martes, 6 de julio de 2010

Sobre la amistad entre Kubrick y Spielberg

Durante el final del montaje de El resplandor el equipo de En busca del arca perdida se traslado a Elstree. El fuego del Colorado Lounge se había convertido en una ventaja para Lucas y Spielberg, que aprovecharon el tejado deteriorado para subir la altura del techo, lo que les dio el espacio extra para crear el Pozo de las Almas con sus dos estatuas gigantescas de Anubis con cabeza de chacal. Los vestuarios se llenaron de grandes bañeras en las que rebullían miles de serpientes. Se había construido un falso suelo a dos metros del suelo del estudio de sonido y se había llenado de arena y de serpientes, algunas de goma pero muchas auténticas, aunque no venenosas. Cuando Harrison Ford y Karen Allen tratan de repeler a cobras y pitones (que estaban a otro lado de un escudo de cristal), sus pies arrojaban serpientes abajo por las grietas del piso.
Vivian [la hija de Kubrick], una amante de los animales, quedó convencida de que se estaba maltratando a las serpientes. Stainforth no estaba tan seguro, pero dice: «Había por allí algunas serpientes muertas; eso sin duda.» Sin preocuparle que Spielberg estuviera rodando, Vivian se subió a la plataforma de la cámara y le pidió que pensara un poco en el bienestar de los reptiles. Spielberg le aseguró que no había ningún problema y que, si lo hubiera, tenía demasiadas cosas que hacer para ocuparse de ello. Pero no iban a desanimar tan fácilmente a un Kubrick, y Vivian llamó a la sociedad protectora de animales muy llorosa. Se suspendió la producción del Arca y cuando ésta dio comienzo, un día después, el plató estaba cubierto de cubos de basura de plástico en cada cual había tres o cuatro serpientes cómodamente instaladas en nidos de lechuga. Kubrick vino a verlas desde Childwick Bury. «Cuando hay un escándalo así —recuerda Stainforth—, Stanley disfruta. Estaba eufórico. Naturalmente se puso de parte de Vivian y hubo una ruptura definitiva entre Spielberg y Kubrick. Y recuerdo a Stanley muriéndose de risa con su puro y diciendo con una sonrisilla: "Steve es un cretino"».

John Baxter, Kubrick, biografía, T&B Editores, Madrid, 2009, pp. 302-303.

7 comentarios:

Gloria dijo...

En el trozo dedicado a "Espartaco" John Baxter también se dedica a decir lo listo que era Stanley y lo tontos que eran todos los demás.

John Baxter es tonto (y seguro que feo tambien)

Harry Sonfór dijo...

Nada, Gloria, he buscado a John Baxter en internet y sí, es feote. Bueno, guapo guapo no es.

lady in the radiator dijo...

me la tengo que leer

Harry Sonfór dijo...

No se lo compre, lady, que ya se lo dejo yo, que ya me lo he leído.

lady in the radiator dijo...

yuju!

El Ente Dilucidado dijo...

Je... Pues si la Vivian ésa hubiese estado en los rodajes de Sam Peckimpah le hubiese dado un ataque de nervios...

En La Balada De Cable Hogue (hermosísima película, por cierto) se cargó a un lagarto grande (un monstruo Gila de ésos) con un cartucho de dinamita. Como la primera toma no quedó bien, pegaron los trocicos del bicho y volvieron a volar el carnuz con otro cartucho. La segunda toma fue la buena.

Su hija (la de Sam Peckimpah, digo) dejó de hablarle. Y el novio (de la hija, of course) montó una campaña en contra de la peli y de su semi-suegro.

Lo curioso es que, antes de volar al lagarto, el novio de la hija le exigió que no lo hiciera. Y Sam le puso una condición: Que se cortara el pelo y se afeitase la barba. El mozo se negó, y el lagarto murió como un héroe.

Sam era un tipo muy raro. Me pregunto qué hubiese pasado si el chico se corta el pelo y se afeita. Seguramente, el lagarto habría muerto igual.

Harry Sonfór dijo...

Jodo petaca, pues a más de un seguidor de Jodorowski se le pondría el aura de lao si ve la escena de una de sus películas, «La montaña sagrada», que representa sobre una maqueta con pirámides mexicanas una batalla entre sapos y lagartos. Madre qué carnicería.