martes, 17 de agosto de 2010

¿Cómo reconocer a un asiriólogo?

Los miembros de este grupo humano (llámesele secta, profesión o desgracia) son de lo más variopinto: Sadakos salidas directamente del pozo de “The ring”, papá noeles de luengas barbas amarillas, sacerdotes, exsacerdotes y adoradores de cultos varios, borrachuzos con mil anécdotas (mayormente embarazosas) a sus espaldas, donjuanes esperpénticos capaces de competir con Liz Taylor en lo que a número de casamientos (y separaciones) se refiere... Siga leyendo en O Xardín da Princesa.

6 comentarios:

Badil dijo...

Pues este cruce entre guardia urbano y Arcángel con doble coronilla, como mascota está que te cagas. ¿La puedo proponer?

Harry Sonfór dijo...

Calle, que como venga algún asiriólogo y descubra que a Pazuzu le he puesto orejetas de Mickey Mouse me va a encorrer a gorrazos.

A princesa no xardín dijo...

Pues a mí este Mickeyzuzu me gusta mucho, para qué le voy a engañar... y no descarto que algún asiriólogo bien avisado avance alguna interpretación revolucionaria de la iconografía de este simpático demonio a partir de esta foto sin par.

Y muchas gracias por contribuir a la noble causa de la difusión asiriológica, Mr. Sonfór. ¡Buena gente del mundo exterior, ayúdennos! ¡Sienten un asiriólogo a su mesa!

Harry Sonfór dijo...

Pues a mí me resultan muy entrañables los asiriólogos, A princesa. Vale, vistos desde fuera, que igual me veo metido en un hotel lleno de asiriólogos en pleno congreso y ya no pienso lo mismo, pero desde fuera me resultan muy entrañables.

El Ente Dilucidado dijo...

Coñe, Pazuzu... ¡Cuánto tiempo sin verlo!

Por cierto ¿Pazuzu era un demonio asirio? Yo creía que era más sumerio, así en plan nebuloso.

Harry Sonfór dijo...

Claro, El Ente, pero es que los asiriólogos también estudian a los sumerios y todo lo relacionado con la escritura cuneiforme (que era esa escritura que consistía en poner una losa de barro tierno con granos de cereal y poner encima unos cuantos pollos para que picotearan para que luego, así, 6000 años después, se volvieran locos los asiriólogos intentando descifrarlas).