sábado, 29 de noviembre de 2008

El río

Las tardes de verano bajábamos a la ribera del río para mirar, escondidos tras los carrizos, a las hijas de los hombres. Eran tan hermosas. Amasael, el de la mirada limpia, me indicaba con la mano «mira, por ahí llegan»; Amasael las veía llegar desde muy lejos. Las hijas de los hombres venían por el camino cantando y riendo. Eran tan hermosas. Nosotros, agazapados, observábamos fascinados cómo las hijas de los hombres se desnudaban, entraban en el río y jugaban entre ellas con el agua. Amasael me señalaba «mira la de la izquierda de los cabellos oscuros, todo ella es belleza», y yo la contemplaba a través de las cañas, escondido, su piel mojada y brillante, los rizos de sus cabellos oscuros que se pegaban a sus hombros y su espalda como algas marinas, su forma de moverse tan delicada y le decía que sí, que era toda ella belleza. Mientras, otras mujeres mayores lavaban lienzos sobre las piedras planas de la orilla cantando bonitas canciones. Así pasábamos las tardes de verano Amasael y yo, observando cómo las hijas de los hombres se bañaban y jugaban en el río. Y ese era nuestro lugar mágico y secreto de las tardes de verano. Un día, Amasael, durante una reunión, habló a los otros de nuestro lugar secreto. Y todos ellos se interesaron por el lugar donde las hijas de los hombres se bañaban desnudas, pues Amasael les contó que eran muy hermosas. Y quedaron al día siguiente en lo alto del monte Hermón, y allí se llegaron a juntar más de doscientos ángeles que querían bajar al río para observar cómo se bañaban y jugaban las hijas de los hombres. Y a la voz del cabecilla bajaron todos, en legión, y yo corrí tras ellos implorándoles que no les hicieran daño, pero uno de los ángeles me golpeó en la cabeza y caí contra unas rocas. Y pasó el tiempo porque cuando desperté el cielo había tornado al color del oro y el sol se escondía entre los montes. Y bajé coriendo hasta el río amado y las cosas que vieron mis ojos eran todas horror y desesperación. Las mujeres gritaban con los brazos en alto y las hijas de los hombres lloraban bajo los cuerpos desnudos de los ángeles. Y corrí entre cadáveres, cuerpos mutilados y mujeres que imploraban, hasta llegar a Amasael, que estaba forzando a la hija de los hombres del cabello oscuro y rizado. Y le dije «detente, Amasael», pues llevaba una gran piedra entre sus manos. Y Amasael giró su cuerpo para mirarme y me respondió «está gritando», y la hija de los hombres gritaba con mucho terror pues toda ella era ahora miedo. «Detente», le dije. Y Amasael me respondió «no para de gritar», y dejó caer la piedra de sus manos y la hija de los hombres de los cabellos oscuros y rizados dejó de gritar y quedó quieta. Y Amasael miró sus manos manchadas de sangre y me dijo «pero qué nos ha sucedido, hermano», se levantó y huyó corriendo hacia el bosque para esconderse. Y el cielo tomó el color de la sangre de los inocentes y desde ese momento todo ha sido llorar y rechinar de dientes para los ángeles culpables, pues no encuentran lugar donde ocultarse.

24 comentarios:

Spanique dijo...

Hablando de angelotes
http://barbarella.mon-oueb.com/pyagar/pyagar-06.phtml

Yahuan dijo...

No sé porqué nos extrañamos, habrán aprendido de nosotros...

marideliwes dijo...

Nunca calladas, nunca quietas :-)

Precioso, Don Harry.

Arkab dijo...

Cuando yo era más joven, si se puede, trabajaba en una panadería; tenía un compañero que siempre estaba escaqueándose y al final el trabajo siempre me lo cargaba yo. Hasta que un día el dueño de la panadería se escondió para espiarnos y observó que mientras yo me dirigía a preparar la masa del día, mi compañero, como siempre, se acurrucaba para dormir entre sacos en una esquina. Entonces surgió como una aparición, me miró con pena y me dijo: «Detente, amasa él».

Oiga, Harry: que ha puesto dos fotos iguales arriba.

Marieta dijo...

Oiga, Harry: me gusta mucho más Cary Grant que el señor negro de mirada rara que había antes!!!!

david dijo...

Spanique: ¿no cree usted que, salvando las distancias, este Pyagar era el Julián Muñoz de los ángeles, con ese pañal tan para el sobaco?

Harry Sonfór dijo...

Spanique, oiga, qué de fotos de Barbarella que tiene ese enlace. Es ver una y no parar.

Harry Sonfór dijo...

Yahuan, dado que los ángeles son soldados de dios, yo digo que han aprendido de la disciplina castrense más bien. De mí por ahora no han aprendido ni miaja, o no me lo han hecho saber.

Harry Sonfór dijo...

Me alegra que le haya gustado, marideliwes. Uno que se preocupa por todo, también andaba preocupado sobre qué conclusión iban a sacar de lo escrito, que no era más que «unos pocos vale, bien; una multitud, el horror». Si usted ha sacado esa conclusión, pues también más que bien.

Harry Sonfór dijo...

Oiga, Arkab, esa historia panadera que usted cuenta es muy bonita. O no sé si es muy bonita pero la cuenta muy bien. Que me le he imaginado ahí todo enharinao y me he dicho «sí, así es, ese hombre es mi faro, mi guía, mi pastor y además mi panificador».
Lo de las dos fotos tiene su sentido, a saber: que los humanos si vemos una imagen nos parece bien, porque estamos acostumbrados a ver una cosa y nos parece bien. tenemos un celebro, un corazón, un hígado, una nariz, una hipoteca y nos parece bien. También nos parece bien ver dos cosas iguales, pues tenemos dos ojos, dos pechos, dos riñones, dos pulmones, dos hipotecas (los que tienen), dos testículos, dos ovarios, dos agujeros de las narices y nos parece bien. Luego ya, tres no. Tres es un número raro que nos lleva a pensar en los tres cerditos, en los tres mosqueteros, en las tres parcas, en los tres caballeros, en la foto de las Azores, en la trinidad, que son imágenes o de cuento o de pesadilla. No está hecho el humano para ver tres cosas a la vez. Y si pongo tres fotos iguales, no parecen tres fotos iguales, sino un cacho de película. Una o dos valen, tres ya son un cacho de película. Así están las cosas.

Harry Sonfór dijo...

Oiga, Marieta, que Cary Grant ya se ha pasao. Hoy es el día de Jorge Negrete. Vamos a celebar el día de Jorge Negrete. ¡Viva Jorge Negrete!

Harry Sonfór dijo...

Pues es verdad, David, que lleva el pañal muy alto. Igual así se libraban de la cosa de si los ángeles tienen ombligo o no tienen ombligo. O bien, que como el chico no veía, pues se ponía el pañal como le venía. Bien preto, que es más cómodo de llevar. Julián Muñoz lo que pasa es que es un visionario. Él sabe que volverá la moda de llevar el pantalón en su sitio, bien alto, con su tiro largo, como mandaban los cánones del buen llevar pantalones, y está el hombre esperando. un día volverá la moda de los cuarenta y todos iremos con los pantalones bien altos y Julián Muñoz dirá «¿veis como es lo bueno?» y nosotros agacharemos la cabeza y diremos «tenías razón, Julián Muñoz». Él es un hombre paciente. Espera. Ya volvió en los ochenta con la moda cincuentas. Volverá. Él lo sabe.

Spanique dijo...

Yo la verdad que esto que cuenta en esta entrada Harry de tanto rechinar de dientes, para mí que es la férula que se le descolocó y le produjo una pesadilla.

Harry, David, yo soy de tiro (que no tiros) largo. Entre los pseudo raperos que enseñan los calzoncillos (por anchos) o tangas para las chicas (por bajos), pues no, tiro largo. Los riñoncicos bien abrigaos.... Yo Julian Muñoz no sé quien es...

Arkab dijo...

Spanique, como todo el mundo sabe, Julián Muñoz es Amasael. De tiros largos, larguísimos, como usté; pero es él, Amasael. Amasael es Julián Muñoz, que se enteren todos los franceses del mundo. Vamos, vamos, vamos; los riñoncicos bien abrigaos y no sabe ni quién es Julián Cachuli Muñoz. Y viva Segolene, de paso.

koldo dijo...

Esa fiesta de los ángeles parece una fiesta de narcotraficantes en Ciudad Juárez después de haber ido a cantar por haber dado un buen golpe.
Está cerca, y actual, el horror angélico.

Inde dijo...

Joder, y mira que los teólogos se pasaron toda la Edad Media (y parte de la Entera) discutiendo, y venga a discutir, sobre el sexo de los ángeles... Que hasta debieron de quemar o algo a más de uno por esa movida. Con lo claro que estaba: eran del sexo bestia, que viene sin remisión del sexo reprimido y mal llevao. Nada, a forzar y masacrar. ¿Pues no eran los ángeles bellos y delicados y etéreos y todo eso, fueran del sexo que fueran? ¿No les habría sido más fácil conquistárselas con un ramico flores? Pues no, hala.

Ángeles ni ángeles. Yo, que tengo dos críos pequeños, ¿cómo les voy a hablar ahora del ángel de la guarda? Mejor me contrato un segurata...

Helter dijo...

Pues si estos eran ángeles, prefiero no saber de lo que deben ser capaces los demonios...

marideliwes dijo...

Usted, koldo, interpreta lo mismo que yo porque también se leyó 2666, que lo he leido en su blogo. Jo, espero que no nos eche por no interpretar bien.

Harry, ¿ha visto que recuadrado y relleno le ha quedado el seguimiento?

Harry Sonfór dijo...

Oiga, no, marideliwes, que me faltan tres para rellenarlo, y luego más. Ay, qué gusto. Ay.

entrenomadas dijo...

Ay el poder de la imaginación!!!
Excelente texto!!
Gracias por ser uno de los tontos ilustres.
Por cierto, he decidido no bañar a mis gat@s. A pesar de haberse embadurnado con las macetas.
Ya le contaré a usted cómo termina todo.

Un abrazo,

Marta

El Ente Dilucidado dijo...

Pues yo pienso que los ángeles no tienen responsabilidá en los hechos...
Y que la culpa fue de ellas, que andaban provocando; no nos engañemos, que ya sabemos todos cómo son las hijasdeloshombres, coñe. Todas iguales. Más malas que arrancadas. Siempre lo mismo.
Y luego quieren que se las trate igual que a los hombres.

Y, encima es que visten como p****

Antonio Cardiel dijo...

¡Vaya sorpresa encontrar tu blog! Uno va buscando por ahí bitácoras interesantes y resulta que las tenía "tan cerca". ¡Enhorabuena! Desde ya, enlazo tu blog con el mío, que es:
www.antoniocardiel.com
Te visitaré a menudo.
Un saludo.

Harry Sonfór dijo...

Me alegra mucho que le guste el blog, Antonio Cardiel, bienvenido. Hale que le enlazo también.

Portorosa dijo...

¡Joder, qué guay!