos! y con la cantidad de ediciones que lleva el libro y la cantidad de ilustradores que hay en el mundo que si no dibujan un escarabajo para la Metamorfosis parece que les va a dar un algo... ¡es posible que Kafka se revuelva en la tumba tres veces por semana, como poco! Qué manía con ilustrarlo todo. Con lo bonitos que quedan los libros sin ilustraciones. Qué manía y qué desperdicio de tinta y de papel en muchos casos.

*La carta está extraída del libro Autores, libros, aventuras. Observaciones y recuerdos de un editor, seguidos de la correspondencia del autor con Franz Kafka, de Kurt Wolff, Acantilado, Barcelona, 2010. Un libro delicioso, por cierto.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

!Que se joda! Hara mismo me vi a poner a pintar yo un escarabajo, hombre. Y todo lo feajo que pueda, pa que se revuelva bien.

Que digo que la moza de hoy se le da un aire a Concha Velasco cuando aún podía andar, pero me da que no va a ser...


Tojunto

A princesa no xardín dijo...

Es que hay que documentarse bien pero que muy bien...

gregor dijo...

Hola don Harry...¡y además que nunca me sacan nada favorecido¡ ¡oiga!

El Ente Dilucidado dijo...

No conocía yo la carta ésta. Y es una anecdóta la mar de maja e interesante.
Mira que era agudo el Kafka, oigan ustedes...

Por cierto, maese Tojunto, la moza de hoy no es doña Concha, no. Es (creo) Virginia Leith. La protagonista (es un decir) de The Brain That Wouldn't Die. Una cosa americana de serie Z de finales de los 50 o principios de los 60 que da gusto verla (al menos a mí, que para estas cosas soy muy trashy y muy mitómano pop, ejem).

Brian dijo...

Pues el jodido que ilustró mi ejemplar de "La metamofosis" (Alianza Editorial, 1968) no dibujó un escarabajo más grande y mas asqueroso porque no cabía en la portada.

Harry Sonfór dijo...

Cagüenlaleche, Tojunto, otro que va a dibujar el puñetero escarabajo para hacerle sufrir al pobre hombre ¡Pero déjenlo descansar en paz!
A ver si aquel deseo que le expresó a su amigo Max Brod de quemar toda su obra tras su muerte era para que no le dibujaran el puñetero escarabajo.

Harry Sonfór dijo...

Pero muchas veces se mezcla la condición de ilustrador al servicio de una obra ajena y la de artista pintaescarabajos, y entonces suele primar la tontuna artística del autor, A princesa. No tiene solución. Bueno, el aceite hirviendo.

Harry Sonfór dijo...

Es verdad, Gregor, mejor que usted no lo sabe nadie. Mire que no caí en su condición cuando hice esta entrada, pero yo que usted me ofendería y le mandaría un insulto gordo a este blog. Bueno, no, que sé que usted es un buen neoptero. Pero entiéndalo... ¡Pobre Kafka!

Harry Sonfór dijo...

Sí señor El Ente, era Virginia Leith, ahí con la cabeza cortada. Y se dio ayer un chiste privado curioso entre la señora de la cabecera y la cucaracha, que según la Wikipedia «Las cucarachas pueden sobrevivir a la disección quirúrgica estéril de la cabeza durante un periodo muy largo, especialmente si últimamente se ha alimentado».

Harry Sonfór dijo...

Pues posiblemente el autor de esa cubierta fuera Daniel Gil, Brian, que cayó en el mismo tópico de meter un bicho gordo para ilustrar La metamorfosis. Eso no desmerece su obra, que tiene cubiertas bien interesantes el señor Gil. Pero sí, que puso un bicho bien gordo, ahí, en negativo. El primer libro que compré de La metamorfosis, cuando tenía once años, también tenía un bicho gordo en la cubierta, y recuerdo que me condicionó toda la lectura. Lo mejor de La metamorfosis consiste en no saber bien cuánto mide el bicho (igual más pequeño que un ser humano, para meterse bajo un armario, pero más grande que un insecto común, a juzgar por la herida que le provoca el manzanazo de su padre, que si midiera lo mismo que una cucaracha me lo chafa entero).

Harry Sonfór dijo...

Es más, creo que el detalle que hace que el relato de La metamorfosis resulte tan moderno es eso en concreto, el no saber cómo es el bicho, cuánto mide, cómo es en realidad. Luego llega el ilustrador y, plas, la caga. Madre mía. Aceite hirviendo, lo que les venía diciendo.

José Manuel Martínez dijo...

Vaya, que interesante. Como se suele decir: "nunca te acostarás sin saber algo más...."
Un abrazo.

Harry Sonfór dijo...

Jodo qué aceitunas más gordas que tiene a sus espaldas en la foto, José Manuel Martínez. ¿Dónde las compra, en el Mercazaragoza?